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PARADIGMA
DESCONOCIDO
Es imposible
conocer todas las potencialidades de un ser humano, su creatividad es tan
vasta como el espacio donde brillan las estrellas, sus expresiones de amor
aún más lo pueden ser.
Saludos y Gratitudes especiales a mi amiga Alba Clara de Jesús, hermana en la
fe.
MICAEL DE NEBADÓN
Es el nombre que designa el Libro de Urantia para Jesús de Nazareth, o como
se lo llamó familiarmente “Emmanuel” (El que está con Dios)
ver en http://www.urantia.org/spanish/es_docs/doc033.html
Como dije antes,
sobre el Libro de Urantia no me cabe expresar que es mentira, tiene sí
verdades sustentadas en la astronomía y el orden consecutivo que se presenta
el universo.
Voy a tratar de ser más sencillo en mis expresiones, más sen cillo que antes.
Me tomo la molestia de hablar del Libro de Urantia pues cada día tiene más
adeptos, situación que particularmente me disgusta, pero que cambiará en su
momento.
Según la Cosmología
del libro mencionado, Cristo es un Ángel regente universal, que domina
nuestro universo, que está allá, en un distante planeta de ángeles, llamado
Salvington, cumpliendo funciones más importantes que las de estar en el
corazón de los cristianos y de los que tratan de entender lo infinito que es
el amor.
Lo ubican como una “Jerarquía Cósmica” y que no es el “Hijo
del Creador” según la tradición judeocristiana, al menos no como el que
está cerca del Padre Original.
Si es cierto lo que afirma el Libro de Urantia, entonces Cristo ha mentido,
pues él había dicho que permanecería; entiéndase en espíritu, que es lo más
importante; con los que seguían su camino y sus enseñanzas. Estas
afirmaciones están en todas las versiones de los evangelios.
Por supuesto, lo más lógico es que el que miente en este caso es el Libro de
Urantia, no Cristo, cuyos actos son consecuentes con algo que nada tiene que
ver con una supuesta “Jerarquía Cósmica”.
LAS ENSEÑANZAS ANTI JERÁRQUICAS DE CRISTO
Una vez un escritor paraguayo, amigo mío, se refirió a los seguidores del
Libro de Urantia como gente de derecha, verticalista, manipuladora y hostil
contra la igualdad de derechos efectivos y sociales de todos los seres humanos.
De hecho el Libro de Urantia lleva a ello, habla de Imperios Universales y
Galácticos, donde el orden y la verdad residen en autoridades superiores y
donde las decisiones sobre el destino del cosmos son tomadas de arriba hacia
abajo, un sistema fascista angelical que domina todo.
Esto se corresponde con la antigua tradición judaica de Sanedritas, Arcontes
y Levitas (guardias) del templo de Salomón (tantos mitos inútiles se pregonan
al respecto)
También se corresponde con el orden astronómico que se n os presenta a simple
vista entre las estrellas y galaxias. Por supuesto, las redes de cuerdas
cósmicas cuánticas tendrán un orden paralelo al de estrellas y galaxias de
importancia según el desempeño que tengan en la evolución de este universo.
Pero cuando entramos en la neurocuántica y los campos morfogenéticos (los
campos de transmisión de información fuera del tiempo y el espacio, similares
y unidos con las cuerdas cósmicas) las cosas cambian. Al parecer, en los
planos más sutiles del universo, en lo más básico y fundamental de nuestra
realidad, no existe un orden jerárquico cerrado.
Al parecer Cristo tenía ya estos conocimientos (no me extrañaría que
conociera de cuántica y otras ciencias aún no desarrolladas en la actualidad,
Cristo demostró tener una capacidad de poderes mentales y espirituales
inauditas)
No solo se opuso al orden Jerárquico de la sociedad judía (donde el sumo
sacerdote era la cúspide de todo) sino que enseñó proféticamente un orden n
uevo, un orden donde los más humildes eran los más importantes.
Frases como “Los últimos serán los primeros” la parábola de los
talentos, las bienaventuranzas, dan cuenta de la orientación anti jerárquica
de Cristo, incluso prefirió enseñar a los ignorantes y pobres antes que a los
ricos y sabios (antes el conocimiento era sinónimo de riqueza, la sabiduría
estaba relegada solo a los poderosos)
En el hipotético caso de que Cristo fuese el Mikael de Nebadón Urantiano, sus
enseñanzas se hubiesen orientado a respetar una jerarquía, darla a conocer para
que sea respetada. Lo que realmente dejó plasmado Jesús de Nazareth es todo
lo contrario. Enseñó la importancia de la igualdad de todos los hombres,
enseñó que el Reino de los Cielos está en los corazones de los humanos,
enseñó la sabiduría de los niños (al indicar que siendo como niños se está en
el reino de los cielos) como una sabiduría superior.
Pero lo más importante que enseñó es que el verdadero Dios, ese verdad ero
creador, es un ser piadoso, lleno de amor e imposible de albergar cólera y
venganza.
Mucho se ha transtocado la
Biblia, para adecuarla según la conveniencia de las
jerarquías cristianas. En las nuevas versiones modificadas, vemos frases que
dan a entender de un Cristo condenatorio y furioso, expresiones que chocan
rotundamente con la doctrina del perdón y el de ofrecer la otra mejilla ante
las ofensas.
Al menos los evangelios apócrifos no fueron tan tocados, en ellos vemos a un
Cristo que enseña cosas muy distintas de las que la Jerarquía Cristiana
enseñó por siglos. Admito mi desconocimiento enorme en estos temas, solo he
podido acceder a comentarios de especialistas, quienes mencionaron una frase
sencilla pero poderosa que dijo Cristo, transcripto en uno de los evangelios
no oficiales:
“Quien no da lo que tiene dentro de sí mismo, se condena a sí
mismo”.
Por tantas manipulaciones y transtocaciones, lo que nos ha llegado a nuestros
días fue un Cr isto Jerárquico, absolutista y verticalista. Por suerte muchas
de las parábolas y frases oscuras de Cristo no fueron modificadas, por ser estás
muy profundas y complejas para las Jerarquías Cristianas, mejor dicho,
Seudocristianas.
Actualmente, gracias a la ciencia bibliográfica y a los eruditos
racionalistas de la historia, podemos hoy acceder a las verdaderas enseñanzas
de Cristo, un Cristo manifiestamente antijerárquico, que como único y vital
requisito para acceder al “Eterno Paraiso Celestial” solicitaba
la vivencia práctica de fe, amor y sabiduría, con uno mismo y con el prójimo.
CRISTO NO ES UNA JERARQUÍA CÓSMICA
Es claro ello, sabemos que el mismo no se presentó como un ser venido del
cielo, sino como un ser humano más, consciente plenamente de su naturaleza
divina, que vino a enseñar el verdadero camino hacia el Creador, el verdadero
Creador, mostrándose él como hijo dilecto y no único del mismo, indicándose
como el vivo ejemplo de la voluntad de dic ho creador (de ahí que es llamado
también paradigma humano de lo más divino) de ahí que dijera “Yo Soy el
Camino, La Verdad
y la Vida”
entre otras muchas frases donde asumía plenamente su rol de representante de
la alta divinidad.
Me es imposible profundizar más en esta materia, ya que no es mi fuerte. Lo
único que puedo decir es que historiográficamente el Libro de Urantia es una
farsa enorme en muchos aspectos y si es cierto que existen seres de otros
mundos (planetas) que apoyan semejante obra, entonces por lo menos tendremos
el consuelo que no solo la humanidad de este planeta esta desorientada.
Recuerden, se puede tener mucha tecnología, pero poco crecimiento espiritual,
ese que Jesús enseñó.
Entrando en el lenguaje de los seguidores del Libro de Urantía, podría
suponer que:
Al Final, Jesús de Nazareth no es Mikael de Nebadón, sino que lo reemplazó,
poniendo todo el poder de jerarquía en los más humildes y sencillos seres,
ese nuevo orden que todo lo revierte y transforma.
¿QUIÉN ES JESÚS DE NAZARETH AL FINAL?
El hijo del Altísimo, del Creador Original, el Hijo del Hombre como él se
llamaba muy a menudo. Pero estos títulos también se los concedió a todos los
seres humanos.
¿Entonces, quién es al final?
Creo que seguirá siendo un misterio en parte, un conocimiento pleno en parte.
Lo único que si es posible decir es que fue y es el ser divino más importante
que haya llegado al planeta tierra.
Me quedo con las palabras de mi amiga Alba Clara de Jesús, expuestas en su
libro a publicarse, titulado PARADIGMA: “Cristo fue el Dios
Hombre” aunque incluso ese título Cristo se lo concedió a cada ser
humano. En verdad Cristo fue y es mucho más que eso, mucho más; solo
entendible más allá de todo orden jerárquico y de toda clasificación.
Últimas noticias: Irak existe
Santiago Alba
Rico
Rebelión
El espectáculo de las Torres
Gemelas fue sin duda uno de los más caros de la historia. Hubo que remover 14
manzanas de edificios, drenar el río Hudson, excavar 917.000 m3 de tierra;
trabajar durante siete años, noche y día, para levantar esas 100.000
toneladas de acero a 411
metros de altura, con un coste de obra de 750 millones
de dólares de 1975. Hubo que llenar sus 4.400 hectáreas
verticales de muebles, plantas y fuentes decorativas, teléfonos, máquinas de
café; proporcionar a sus grifos, calefacciones y aires acondicionados ocho
millones de litros de agua al día y suministrar cotidianamente a sus miles de
ordenadores, televisores, frigoríficos y sistemas de iluminación la energía
eléctrica que consume la ciudad de Zamora. Hubo que contratar a una legión de
limpiacristales que bruñesen sus 43.000 ventanas y pagar a una pléyade
infinita de técnicos para que se ocupasen del manejo, la manutención y
reparación de sus 244 ascensores. Hubo que instalar en sus 110 pisos a 430
compañías de 28 países que hacían volar por el mundo todos los días, con la
fuerza de una sola mano, el producto interior de Costa de Marfil o Paraguay.
Hubo que resignarse a la revalorización de los terrenos, alquilar los dos
titanes a Silverstein y Westfield en julio del 2000 por 3250 millones de
dólares y asegurarlos en 7.200. Hubo que alimentar, vestir y entretener
durante años a 50.000 empleados y elegir de entre ellos a los 2.800 más
capacitados para arder y hacerse pedazos y saltar con sincera desesperación
desde las ventanas. Hubo -al mismo tiempo- que movilizar al ejército
soviético para que interviniese en 1979 en Afganistán y tentar a Carter y
Reagan para que organizasen contra él la más grande operación encubierta de
la historia de la CIA.
Hubo que armar, entrenar y financiar con miles de millones
de dólares a los 35.000 radicales islámicos de 40 países que se sumaron a la
lucha anti-comunista de los fundamentalistas afganos, proporcionar los medios
más sofisticados y fabulosos a 150.000 agentes estadounidenses y pakistaníes,
subvencionar millonariamente a Ben Laden y acordar suculentos negocios con su
familia. Hubo que aumentar a 4.500 toneladas la producción anual de opio en
Afganistán y a un millón y medio el número de heroinómanos en Pakistán y
atizar durante diez años una guerra civil que produjo centenares de miles de
víctimas y dos millones de refugiados. Y hubo también que destruir
-finalmente-, como pequeño gasto complementario, dos Boeing-767 valorados en
200 millones de dólares. Todo este trabajo reveló el 11 de septiembre su
secreta fecundidad y su sentido en dos horas inolvidables de televisión.
Pero más cara aún será la escena de Bagdad. Habrá habido que crear lentamente
el Tigris y mandar al califa Al-Mansur, en el año 758, a construir una
ciudad nueva en sus orillas. Habrá hecho falta levantar palacios, tender
puentes, trazar jardines, erigir escuelas, abrir mercados, alzar mezquitas,
afirmar murallas durante trece siglos. Habrá habido que dejarla sobrevivir a
las luchas entre Amín y Ma'mun, al asedio del mongol Hulagu y de Tamerlan, a
la conquista otomana y a la invasión inglesa de 1917. Habrá habido que
financiar los harenes de Harum-a-Rachid, los ejércitos de 'Adud-a-Dawla, las
madrasas de Al-Nasir. Habrá habido que transportar un número incalculable de
frutas, especias y carnes por el río; coser un número incalculable de
vestidos; pescar un número incalculable de carpas y ordeñar un número
incalculable de vacas. Habrá habido que arrancar millones de toneladas de
piedras a las canteras para construir las cúpulas doradas de Al-Kadimain, los
arcos de Al-Mustansiriya y la nave de Jan Marjan. Habrá habido que fundir
millones de lingotes de oro para acuñar millones de monedas que hiciesen
circular millones y millones de hogazas de pan y millones de apetitos. Habrá
habido que alimentar y casar, durante generaciones, a los antepasados de
Ashraf y Munira (entre otros cientos de miles de irakíes) para que ahora
éstos revienten con naturalidad bajo las bombas. Habrá habido que llevar al
partido "baaz" al poder en 1975 después de haber asesinado y
encarcelado a miles de comunistas; habrá habido que convencer a Reagan de que
apoyase a Sadam contra los iraníes y los kurdos y le vendiese toda clase de
armas hasta 1990, incluidas las de "destrucción masiva"; habrá
habido que manipular la OPEP
y provocar la invasión de Kuwait. Habrá habido que dejar al régimen irakí, al
mismo tiempo, nacionalizar el petróleo, construir escuelas y hospitales,
eliminar el analfabetismo y mejorar la sanidad. Habrá habido que pedir luego
a Bush I, en 1991, que volase los puentes, las depuradoras de agua y las
centrales eléctricas de Bagdad y matase a 150.000 irakíes; y habrá hecho
falta también -para aumentar el suspense- parir a millones de niños y hacer
morir a 800.000 de tifus, cáncer, desnutrición y hepatitis, durante una
década de bloqueo. Habrá habido que alargar luego la trama, en beneficio de
la tensión dramática, gastando algunos millones de dólares en fintas y
forcejeos en la ONU
y algunos más en inspecciones un poco obscenas exigidas por el guión. Pero
tan larga espera y tantas fatigas se descubrirá que han valido la pena cuando
los bombarderos estadounidenses, con un solo dedo y también a través de una
pantalla, derramen sus luces de Navidad sobre las tristes azoteas de Bagdad
ante seis mil millones de telespectadores.
Así es el mundo; así es la televisión. Voladura de torres en directo,
bombardeos en directo, sangrientos tiroteos y explosiones en directo, hambre,
azotes y estertores en directo, uno empieza a sospechar que todos
participamos sin saberlo, como mirones o como comparsas, en una vastísima,
complejísima operación calderoniana de distracción recíproca. Se nos distrae,
nos distraemos. Las torres en llamas, las bombas, el dolor, el hambre, son
sólo maniobras de distracción. Para distraernos, ¿de qué? Para distraernos,
precisamente, de las torres en llamas, las bombas, el dolor y el hambre.
El ardid es perfecto: mientras nosotros nos distraemos viendo por la
televisión cómo EEUU bombardea Irak, mata a sus niños y se apodera de su
petróleo, EEUU aprovecha para bombardear Irak, matar a sus niños y apoderarse
de su petróleo. ¿O es quizás al revés? Mientras EEUU bombardea Irak, mata a
sus niños y se apodera de su petróleo, nosotros nos distraemos viendo por la
televisión cómo EEUU bombardea Irak, mata a sus niños y se apodera de su
petróleo.
La televisión puede mostrar la realidad, exponer las entrañas del mundo y
hasta decir ocasionalmente la verdad porque, cada vez que atrae nuestra
atención hacia un acontecimiento, nuestra atención queda completamente satisfecha.
Nos distrae siempre. ¿De qué nos distrae? Nos distrae de lo que está
verdaderamente ocurriendo. ¿Y qué es lo que está verdaderamente ocurriendo?
Lo que está verdaderamente ocurriendo es que las cosas están ocurriendo
verdaderamente.
Los niños enfermos de leucemia en el Hospital Pediátrico de Basora, ¿se
distraen viendo reportajes que exponen los efectos del uranio empobrecido
sobre los niños de Basora? Los jóvenes heridos en Palestina por los misiles
israelíes, ¿se distraen viendo documentales sobre la eficacia del ejército de
Israel? Y los hambrientos de Etiopía, ¿se distraerán viendo las imágenes de
la hambruna en África?
He insistido una y otra vez en que la división entre ricos y pobres, entre
verdugos y víctimas, solapa también una jerarquía de poder puro, en
formato tecnológico, que divide a los hombres en dos mitades: los que miran y
los que son mirados. Pero esto no es del todo cierto. Porque esa tecnología,
y la ilusión de invulnerabilidad que la acompaña, están mucho más
generalizadas que la riqueza y el poder. He visto en la Ciudad de los Muertos de
El Cairo a paupérrima gente, cuya única posesión era una gallina y un
hornillo de gas, prepararse un té desnudo con la televisión encendida. He
visto en Chiapas a indígenas morir de cólera en una choza delante de la
televisión. He visto antenas parabólicas en los terribles campamentos de
refugiados palestinos del Líbano. También los que son mirados -y por
lo tanto despreciados como perros- miran dos o tres veces al día.
En cualquier caso, el poder nihilizador de la imagen televisiva acomete estas
dos obras de silenciosa zapa. Rompe, por un lado, el hilo del tiempo. Ninguna
generación antes de la de nuestros padres y ninguna en la misma medida que la
nuestra -al menos de este lado del mundo- tuvo jamás la sensación de que su
vida estuviese constituida de una sucesión de momentos históricos. Los
hombres que hicieron la revolución francesa, y los que se defendieron de
ella, lucharon en medio de una terrible normalidad; los judíos exterminados
por los nazis no se consolaban con el privilegio de una maldad sin
precedentes. Pero que cada momento sea nuevo, que cada momento sea histórico
en la televisión ("una victoria histórica del Madrid", "un
discurso histórico de Bush", "un concierto histórico",
"una jornada histórica"), al igual que ocurre con la permanente
renovación de las mercancías, quiere decir que cada momento es
considerado excepcional, redondo y aislado de los otros, como una joya o un
monumento, y por lo tanto, paradójicamente, fuera de la Historia. Las
cosas que ocurren en la televisión no ocurren en el tiempo y no mantienen
entre sí, pues, ninguna relación, tal y como las mercancías en el escaparate
se ignoran recíprocamente e ignoran el proceso que las ha introducido en el
mundo. No permanecen, pues, en la memoria.
Pero el poder nihilizador de la imagen televisiva, que rompe la cadena del
tiempo, disuelve también el espacio. La televisión, que proporciona apenas
astillas de conocimiento, bloquea todo proceso de reconocimiento: el
horror propio, contemplado en la pantalla (o leído en el periódico), ocurre
siempre en otro sitio . En una excelente y durísima película sobre la
guerra en los Balcanes, No land , un soldado bosnio rodeado de
cadáveres deja un instante su arma a un lado y se sienta a leer en un diario
las noticias de Ruanda: "¡Qué barbaridad", dice, "¡ qué cosas
pasan en el mundo". La imagen televisiva sirve, sobre todo, para
trasladar a otro lugar el dolor, la miseria y la maldad; para transferir el
cieno a una especie de a- topía, de recinto a-tópico, de lugar sin hueso
donde nuestro escándalo o nuestro estremecimiento no pueden entrar.
Frente al televisor, los mondos cairotas de la Ciudad de los Muertos se
conmueven viendo lo que pasa en Irak; los iraquíes viendo lo que pasa en
Bosnia y los bosnios lo que pasa en Ruanda. Y los ruandeses suspiran
aliviados de no estar en Gaza.
Y si los niños del hospital de Basora se distrajesen (¡qué perversa y
monstruosa hipótesis!) viendo reportajes en televisión sobre los niños de
Basora, se sentirían muy contentos de no estar en Basora y manifestarían al
mismo tiempo su piedad: "¡Pobres niños basoríes".
A-crónicos y a-topicos somos sobre todo nosotros en nuestras ciudades
europeas, a donde todavía no han llegado los tanques ni las bombas de racimo.
Todo se andará. De momento nos emocionamos en ningún tiempo y en ninguna
parte, allí donde, por tanto, estamos completamente eximidos de intervenir.
Pero es todo más complicado. Hace un año, en enero de 2002, visité durante
diez días Irak, y a mi regreso no podía dejar de preguntarme acerca de la
utilidad de este tipo de viajes, un poco desazonado por esta libertad casi
insultante para ir a mirar y volver indemne.
¿Para qué viajar a Irak? ¿Qué aprendí en Irak? ¿Cómo me ha transformado la
experiencia de Irak? Digámoslo enseguida: lo que cuenta, lo que
verdaderamente cuenta, lo sabíamos -o habríamos debido saberlo- antes de
salir. Los 110.000 bombardeos de 1.991; las 88.500 toneladas de bombas; los
150.000 muertos; la destrucción sistemática de centrales eléctricas,
potabilizadoras, sistemas de alcantarillado e irrigación; las 300 toneladas de
residuos radioactivos en Basora y sus consecuencias sobre la población; el
embargo y sus refinadísimos instrumentos de suplicio; la transformación de
Irak en el campo de concentración más grande de la historia, vigilado desde
el aire a todas horas por los aviones anglo-americanos; el millón y medio de
irakíes muertos en los últimos diez años y los cinco mil niños que siguen
muriendo cada mes; la aparición de enfermedades erradicadas hacía décadas;
las malformaciones congénitas; la malnutrición infantil generalizada; la
falta de papel, de medicinas, de cloro; los empujones brutales, despiadados,
premeditados -en fin- para hacer retroceder al país con las segundas reservas
petrolíferas del planeta, el más desarrollado, moderno y laico de Medio
Oriente antes de 1990, a
las "tinieblas de la Edad
de Piedra". Nada hay aquí que no supiéramos o que no pudiéramos
averiguar de otra manera; nada, por ejemplo, que no pudiera contarnos Carlos
Varea, responsable del CSCA, en el ateneo de Madrid o en una convención en
Sidney. Los datos, que están al alcance de cualquier uña con voluntad de
rascar la superficie; los datos, que no exigen ya otros desplazamientos que
los puramente virtuales del cabotaje informático; los datos, y no los viajes,
son los que afilan la conciencia, penetran las relaciones y comprometen, en
un sentido o en otro, para bien o para mal, nuestras posiciones políticas y
morales.
Pero -se dirá- es mejor conocer personalmente la situación. El escollo
es este "personalmente". Hay situaciones en las que la participación
de "la propia persona" es inexcusable; puede hacer falta saludar
"personalmente" o recoger "personalmente" una carta o
acariciar "personalmente" a la amada; y hay, desde luego,
operaciones muy básicas, centradas en el cuerpo, que no pueden dejarse en
otras manos: hay que comer, dormir, bañarse, tomar el sol en persona.
Pero si se trata de conocer, es mejor conocer impersonalmente la
situación. No son los frioleros los que determinan la temperatura; ni los
aquejados de vértigo los que miden la velocidad; ni los turistas los que
hacen las estadísticas; ni los lectores del New York Times los que
establecen las dimensiones de nuestro mundo. ¿Qué pasa en Irak? Diez días son
pocos para conocer impersonalmente el país, para retirar "la
propia persona" de nuestro camino, con su colmena de reminiscencias y
sus falsos déjá vu; para apartar también las personas de los irakíes,
que nos estorbaban con su dignidad y su alegría y nos tapaban con sus
cuerpos el sufrimiento que habíamos venido a buscar en ellos. Esa es la regla
tiránica y acariciadora de la percepción: todo lo que no sabíamos ya, todo
aquello que deberíamos haber sabido y no sabíamos o habíamos olvidado,
mientras peinábamos Bagdad o fotografiábamos Basora, se volvía interesante,
que es lo peor que puede ocurrirle al objeto de una investigación (o de una
compasión). Hiriente o hermoso, halagüeño o terrible, pero interesante. Todos
nuestros vacíos de información se completaban del otro lado, en espontáneo
birlibirloque, en figuras de una consistencia sin sombras. Todo lo que
ignorábamos de antemano se hacía redondamente claro delante de nosotros. Cada
dato que nos faltaba materializaba ante nuestros ojos la certidumbre de un
recuerdo privado o de una historia personal.
De Irak lo sabemos todo, podemos saberlo todo. "Una cosa es
saberlo", se dirá, "y otra vivirlo". Saber y vivir, en efecto,
son cosas bien diferentes. Digamos que saber asusta y vivir no. En general
preferimos vivir las cosas a saberlas; las vivimos para no tener que llegar a
saberlas. Las vivimos para no ver cómo se forman. Ni la mano de una madre ni
la religión ni el opio: el anestésico más poderoso son las cosas
mismas, la inmediatez de la experiencia que nos retiene bajo su manto
tranquilizador, la cercanía familiar de nuestras costumbres en la que se
extinguen por igual los actos más banales y los más atroces. El máximo
apocamiento y la máxima temeridad obedecen al mismo principio: allí donde
estoy yo no me puede pasar nada; allí donde estoy yo no corro ningún peligro
(y ese "yo" es un repertorio monótono de objetos: papá, mamá, la
casa, la firmeza de los cuerpos, el sabor del pan, por escaso o correoso que
sea). Recuerdo en 1990, refugiado durante la primera Intifada en la casa de
un panadero de Nablus, a los niños junto a los cuales había corrido delante
de los tanques, que habían oído silbar horas antes las balas en sus sienes,
que habían lanzado descaradamente sus piedras y sus bombitas recicladas a los
soldados de ocupación; los recuerdo asustándose después, frente al
televisor, viendo las noticias de la Intifada; y los recuerdo luego, desmigajados en
el suelo, soñando entre gemidos sordos y onomatopeyas de explosión para
reemprender al día siguiente, alegres, desvergonzados, juguetones, con la
seriedad humillante de la infancia, la lucha contra el invasor. Los
acontecimientos no nos harían mella, no nos dejarían la menor huella, no
tendrían ninguna consecuencia, si no los pensásemos o los soñásemos después.
Los esclavos, que se rebelan poco, jamás lo harían si no fuese porque de noche
sueñan que siguen trabajando en la rueda. Los pueblos sometidos de la tierra,
que aguantan siempre demasiado, nunca se sublevarían si no pensasen, además
de vivirlas, las condiciones de su sumisión. Los viajeros, que casi nunca
aprenden nada, sólo vuelven transformados al punto de partida gracias a esas
experiencias que paradójicamente suspenden la experiencia o a los datos que
ramonean pacientemente cuando se niegan, cuaderno o brújula en mano, a
seguir tomando té o comprando alfombras. Por eso el turista regresa siempre a
casa con alivio y un poco decepcionado; y necesita desplegar su monótona
egotería de fotos ante los amigos para medir retrospectivamente su asombro o
su valor o su placer (anteponiendo su propia importancia a la de los
lugares visitados). Lo contrario del saber -y por tanto de la intensidad, del
compromiso, del miedo agilizador- es el turismo, que se limita a engarzar en
una ristra una secuencia de "vivencias" inútiles y aisladas.
Podemos navegar diez días por el Nilo, enhebrando estampas, sin enterarnos de
los planes de redistribución urbanística del FMI. Podemos pasear entre los
pórticos coloniales de Cartagena de Indias sin oír hablar del Plan Colombia.
Hay españoles que viven setenta años en España y se mueren votando al PSOE o
al PP. Hay estadounidenses que viven toda su vida en EEUU y apoyaron los
bombardeos en Afganistán y ahora el linchamiento de Irak. ¿Qué se aprende con
esto de "vivir"? La "vivencia" tiene la textura de un
edredón, que nos cubre cálidamente las espaldas; la húmeda viscosidad de un
lametón. Eso es bueno, es bonito, es necesario, a condición de que no veamos
también con nuestras patas de vivir y distingamos, por tanto, como
Aristóteles, entre una "buena" y una "mala" vida, sin
justificar -en nombre de la calidez de la "vivencia"- la riqueza y
la miseria, la sumisión y la resistencia por igual. Hay que dejarse lamer
después de soñar, antes de soñar de nuevo, o entre dos pensamientos, como
hacen los que sufren o los que estudian; y no de sensación a sensación, como
en nuestro juego de la oca occidental de anteojeras y cachivaches.
Y sin embargo había que ir, hay que ir, hay que seguir yendo a Irak. Todos
los motivos que habitualmente se aducen siguen siendo válidos -con sus
modestos efectos políticos-, pero el más pequeño es en realidad el más
importante y la condición de todos los otros; una especie de lección de
antropología general y de desintoxicación de la percepción, a partir de la
cual descubrimos hasta qué punto no es casi nunca seria nuestra mirada sobre
el mundo. Sabemos lo que ocurre en Irak porque, contra la televisión, hemos
leído informes y espigado documentos, pero lo que no sabemos, por culpa de la
televisión, es que lo que verdaderamente ocurre en Irak es que todo ocurre
verdaderamente. Y que todo ocurre verdaderamente, al mismo tiempo, de un modo
completamente inesperado. Desde Madrid o París, Irak es un país en el que no
creemos demasiado, como no creemos demasiado en la homeopatía o en los
ángeles; un país que no existe en el que, sin embargo, pasan cosas terribles
e inimaginables (porque el telediario hace posible conciliar inexistencia y
dolor ajeno). Pues bien, es exactamente al revés y éste es el descubrimiento
al que me refiero y que -este sí- sólo puede hacerse personalmente.
Irak existe y allí pasan cosas muy bonitas. Mucho más impresionante que el
sufrimiento de los niños moribundos de los hospitales es el placer de cinco
niños centelleantes que en la calle Ar-Rachid consiguen de pronto una pelota;
mucho más impresionante que el relato estremecedor de los padecimientos de
Al-Amiriya es la banalidad de las conversaciones en un café de Al-Mutanabi;
mucho más impresionante que el silencio de las madres dignamente rotas sobre
sus hijos es el bullicio de las madres chismosas y gordas rotas de risa en el
patio de la mezquita de Al-Kadimain. El drama objetivo de los irakíes
estrecha los límites de la organización subjetiva de la vida, pero no impone
el caos; el surco trazado desde Washinton para apriscarlos allí, como a
ganado, es al mismo tiempo la forma que ellos tienen de ser tan hombres o más
que nosotros; es la posibilidad que se les ha concedido -la gracia bestial
del Dios de Florida- de sorber de vez en cuando una naranja, acicalarse para
la boda del hermano, hacer ruido en un café, fumar hablando de naderías,
bañarse en el Tigris y echar el ojo al hijo(a) descarado(a) de los vecinos. Y
la aprovechan. En las situaciones de crisis, cuando el mundo parece a punto
de derrumbarse, nos sorprende la antigüedad del hombre (por citar el título
de Anders): la felicidad disparatada y minuciosa de las cosas tangibles, el
escollo firme de la costumbre contra el que rompe inútil el oleaje, el
carácter siempre suficiente de lo poco y lo pequeño; el presente poderoso de
los cuerpos y sus relaciones que amortigua -y subvierte dignamente- el
torrente de dolor que querría derribarlos. Esto es lo que hay que ver y nadie
puede contarnos. Es así: sería menos terrible el crimen de los EEUU si los
iraquíes bajasen la cabeza.
Recuerdo que en Basora visitamos el barrio de Yumhuriya, destruido en enero
de 1999 por los misiles del imperio. Todos sus habitantes -niños, mujeres y
ancianos incluidos- se habían reunido para recibir al autobús. Quizás estaban
allí por mandato del Caudillo, pero nadie podía mandarles estar alegres y ellos
lo estaban de un modo descomunal. Un hombre bigotudo tocaba la trompeta
mientras todos bailaban a nuestro alrededor, burbujeaban y se apiñaban contra
nosotros, disputándose el honor de una visita a sus casas reconstruidas por
Sadam. Aventaban comentarios jocosos que eran celebrados con carcajadas y
acompañados de aplausos. Los niños saltaban como chispas por todas partes; y
un viejo de mejillas hundidas y ojos pillastres hacía girar su bastón y
cantaba el ritmo irresistible de un viejo éxito del pop local al que había
acomodado las estrofas de un ingenuo, machacón, bellísimo poema
anti-imperialista cuyo estribillo acabamos todos repitiendo como si la voz
bastase a veces para derribar un avión. Chadli estaba tan contento de
enseñarnos el salón que habían destruido las bombas... Hachim Darwish, de
cinco años, estaba tan contento de mostrarnos su pierna, operada
varias veces y zurcida de arriba abajo como un calcetín... Estaban todos tan
contentos de recordar a los muertos y de comunicarnos atropellada, formulariamente,
sus sufrimientos... Poned a manifestarse por obligación a un puñado de
personas y la alegría de estar juntos les hará olvidar la constricción
que les ha llevado hasta allí. Poned a manifestarse a un puñado de personas
por la salvación del mundo y la alegría de estar juntos les hará olvidar el
motivo que los ha reunido y hasta las amenazas que se ciernen sobre ellos.
Pero es que la alegría es, desde hace un millón de años, la salvación del
mundo o, al menos, de nuestros pequeños mundos. Sin ella habríamos sucumbido
todos en la primera guerra o en el primer terremoto; sin ella no habría nada
que contar; sin ella jamás se juntarían diez personas a hacer una revolución
condenada quizás a fracasar. Esta alegría es una de las cosas más serias que conozco
y, si a veces también distrae o resigna a lo peor -porque es más fácil de
obtener que un gobierno justo-, constituye la garantía de que vale la pena
combatir -y sobrevivir- a un gobierno injusto. En Bombay o El Cairo la
pobreza es soportable porque (al contrario de lo que ocurre con los
solitarios homeless de nuestras ciudades, despedidos de la humanidad y
despojados de toda dignidad) en Bombay o en El Cairo la pobreza reúne a los
hombres en el espacio público, como versión antropológica de la revolución
permanente, y los suma, los aglutina, los ata y los moviliza sin
interrupción. En Turquía, por otro lado, más de cien presos políticos han
muerto ya en una huelga de hambre que comenzó hace dos años en protesta por
la reforma carcelaria que pretende eliminar las celdas comunes -decenas y
decenas de personas- para conceder a los reclusos el privilegio de modernas y
confortables celdas individuales. Precisamente cuando uno no tiene otra cosa,
es a los otros a lo que no podemos renunciar; la alegría es lo que ya no
podemos quitarnos sin morirnos de frío -y sin que luego nos quiten,
despojados de este último escudo, el cuerpo mismo.
Hay que ir a Irak porque existe. Hay que ir a Irak porque existe y no
obedece: no es desgraciado. Hay que ir a Irak porque no es desgraciado y lo
van a aniquilar. Podríamos consolarnos pensando que los irakíes ya no son más
que lo que hemos hecho de ellos, que bajan la cabeza y se quejan. No nos
dejemos consolar. La televisión nos engaña otra vez. Enfrentémonos a la
realidad. Las cosas son así de impresionantes. Son así de tristes: EEUU y sus
monaguillos asesinos (con Aznar a la cabeza) van a borrar del mapa a un
pueblo que no llora.
En uno de los excursos didácticos de sus Historias Polibio escribió
hace dos mil años para justificar la redacción de su obra: "Todos los
hombres disponen de dos métodos para perfeccionarse: o bien mediante lo que
les ocurre a ellos mismos, o mediante lo que ocurre a los demás. El método
más eficaz es el de las peripecias personales, pero el más inofensivo el de
las ajenas. Por eso, el primero no debe ser elegido voluntariamente jamás,
puesto que logra la corrección a base de grandes sufrimientos y peligros; hay
que perseguir siempre el otro, porque en él es siempre ver lo mejor sin
sufrir daño. Quien considere este asunto desde esta perspectiva deberá juzgar
que la mejor educación para las realidades de la vida es la experiencia que
resulta de la historia política".
Pero "mediante lo que les ocurre a los otros", en lugar de
aprender, también podemos envilecernos, entumecernos, apartar nuestra
conciencia de todo destino común. Hay que ir a Irak, aunque no lo recomiende
Polibio; y hay que estudiar historia -y todo lo que haga falta- sin descanso.
Pero apaguemos, por favor, la televisión.
Como el de la lavadora o el de la olla express, pero infinitamente menos
útil, el ruido del televisor subraya la sensación de intimidad y seguridad
doméstica: tranquiliza oírlo encendido desde la cama cuando no se puede
dormir. Desplazado el horno a la cocina -en la periferia de la casa-, el
calor frío y la falsa luz de la televisión sacia en el salón nuestra
nostalgia del fuego. Pero no hay que darle más vueltas: no sirve para nada
más. "Aprender sin daño" no es posible. Es posible, en cambio, no
sufrir ningún daño, a condición de no aprender nada, a condición de
despuntarles los dedos a las cosas, a condición de que no haya ninguna vida,
ninguna criatura, ningún hombre ahí fuera . Nuestra televisión está
hueca como un sonajero. De este lado de la pantalla estamos siempre en casa,
a cubierto de cualquier asechanza y de cualquier solicitud, dispensados
incluso de la magnanimidad. Inmunes, invulnerables, poderosos, mandarines del
universo. ¿Habrá habido alguna vez en la historia de Europa un nihilismo tan
extendido, tan radical, tan bien agarrado a nuestros huesos? Tan cerca de los
ojos, nunca.
Durante cincuenta años los occidentales hemos vivido de este lado de la
pantalla. Un aviso: la barrera comienza a volverse porosa, a cuartearse en
pequeñas grietas a través de las cuales se filtra el cieno del otro lado. El
linchamiento de Irak es sólo la ola de un océano que en irresistible avenida
amenaza con barrer esta frontera.
¿Qué estaremos haciendo cuando la policía irrumpa en nuestra casa a
detenernos por haber soñado la silueta de una torre? ¿Qué estaremos haciendo
cuando un huracán de uranio nos abra de golpe la ventana y nos devuelva sin
más trámites al mundo? Estaremos viendo en televisión cómo la policía entra
en nuestra casa y nos detiene por haber soñado la silueta de una torre y cómo
un huracán de uranio nos devuelve sin más trámites al mundo.
La humanidad puede dividirse, como un queso, en dos partes más o menos
arbitrarias: ricos y pobres, mirones y mirados, occidentales y los otros (o,
como el sin par Ortega, en jóvenes y viejos, mujeres y hombres, listos y
tontos). También podemos dividirla en extremistas y moderados.
Mientras los extremistas arrasan con napalm una aldea, los moderados
degüellan.
Mientras los extremistas matan de hambre a la cuarta parte de un país, los
moderados le cortan al rey la cabeza.
Mientras los extremistas prohíben dar medicinas a 600 millones de personas,
los moderados vuelan una embajada.
Mientras los extremistas conducen a la desesperación, el suicidio y la
miseria a todo un continente, los moderados se hacen estallar en un mercado.
Mientras los extremistas se gastan 950.000 millones de dólares en armas, los
moderados asesinan a cuchillo a diez mujeres.
Mientras los extremistas envenenan el mar, matan la cuarta parte de las
especies animales del planeta, disuelven la Antártida y cortan la
luz, el agua y el arroz a la mitad de la humanidad, los moderados disparan a
un policía.
Por regla general, los extremistas son ricos, forman parte del gobierno,
están completamente cuerdos y han leídos los mejores libros y aprendido los
mejores preceptos. Los moderados, por su parte, suelen ser pobres o actuar en
su nombre, no han estudiado mucho ni confían en la ley, algunos están
desesperados y otros están locos.
Pero, ¿por qué los extremistas parecen moderados y los moderados parecen
extremistas? ¿Por qué cuanto más extremistas son los extremistas parecen
más moderados y cuanto más moderados son los moderados parecen más
extremistas?
En efecto, mientras los moderados asesinan a 800.000 niños en Irak, los
extremistas lanzan huevos.
Mientras los moderados amenazan a todo el mundo con bombas atómicas, uranio y
bombas de racimo, los extremistas protestan.
Mientras los moderados allanan ciudades, dinamitan casas, apalean niños,
lanzan misiles, torturan y hacen desaparecer prisioneros, violan las leyes
internacionales y anuncian que ya no habrá ni una sombra de paz, de seguridad
ni libertad en el planeta, los extremistas se manifiestan.
Pero, ¿por qué los extremistas parecen moderados?
Esto se explica muy sencillamente en virtud de ese principio que Pascal
llamaba "imaginación" y que puede resumirse en esta paradoja: parecen
moderados porque tienen más armas. Más riqueza, más torres, más
soldados, más medios de producción... el aumento exponencial de los medios,
la magnificencia del aparato del poder impone siempre, junto a la sumisión,
la convicción de un mérito y la seguridad de un uso razonable. La máxima
fuerza se justifica siempre sola ante nuestros ojos. Está siempre menos
justificado usar una navaja que un obús, un obús que un misil, un misil que
una bomba atómica; uno puede matar con una navaja a un hombre bueno, pero
sólo contra los hombres más malos se podría usar un arma nuclear.
Cuanto más terrible es un arma, cuanto más apabullante es su poder, cuanto
más atroces sus consecuencias, más se autolegitima su uso. El gobierno de
EEUU conoce la fuerza de este principio, anterior a toda propaganda porque se
asienta en las condiciones materiales mismas de la propaganda. El
linchamiento de Irak no necesita justificación. Basta con hacer sonar los
tambores de guerra muy alto y hacer desfilar el ejército por las calles, con
toda la gravedad y majestuosidad de sus máquinas de muerte. Tantos soldados,
tantos barcos, tantos aviones, tantos misiles, se justifican por sí mismos,
sin necesidad -o apenas- de una coartada. Los vemos pasar y nuestra
convicción es espontánea e inobjetable. No es que se movilice toda esa fuerza
colosal porque haya un motivo; no hace falta esperar un motivo para
movilizarla; si se moviliza una fuerza tan colosal es que hay un motivo.
La propia enormidad de esta potencia para matar excluye la arbitrariedad, la
injusticia o el interés y, frente a esta certeza, los discursos sobre el
petróleo, Israel o el imperialismo estadounidense no harán ninguna mella en
nuestra "imaginación", completamente absorbida por la grandeza
terrible y necesariamente justiciera de este ejército descomunal. Así son las
cosas: cuanta más fuerza acumulamos, cuantos más medios de destrucción hemos
reunido, más fácil y moderadamente los usaremos hasta el límite.
Pero lo cierto, lo exacto, lo verdaderamente peligroso es que los extremistas
están en el gobierno. Recordémoslo una vez más: los EEUU y sus monaguillos
asesinos (con Aznar a la cabeza) están a punto de matar en Irak, según
cálculos de algunas ONGs, a cuatro millones de personas.
En medio de tanto nihilismo, de tanto desenfrenado extremismo, ¿puede parecer
extraño que haya también un poco de moderación?
Mundo terrible éste, sin duda, en el que hasta los moderados producen
espanto.
Irak: Preparando otra
matanza
Antonio Maira
Cádiz
Rebelde
Clarines
Ya está la guerra en la cabecera de
los informativos de todos los medios del mundo. Las cadenas de televisión han
cambiado la cadencia de imágenes y palabras cuando transmiten noticias sobre
Irak. Ahora es un ritmo frenético de carga de combate. De nuevo cubiertas de
portaviones, despegues de cazabombarderos, transporte de misiles, embarque de
soldados.
Aprovechando el enorme
impacto patriótico que ha producido la fastuosa conmemoración del 11 de
septiembre, con enormes dosis calculadas de orgullo herido, odio al enemigo
universal, proclamación del "destino manifiesto", y victimismo de
país pacífico, democrático y benefactor, EEUU se ha lanzado una declaración
de guerra inmediata, preventiva, de destrucción masiva, de matanza sin
límite.
Ya han salido, en
completo acuerdo y orden de combate, los halcones y palomas republicanos, los
halcones y palomas demócratas. Abrazados por la nobilísima causa de guerrear
sin contendiente, con la firmeza necesaria para aumentar hasta el infinito el
sufrimiento de un pueblo y anular, con descargas masivas de bombas y fuego,
su capacidad de resistencia. Ahí están Bush y Clinton, Cheney y Powell, y los
delirantes profesionales Rice y Wolfowich. Y Rumsfeld, mención aparte,
psicópata también, tal vez no sólo por provecho, teórico y profeta de guerras
interminables, quien para alimentar a la industria de armamentos en una
eterna y masiva producción de "todo lo necesario" ha creado, para
los lunáticos que pululan por el Pentágono, la profesión de inventores de
conflictos inconcebibles. Y, como siempre, con todos ellos, Blair, el infame.
El discurso
militarista de Bush
"La ONU no puede permitir que
sus resoluciones sean despreciadas por Sadam Hussein sin perder la
credibilidad. En ese caso –clama el presidente Bush-, EEUU está
legitimado para actuar sin respaldo del Consejo de Seguridad".
Así que si la ONU –versión C. de S.-
se deja avasallar por Irak, los EEUU, paladines de la "comunidad
internacional", meterán a ese "rogue state" en cintura. Este
escandaloso nuevo precepto sobre el "derecho internacional" de cuño
imperial que enuncian los EEUU, no es más que la concreción de un acuerdo de la Cumbre de OTAN de
Washington celebrada en plena guerra contra Yugoslavia. En aquél entonces, la Alianza Atlántica
extremaba el cinismo, del que ahora hacen gala los Estados Unidos, cuando
aprobaba la doctrina de la intervención "sin autorización del Consejo de
Seguridad pero siguiendo los principios de la ONU".
Cuando los EEUU hablan
del incumplimiento por Irak de las resoluciones de las Naciones Unidas, se
refieren a la negativa a autorizar el retorno del Equipo de Inspección de
armamentos, antigua Unscom ahora denominada Unmovic. Lo que no dice
Washington son las razones de Irak y mucho menos que ese organismo tiene una
larga y escabrosa historia.
Espionaje bajo cobertura
de las Naciones Unidas
El desprecio a la ONU es, sin embargo, la
práctica habitual de la política internacional de los EEUU.
A finales de 1998,
después de siete años de inspecciones, se publicó en la prensa norteamericana
–en primer lugar en The Washington Post- una historia ejemplar. La Unscom, organismo
dependiente de la ONU,
había proporcionado información sobre sus inspecciones a Israel y había hecho
espionaje por encargo de los EEUU. La noticia, muy detallada, fue confirmada
por Scott Ritter jefe del equipo norteamericano. Su veracidad fue también
asumida por el gobierno de los EEUU y por el Secretario General de la ONU, Kofi Annan.
La manipulación de la
comisión por el espionaje de los EEUU, inadmisible desde el punto de vista de
Irak, pero también desde el de la
ONU, fue determinante para la paralización de las
inspecciones. Las denuncias de Irak sobre el papel de la Comisión Especial
para el Desarme, afirmando que se habían convertido en instrumentos de la CIA y del Mosad, que fueron
presentadas siempre como una resistencia al cumplimiento de las resoluciones
de la ONU, se
confirmaron plenamente.
La crisis del Unscom
era totalmente inevitable. Bagdad no podía aceptar la continuación de las
revisiones dirigidas por los servicios de inteligencia de un país que estaba
bombardeando sistemáticamente su territorio. La conclusión de que EEUU
utilizaba a la Unscom
con el objetivo de mantener actualizada su "lista de blancos" para
los bombardeos masivos –uno de ellos fue realizado en diciembre de
1999- era también absolutamente razonable.
De hecho nada más
inexacto que la afirmación reiterada de EEUU sobre la expulsión de los
inspectores. La ruptura de Irak con el Unscom se produjo en un contexto
dominado por las evidencias del espionaje, la exigencia de inspeccionar los
edificios del partido Baaz y la inminencia de un ataque masivo.
Las razones de Irak:
hablar en el desierto
La lógica de Irak
debería ser la lógica de las Naciones Unidas.
Frente a la engañosa y
cómplice versión difundida por el conjunto de medios de información –la Falsimedia
universal-, Irak no sólo consiente sino que necesita cumplir con las
inspecciones y vincularlas –tal como estaban en origen- a las demás
resoluciones de las Naciones Unidas.
Si las sanciones
iniciadas nada menos que en 1991 –y que han provocado un desastre
humanitario calificado de genocidio por los antiguos responsables del
programa de alimentos de la ONU,
y por el antiguo Fiscal General de los EEUU, Ramsey Clark- tienen como fin la
garantía de la no fabricación de armas de destrucción masiva, es lógico que
las autoridades de Bagdad demanden una fecha para la finalización del
embargo. Sólo desde una intención exterminista puede pretenderse prolongar
indefinidamente una situación en la que la presión económica y, sobre todo,
el control de importaciones impiden la restauración de los sistemas de
conducción y depuración de aguas o el funcionamiento de los hospitales.
Irak también demanda
–y debería hacerlo el silencioso Kofi Annan en nombre de la comunidad
internacional- que el reinicio de las inspecciones debe ser parte de un
acuerdo más amplio. Tal acuerdo debe dar fin a las continuas amenazas de
invasión de los EEUU y a los bombardeos de este país y del Reino Unido
derivados del establecimiento de zonas de exclusión al margen de la ONU. Irak argumenta,
muy razonablemente, que la información recogida por los inspectores
norteamericanos o británicos va a servir para favorecer los bombardeos
masivos y la invasión que anuncian constantemente los Estados Unidos.
Además Irak tiene muy
en cuenta que el presidente Bush ha autorizado a la CIA, hace unas semanas, a la
realización de operaciones encubiertas en Irak incluyendo la
"liquidación de Sadam Hussein" –"en defensa propia"
añade el documento con ese cinismo absoluto y desdeñoso tan frecuente del
discurso imperial de los EEUU-. Otra razón poderosa para no poder aceptar la
entrada de inspectores de un organismo cuyo antecesor inmediato ya ha sido
ocupado y controlado por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos.
Otra poderosa razón que reclama el apoyo y la implicación del siempre
silencioso secretario General de la
ONU.
Irak también ha
suplantado al flamante premio Nobel de la Paz en la definición de las mínimas medidas de
neutralidad, al pedir la incorporación a los equipos de inspectores de la Unmovic de observadores
independientes. Una medida totalmente necesaria, sobre todo a partir de la
experiencia del espionaje y de la alteración fraudulenta de las funciones de la Unscom que realizaron los
Estados Unidos.
Crear un escenario
de enfrentamiento
"El propósito de
Bush –señalan fuentes de la propia administración norteamericana
mientras su presidente diserta sobre la negativa de Irak a aceptar las
inspecciones- es crear un escenario de enfrentamiento".
Para los oídos bobos
exigen el retorno sin condiciones de los inspectores, pero a los oídos
cómplices no les ocultan que el objetivo del próximo ultimátum lanzado sobre
esa exigencia será el de "facilitar la formación de un frente
internacional". EEUU no desea la reanudación de las inspecciones de
armamentos.
Lo dicen sin rodeos los
portavoces del Pentágono y del gobierno: "Todos los resultados del
proceso deben desembocar en el uso de la fuerza".
La sinuosa
complicidad de Kofi Annan
El día 6 de junio el
señor Kofi Annan, Secretario General del organismo responsable de mantener la
paz en el mundo y el respeto a la soberanía de los pueblos, declaraba que ni
el Consejo de Seguridad –ni él mismo, por supuesto- tiene nada que
decir en relación con las amenazas de EEUU a Irak o con los ataques aéreos en
las Zonas de exclusión –o fuera de ellas- que están realizando los
aviones de EEUU y del Reino Unido.
Annan no tiene nada más
que decir que repetir como cacatúa la necesidad de que Irak acepte la entrada
y el trabajo del equipo de inspectores. Nadie sabe, sin embargo, mejor que
Annan la falta de interés por las inspecciones que tienen los EEUU. "Lo
importante no son las inspecciones, el objetivo es el desarme, una forma de
conseguirlo es acabar con el régimen" dicen Rumsfeld y Cheney.
Annan permitió, por
ejemplo, que uno de los mejores caminos para realizar inspecciones, no
intrusivas ni provocadoras, neutrales y eficientes, de las armas químicas de
Irak, fuese cerrado por los EEUU. Cuando José Bustani, presidente de la Organización por la Prohibición de las
Armas Químicas (OPAC), un organismo inspector de la ONU, había avanzado
considerablemente en su tarea de convencer al gobierno iraquí sobre la
necesidad de someterse a los controles de la organización –algo que no
hacen, dicho sea de paso, los EEUU- fue inmediatamente "fichado"
por Washington que consiguió su destitución -a pesar de su enorme prestigio y
su reconocida dedicación-, en una sesión extraordinaria de la OPAC que fue calificada de
"golpe de estado".
El personaje Kofi Annan
se define casi siempre por el silencio, en ocasiones por acompañar con su
cacareo familiar los poderosos graznidos de las águilas del imperio.
Calló y calla Annan
ante el secuestro de la
Unscom y sus consecuencias. Calla ante un Equipo de
inspectores para el control de armamentos que está dirigido por el enemigo
principal del país inspeccionado. Calla ante el genocidio que se hace en Irak
en nombre de las Naciones Unidas. Calla ante las continuas amenazas de ataque
de Washington, calla ante la gigantesca acumulación de medios militares que
anuncia una matanza brutal de población civil, Calla también ante las
proclamaciones del derecho de los EEUU a efectuar ataques militares
demoledores sin autorización alguna de la Naciones Unidas.
Calla ante la osadía criminal que supone la decisión de ejecutar y la
justificación del crimen contra la humanidad que son las guerras preventivas.
Calla ante el anuncio de operaciones encubiertas y ante la orden de asesinato
del presidente de Irak. Calla, por fin, ante las coacciones sobre los países
firmantes del tratado del Tribunal Penal Internacional para que nunca sean
castigados los genocidas y criminales de guerra de los EEUU.
Annan, premio Nobel de la Paz con los parabienes de
los poderes más militaristas del mundo, calla ante una guerra anunciada
durante todo un año por su único contendiente voluntario, el país más
poderoso del mundo.
Con el silencio y la
desaparición en los momentos en los que sus amos deciden plantear las
"crisis", quiere Annan enmascarar su traición a la humanidad y su
absoluta humillación ante el poder del Imperio.
La eterna maniobra
de Blair
Tony intervino en el
momento oportuno. Justo para colaborar en el bloqueo de las funciones de las
Naciones Unidas: "la ONU
tiene que afrontar este asunto, no evitarlo." El asunto, claro está, es
el ataque contra Irak, la invasión de su territorio y el establecimiento de
un gobierno títere de los Estados Unidos.
Tampoco oculta Blair
sus verdaderos motivos: él está dispuesto "a pagar con sangre en
territorio iraquí el precio de la relación especial con EEUU". Sangre
ajena, por supuesto, fundamentalmente de civiles iraquíes. Poca conciencia le
queda ya después de participar, con el embargo, en el asesinato silencioso de
medio millón de niños.
Blair, como en otras
ocasiones, sigue la misma estrategia. Ofrece proporcionar pruebas sobre la
amenaza iraquí con la intención de facilitar y hacer irrefrenable la
arrancada bélica. Después se centrará en sospechas apocalípticas cuya única
certeza será el miedo.
En esta ocasión el
premier británico aporta una iniciativa que converge con las intenciones
"encubiertas" de los EEUU. Una transición rápida desde las
inspecciones acordadas, en las que insisten los países menos subordinados a
Washington, a la guerra, deseada por el gobierno y los empresarios del país
más poderoso del mundo. Blair pide dotar de "protección militar" a
los equipos de inspectores y habla de "inspecciones coercitivas"
que favorecerían la coartada de los que no aguantan en su inicial oposición a
los Estados Unidos, y conducirían a una guerra provocada de la que se
culparía, con más facilidad, a Sadam Hussein.
La UE: de la simulación a la
obediencia
La UE también cumplió el ridículo papel intrascendente
que personifica, a la perfección, el inefable Solana.
El psicópata Rumsfeld
expresó, mejor que nadie, la humillación de Europa y el desprecio de los
EEUU: "nosotros atacaremos solos y Europa ya se incorporará. Así está
ocurriendo, en primer lugar el trío Blair-Berlusconi-Aznar: el espectro
completo de la política europea.
El "puede
ser" de los "científicos"
El Instituto
Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (IIEE), organismo pseudo
científico, prestigiado think tank de las industrias de armamentos, que
bendecía todo el rearme de occidente durante la "guerra fría",
institución para debatir los modos e instrumentos militares de dominación y
para efectuar el seguimiento y la evaluación de la capacidad
desestabilizadora de todos los conflictos posibles, incluidos los del hambre
y de la miseria, acaba de dar una estruendosa muestra de belicismo, de
capacidad ilimitada para la mentira y de subordinación a los EEUU.
Su director, John
Chipman Prados, ha presentado un informe dos días antes de la conmemoración
del 11-S, en plena excitación guerrera, a tres fechas del discurso de Bush
ante la ONU. Nada
casual por supuesto.
Chipman –otro
nombre para la vileza- hace una verdadera exhibición de lo que pueden dar de
sí los supuestos irracionales, los "puede ser" acumulados. Su "informe"
dice basarse en los datos recogidos por los inspectores del Unscom hasta
1998, y en la aplicación a esos datos de la "metodología" del
instituto. Pero ni siquiera los datos iniciales son ciertos. En 1998 se
consideraban cerradas las inspecciones sobre armas nucleares y misiles
portadores, con las conclusiones de que Irak carecía de capacidad nuclear y
de que habían sido contabilizados y destruidos –en la guerra o por los
inspectores- todos los misiles. La Organización
Internacional de Energía Atómica decía en 1998:
"Basándonos en toda la información veraz disponible en la actualidad, la OIEA no ha encontrado
indicación alguna de que Irak haya logrado su objetivo de producir armas
nucleares, de que Irak haya retenido la capacidad física para producir
material que pueda usarse en la fabricación de armas nucleares ni de que haya
obtenido clandestinamente ese material".
Los observadores
imparciales afirmaban también que se podía considerar extinguida la capacidad
química y bacteriológica después de más de siete años (1992-1998) de
inspecciones rigurosas, llevadas a cabo por un equipo numeroso, autónomo,
aerotransportado, con enorme apoyo informático exterior, autorizado a
desplazarse, sin más avisos previos que los inmediatos para la seguridad de
los vuelos, por todo el territorio iraquí. De hecho los inspectores
demostraron que nada les quedaba por hacer cuando comenzaron a empecinarse en
los "palacios presidenciales" y cuando se convirtieron, como se
evidenciaría más tarde, en instrumentos del espionaje de los EEUU y de Israel
sobre los movimientos de Sadam Hussein.
Negando, más que
afirmando, informes del Unscom, el Instituto comienza por afirmar su
convicción de que Irak tiene grandes cantidades de productos para la guerra
bacteriológica –menciona "miles de litros de ántrax"- y de
gases para la guerra química –cientos de toneladas de gas mostaza y gas
sarín-, de depósitos anteriores a la guerra del Golfo. Contra toda lógica y
sin demostración alguna, afirma además que Irak, pese al embargo, al fuertísimo
control financiero, y a la supervisión de los contratos con el exterior, ha
incrementado esos arsenales a partir de 1992.
El afamado Instituto
Internacional de Estudios Estratégicos manifiesta una metodología sospechosa.
Parece haber colocado su trabajo "científico" mucho más allá del
peor de los supuestos posibles, bajo el lema de Rumsfeld de "pensar lo
impensable". Ese lema, transformado en "pensar lo impensable y
afirmar su certeza", debe ser la lógica que sostiene el informe. Puesto
a aceptar como verdad cualquier desvarío, el instituto ha hecho propias, sin
matiz alguno, las afirmaciones absolutamente mendaces de Tony Blair:
"Irak posee ingentes cantidades de armas químicas y biológicas que los
inspectores no pudieron controlar al ser expulsados del país".
John Chipman Prados,
experto director de la alta institución de estudios estratégicos y militares,
empieza un dictamen que presenta como "lo más preciso y desapasionado
posible" dando por supuesta la inmediata dedicación de Irak -pese al
durísimo embargo, a la enorme y repetida destrucción de instalaciones, y al
gigantesco sufrimiento y precariedad de la población civil- a la
reconstrucción de los programas de armas de destrucción masiva. Con esos
comienzos no es extraño que concluya con las mismas advertencias
apocalípticas de Bush y sus guerreros. Irak, que tardaría años en dotarse de
armas nucleares, puede hacerlo en pocos meses con ayuda del mercado negro.
Miles de tubos de
aluminio
Si así de escandaloso
–pero, dígame: ¿quién se escandaliza?- ha sido el informe del IIEE, no
menos sorprendentes –pero, dígame: ¿quién se sorprende?- han sido las
afirmaciones del presidente de los EEUU.
"El régimen iraquí
acelera sus esfuerzos para construir armas nucleares", "Irak
realiza una búsqueda exhaustiva de materiales que le permitan fabricar armas
atómicas". "En los últimos 14 meses Irak ha intentado comprar miles
de tubos de aluminio que pueden usarse en la construcción de instalaciones de
enriquecimiento de uranio". Con frases como éstas reproducían los medios
de todo el mundo las acusaciones lanzadas por Bush, o divulgadas por la CIA, en vísperas del primer
aniversario del 11 de septiembre.
Enfrascado en un guión
que le señala un trabajo frenético de lanzamiento de pura propaganda bélica, el
presidente de los EEUU sabe que cualquier barbaridad es
"racionalizada" progresivamente por los medios, y convertida en la
"prueba necesaria" que justifica el apoyo incondicional de
gobiernos títeres y gobernantes desvergonzados en todo el mundo[i].
El día 8 de septiembre
Bush mostraba fotografías de supuestas construcciones que "podrían"
estar dedicadas a la fabricación de armamento nuclear. Pero Mark Gwozdecky
portavoz de la
Organización Internacional de Energía Atómica de la ONU (OIEA) afirmaba contundentemente
que "ni una sola de las fotos había despertado la más mínima
sospecha". En el mismo "paquete informativo" creado para
justificar los grandes discursos apocalípticos de los días siguientes, Bush
utilizaba un informe firmado en 1998 por la misma OIEA como "datos de
esta mañana". Para mayor despropósito, y aunque parezca increíble, la
información aportada por el presidente de los EEUU –la posibilidad de
que Sadam Hussein estuviese a seis meses de la fabricación de una bomba
nuclear- era una referencia de ese informe de 1998 a la situación
anterior a la guerra del Golfo de 1991. Por esa previsión ofrecida como
primicia por George Bush, habían pasado 11 años y en ellos: una guerra con
destrucciones sistemáticas y masivas, un embargo continuado y severo hasta el
genocidio, varias operaciones prolongadas de bombardeo masivo y cientos de
bombardeos rutinarios.
La pérdida de
memoria de Falsimedia
Los medios también se
han ajustado al papel aprendido durante los últimos años. Hay que decir que
su verdadera especialidad es la desmemoria, la suya y la provocada en la
"opinión pública" por sus silencios. Han olvidado, por ejemplo, los
datos fundamentales que deslegitiman, hasta convertirla en un auténtico
descaro, la exigencia de EEUU del regreso de los inspectores. No han olvidado
nada, porque nunca han sabido, sobre el enorme genocidio causado por el
embargo. Por la misma razón tampoco han tenido que olvidar la sistemática
destrucción de los sistemas de saneamiento, depuración de aguas, transporte,
infraestructura industrial y petrolera que han realizado los repetidos
ataques masivos y los cotidianos ataques puntuales. Y el especial
ensañamiento con el que el embargo ha impedido la restauración de las
infraestructuras vitales para la salud de la población.
También han olvidado
los datos sobre las inspecciones que les permitirían evaluar las alarmas
tragicómicas sobre las enormes amenazas de Irak, difundidas por los Estados
Unidos. Los medios se niegan a analizar lógicamente las denuncias sobre
desarrollo de armas de destrucción masiva. Tampoco quieren saber sobre la
sistemática destrucción del derecho internacional en el que están empeñados
los gobernantes de Washington. Los únicos datos que manejan son los que ponen
a su disposición los halcones de la administración de los EEUU.
Dolor y crueldad
A un año del 11 de
septiembre los lamentos han recorrido el mundo.
Como en una historia
sin sentido los quejidos de la tragedia del ataque a las Torres Gemelas se
han superpuesto a los gritos de guerra contra culpables imposibles, y a los
clamores de venganza.
Estados Unidos ha
llorado a sus muertos mientras prepara un ataque contra Irak, mucho más
terrible, mucho más demoledor, igualmente inhumano, que el del 11 de
septiembre.
Pero nadie de los que
ahora lloran se conmoverá lo más mínimo.
Notas
[i] La información
publicada el día 9 de septiembre, a pesar de su evidente falsedad y de su
carácter de coartada escandalosa para "justificar" la atrocidad de
una "guerra unilateral preventiva y de destrucción masiva" contra
Irak, fue utilizada como "razón suficiente" para una declaración de
"apoyo incondicional" a los EEUU, por el presidente del gobierno
español, Aznar. Tal apoyo se produciría aún sin respaldo del Consejo de
Seguridad de la ONU.
.- Ayer tuve la suerte de oír en
directo a Llamazares el secretario general del Partido Comunista de España
defendiendo la tesis de no a la guerra en el parlamento español. No comparto
la ideología rancia y caducada del Partido Comunista que no ha sabido
evolucionar con los nuevos tiempos y sigue anclado en el siglo pasado, pero
reconozco que comparto al cien por
cien la tesis suscrita por el Partido Comunista Español en cuanto a
relaciones exteriores se refiere. En eso nos parecemos, como no tienen nada
que perder dicen solo la verdad y nada más que la verdad, aunque las palabras
duelan, duelen más las bombas.
¡Proletarios
de todos los países, unios!
¡Abajo la Intervención Imperialista en Irak!
El pueblo iraquí enfrenta, una vez
más, la amenaza de una mayor agresión del imperialismo yanqui como
consecuencia de su reaccionaria política de guerra preventiva, guerra injusta
de rapiña para controlar militar y económicamente los recursos de la zona. La
primera agresión, en la guerra del Golfo, tuvo como justificación la
denominada "invasión" de Kuwait, cuando históricamente dicho
territorio pertenece a Irak y la existencia de este estado títere, tras la
obligada descolonización de esta parte del mundo por Inglaterra, es y tiene
como único objetivo la defensa de los intereses de las multinacionales del
petróleo.
La nueva guerra de saqueo que
prepara el imperialismo yanqui, forma parte de su estrategia contra los
pueblos y las naciones del Mundo, sus territorios y soberanía y eleva más aún
la política agresiva del imperialismo yanqui desde el primer ataque
imperialista iniciado por Bush padre a primeros de los noventa del siglo
pasado. El punto de mira del imperialismo yanqui está fijado sobre Irak, de
la misma forma que lo hizo sobre Afganistán. De manera más solapada está
interviniendo en América Latina y África y en lo inmediato sus amenazas ya se
vierten sobre Irán y Corea del Norte, en lo que han dado en llamar el "eje
del mal".
Amparándose en las resoluciones de la ONU que abalaron la primera
guerra sobre Irak y la continuada presión militar, económica y política sobre
el pueblo iraquí, sigue sembrando destrucción, hambre y miseria sobre este
pueblo y busca conseguir el consenso internacional que avale su estrategia de
guerra preventiva en una nueva campaña imperialista por el mundo.
Antecedentes históricos.
En 1991, recién estrenada la
condición de Superpotencia hegemónica única y poniendo sello a lo que será la
superioridad de su reinado, el imperialismo yanqui lideró una coalición de 33
países amparados en resoluciones de la
ONU para realizar una operación quirúrgica: borrar del mapa
a Irak. Usando el pretexto de liberar a Kuwait, la guerra del Golfo tenía
como objetivos la destrucción total de la nación iraquí, decretar el lento
genocidio del pueblo iraquí -que hoy continúa bajo la forma del mantenimiento
de sanciones económicas brutales- y adueñarse de las riquezas petrolíferas de
la zona.
Iniciada la agresión el 17-01-1991
y durante los siguientes 42 días, Bagdad fue machacada por las bombas en una
cantidad tal a la equivalente a la arrojada sobre la ciudad de Hiroshima en la II Guerra Mundial,
desatando una Apocalipsis que, en un abrir y cerrar de ojos, la próspera
ciudad fue reducida a la condición de ruinas; su próspera industria fue
reducida a la de la era preindustrial y, por si esto era poco, 300 toneladas
de uranio empobrecido fueron esparcidas por el país, se experimentó con las
peores armas de baja radiación sobre el ejército del que fue diezmado el 90%
de sus efectivos y la población civil, incluso las fuerzas yanquis agresoras
fueron afectadas por las nuevas armas experimentadas. La guerra biológica y
la utilización de armas biológicas y radioactivas de baja intensidad
utilizadas sobre el pueblo iraquí, han sido justificadas por la anterior
secretaria de estado yanqui, como el precio necesario para salvaguardar los
intereses del imperialismo yanqui en la zona del Golfo Pérsico.
Como consecuencia del embargo
decretado, tras el desastre ocasionado por la vil agresión, más de un millón
y medio de iraquíes murieron y no menos de 800.000 niños siguen muriendo
lentamente en unos hospitales que carecen de todo como consecuencia del
boicot de medicamentos. Tras años de padecer toda serie de penurias, fue
permitido, por resolución de la
ONU, el cambio de petróleo por alimentos y medicinas, pero
en la práctica eso no es mas que una farsa pues del petróleo que se permite
canjear sólo recibe un 30%, el resto va a parar a las arcas del imperialismo
yanqui. Aparte de esta situación generada, los constantes bombardeos
anglo-americanos no han cesado y en los últimos doce años han arrojado más de
200.000 toneladas de bombas que han reducido a cenizas todo tipo de
infraestructuras. El sistema hidráulico y eléctrico, anteriormente uno de los
mejores de los países árabes, ha sido arrasado. El embargo prohíbe la
importación de cloro por lo que el agua no puede ser tratada, afectando sobre
todo a los niños. Treinta mil escuelas fueron destruidas y las cosechas y
almacenes de alimentos arrasados. Todas estas calamidades generadas por el
imperialismo yanqui hacen del pueblo iraquí uno de los mayores mártires del
siglo XXI, un mártir del silencio, un mártir de la mentira justificada
únicamente por las ansias de saqueo y control del imperialismo yanqui.
Situación actual y mentiras
del imperialismo.
Las agresiones que viene sufriendo
el pueblo iraquí y las inmediatas que prepara la nueva coalición imperialista
(a la que el actual gobierno del Estado Español se ha sumado con el objetivo
de participar de las migajas de la barbarie imperialista yanqui), no son más
que pequeñas muestras de los conceptos del imperialismo yanqui sobre la
guerra, libertades y derechos humanos. Su política es clara y definida, pues
el imperialismo yanqui, como enemigo principal de la clase obrera y las
masas, de las naciones y pueblos oprimidos del Mundo, aplica su denominado
concepto de "guerra preventiva", que coacciona y amenaza a
todos los países, que niega el principio de coexistencia pacífica entre
naciones y justifica una hegemonía por la que se arroga el derecho de atacar
y destruir cualquier país o territorio en función de sus intereses
imperialistas, opresión y explotación.º
A pesar de las mentiras y engaños
propagados por los medios de comunicación afines al imperio, a nadie puede
engañar que la actual agresión se pretende justificar con en el argumento de
que guerra y petróleo están explícitamente vinculados. Esto tiene que ver con
los principios imperialistas del gobierno de G. W. Bush, quien ha declarado
que su "seguridad energética" es una de las principales
claves de su política exterior.
Efectivamente, recién instaurado el
nuevo representante de la gran burguesía imperialista en el centro del poder
del imperialismo yanqui, el gobierno de Bush dejó perfectamente claro que la
"seguridad energética" pasaba a ser prioridad clave de su
política exterior ante la creciente dependencia del petróleo extranjero, lo
que obligó a la adopción de la recomendación hecha por el grupo de trabajo
para la estrategia nacional de energía, convocado por el vicepresidente Dick
Cheney, quien señalaba que "el presidente haga de la seguridad
energética una prioridad en nuestra política comercial y exterior".
Las reiteradas y aparentes
denuncias de los medios de comunicación y de los plumíferos al servicio del
imperialismo, no pueden negar que la política es economía concentrada y que
la guerra no es otra cosa que la continuación de la política por otros
medios. Así, lo único que buscan es encontrar justificaciones que creen
opinión pública a favor de la continuación de la política imperialista, de la
política de guerra y agresiones que guían al imperialismo yanqui.
Nos dicen que el nuevo atraco que
prepara el imperialismo yanqui, se fundamenta en el hecho de que Irak posee
armas de destrucción masiva que las resoluciones de la ONU han mandado destruir;
sin embargo este hecho no ha sido probado por las reiteradas inspecciones
enviadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Dicen que hay
que echar abajo al dictador Huseim para evitar el genocidio que comete contra
su pueblo y el pueblo Kurdo; la realidad es bien distinta, pues los que han
mantenido un constante genocidio sobre el pueblo iraquí han sido los que han
continuado agrediéndole desde la primera guerra del golfo, para nada hablan y
condenan al estado genocida turco y su constante magnicidio contra los
Kurdos, incluso gaseando aldeas enteras como ha sido mostrado por los medios
televisivos.
¿Qué capacidad moral puede avalar
las posturas del imperialismo yanqui? Si Sadam cuenta con armas de
destrucción masiva, es porque el imperialismo yanqui le dotó de ellas para
que las utilizase en la guerra contra Irán y no podemos olvidar que el propio
imperialismo yanqui santificó. Los yanquis no solamente son el país que más
recursos utiliza al desarrollo y fabricación de armas de todo tipo -hoy
principalmente de destrucción masiva-, sino que además es el único país que
las ha utilizado con todo el desparpajo en las guerras en las que ha
participado y que dichas armas constituyen el principal medio de disuasión y
chantaje con que amenaza a pueblos y naciones del mundo. ¿No han reconocido
que fueron utilizadas armas de las denominadas de baja radiación, en los
Balcanes y en la Guerra
del Golfo?
Las campañas propagandísticas
utilizadas por el imperialismo yanqui para justificar sus agresiones no son
nuevas, la solidez de lo que denominan "pruebas" del peligro
Iraquí no hacen más que mostrarnos su inconsistencia; las "pruebas",
que el imperialismo dice tener, tienen más que ver con un nuevo "acorazado
Maine"*, que con hechos reales.
Por su parte, el jefe del Gobierno
de nuestro país y en absoluta coherencia con la escalada belicista del
imperialismo yanqui, ha impulsado un espectacular aumento en los gastos de
defensa de 45 millones de €, al mismo tiempo que se recortan los
presupuestos para la sanidad, la educación pública, la vivienda y el
espectacular aumento del paro en los dos últimos años. Por si esto fuera
insuficiente, su osadía se alarga hasta atreverse a escribir de nuevo la
historia a su medida y señalando como justificación del apoyo incondicional
de su gobierno a las posturas del imperialismo yanqui, que hemos de estarle
agradecidos por su victoria sobre el fascismo en la II Guerra mundial, por
la defensa de la democracia y la victoria sobre el comunismo en Europa. Lo
que se le ha olvidado señalar, aunque estamos seguros de que lo piensa, es
que el imperialismo yanqui fue el principal mentor de Franco y la dictadura
franquista, desde 1953. Pero, la realidad que oculta, es que el Estado
Español busca ser recompensado por las migajas que le ceda el imperialismo
yanqui. Los tiras y aflojas del resto de los países del entorno de la UE, tienen que ver también
con los costes de la guerra y la parte del pastel que se han de repartir tras
la derrota y ocupación de Irak.
Nuestra ideología científica nos
enseña que con las armas se conquistan y defienden los derechos. Dicho
principio también rige para el imperialismo. Es en éste contexto que la
agresión sobre el pueblo iraquí se enmarca en la meta del imperialismo yanqui
y sus fuerzas armadas, cuyo objetivo es efectuar por la fuerza de las armas
una reestructuración de las relaciones mundiales para beneficio de la
estructura de poder de la hegemonía yanqui y así controlar la mano de obra y
los recursos productivos de amplias extensiones del planeta, los recursos estratégicos,
controlar a los posibles rivales potenciales, impedir que los iraquíes
y los pueblos árabes o cualquier otro pueblo o nación, alcancen su auténtica
emancipación y controlen su propio destino y recursos. La agresión a Irak no
tiene como objetivo derrocar a Sadam y "liberar" al pueblo,
como pretenden hacernos ver, esta una agresión enmarcada en la política de su
modelo de exterminio en lo económico y militar de todo movimiento político
social y nacional. Es la misma política seguida por el sionismo en su
continuado genocidio contra el pueblo palestino y que cumple los dictados del
imperialismo yanqui; es la misma política que se desenvuelve en América
Latina enmarcada en la
Iniciativa Andina, el Plan Colombia, el Plan Puebla-Panamá,
como realidad un nuevo y enorme Plan Cóndor concretado en las grandes
maniobras militares yanquis de Cabañas Uno, Dos, Tres, en Argentina y Chile,
y otros ejercicios y desplazamientos de tropas en América Latina y contra las
que el proletariado y las masas han comenzado a luchar para alcanzar su
emancipación y recuperar sus riquezas, sus territorios.
Desarrollar la organización y
movilización de las masas por la paz en lucha contra el revisionismo.
No es posible luchar por la paz,
oponerse a la agresión imperialista y al propio imperialismo, sin combatir al
mismo tiempo al revisionismo, pues son las dos caras de una misma moneda.
Como buenos y avezados oportunistas
que son, tratan de pescar en río revuelto y, aparentemente se oponen a la
guerra. Pero, ¿cuál es la realidad de lo que nos dicen? Como siempre,
cabalgando por encima de los intereses de las masas, de pueblos y naciones,
tratan de centrar su acción política en los efectos generados por el sistema
y no en sus causas. Dicen estar contra la guerra, pero en realidad lo que
tratan es de sacar tajada -para las próximas elecciones municipales y
autonómicas- sirviéndose del anti-imperialismo innato en las masas, del
rechazo que genera entre la clase obrera y las masas toda agresión
imperialista. En lugar de oponerse abiertamente al imperialismo, celebran
actos sobre los efectos nocivos de las guerras que buscan desviar a la clase
y las masas a que utilicen su tiempo y esfuerzos en elaborar planes contra el
hambre. Dicen que hemos de dedicarnos a crear plataformas que soliciten al
gobierno de los grandes banqueros que grave a los movimientos financieros
especulativos, que recorten los gastos militares y dediquen ese dinero a los
países pobres -como los que plantean las movilizaciones por el 0,7-, en lugar
de crear organizaciones de y en función del Poder. Todas estas propuestas del
revisionismo y la socialdemocracia, tienen como objetivo el fiscalizar el
estado y la dictadura burguesa, todas ellas responden a la misma lógica de
seguir poniendo parches al estado prisión imperialista, remendarlo.
Aunque en estos momentos no lo
expresen abiertamente, en realidad, sus posiciones están enmarcadas en el
objetivo económico y político de impulsar y desarrollar aún más el
imperialismo porque, según dicen, en la medida que la economía imperialista
crezca, y por efecto dominó, todos nos beneficiaremos de la bonanza y la
riqueza, terminaremos con el hambre, la miseria y las guerras. Nos dicen que
hay que humanizar la globalización, pues así nos alegraremos de vivir esta
etapa de la humanidad. En definitiva, como buenos agentes del imperialismo
entre las filas del proletariado y las masas, tratan de centrar la acción
política y organizativa de la clase y las masas, en la necesidad de la
regulación de las relaciones imperialistas y no en destruirlas y cambiarlas
por otras, se resignan y creen, como dice el imperialismo, en el fin de la
historia y no ven en la globalización sus dos aspectos, sus contradicciones,
el nuevo ropaje con el que se viste el imperialismo para tratar de revivirse
como cadáver insepulto que es.
Estos "demócratas" siguen
el mismo hilo conductor que marca el imperialismo y que no es otro que el de
la capitulación y la traición a los intereses de la clase y las masas. Se
centran en que ya no hay que exigir justicia contra los crímenes de los
estado imperialistas de primer y segundo orden, que basta con hacer presión
popular contra el imperialismo y, si acaso, que la justicia sea impertida por
el propio imperialismo que la conculca. A pesar de que sus palabras
altisonantes nos puedan sonar bien, los hechos han demostrado fehacientemente
que a lo que se refieren es a que hay que acumular votos y lograr
escaños en el Parlamento para corregir los desmanes del mortal engranaje
bélico y la barbarie del imperialismo. Por el contrario se niegan a
movilizarse por la libertad de los presos políticos pues, asumiendo los
postulados del imperialismo, tachan a todo aquel que combate consecuentemente
al estado imperialista, como terrorista. Dicen que nuestro país es una
democracia y que, en consecuencia, no hay presos políticos.
Dicen que hay que centrar la
organización de las masas en organizaciones no gubernamentales, lo que
significa que hemos de dedicarnos a hacer "proyectos" y pasar por
ventanilla a cobrar las subvenciones estatales por los servicios prestados.
En definitiva, dicen que ya no se trata de acabar con los que controlan las
riquezas, sino de hay que luchar contra la pobreza, omitiendo que en control
de los medios de producción por el imperialismo está el origen de las guerras
y agresiones, de la explotación, de la miseria, de la opresión y
frustraciones que genera. Lo que nos plantean es que hemos de luchar porque
el imperialismo lo siga siendo, pero más suave, que lo sea un poco menos, que
al menos lo disimule y no agudice las contradicciones sociales. En
definitiva, cuando escuchemos al revisionismo, no hemos de olvidar que éste,
en colusión con el imperialismo, sentó las bases para la liquidación de los
países socialistas y la restauración del capitalismo....
Febrero, 2003
Comité
Permanente
Partido Comunista de España
* El
hundimiento del Acorazado Maine, en aguas de La Habana,a finales del
siglo XIX, fue la justificación utilizada por el naciente imperialismo yanqui
para intervenir militarmente en la guerra del pueblo cubano contra el
colonialismo español, ampliando su dominación neo-colonial sobre los restos
coloniales del imperialismo del Estado Español. Expulsado el colonialismo
español de Cuba, el imperialismo yanqui impuso al Gobierno Emancipador Cubano
una Constitución afín a sus intereses imperialistas, pasando Cuba a ser una
neo-colonia del imperialismo yanqui hasta la guerra de liberación dirigida
por F. Castro.
La vanguardia, 12-03-2003
“ESTA GUERRA NO ES
POR PETRÓLEO, SINO RELIGIOSA”
MARK HERTSGAARD: INVESTIGA LA IMAGEN DE EE.UU. EN EL
MUNDO
Biografía.
Recorre el mundo
para explicar a los estadounidenses cómo los ven en “La Sombra del Águila”
y ahora me explica cómo nos ven en Washington: irrelevantes o molestos. Y eso
los pocos que nos ven, porque sólo un 14 por ciento de los estadounidenses
tiene pasaporte, y la mayoría jamás cruzará una frontera. Hertsgaard, autor
de un citado estudio sobre Reagan, me aporta cifras preocupantes sobre la
decisiva influencia de los extremistas cristianos de EE.UU. en el destino del
mundo. Consulto en Internet The Project for the Century de los “new
con” firmado por Jef Bush, entre otros, y me acongojo en serio:
Herstgaard no exagera. De repente descubro que los integristas no están
sólo en los países árabes y que, además, éstos tienen misiles nucleares.
Álex García.
“Tengo
46 años: viajo y aprendo. Nací y vivo en San Francisco. He enseñado Teoría
Política en Harvard, Yale y ahora Berkeley. La Casa Blanca se
considera llamada por Dios para dominar el mundo en el nuevo siglo. Casado,
sin hijos. Me educaron como cristiano fanático, pero hoy practico la fe de
California: tolerancia, budismo y aire libre.
M.
He.-EE.UU. no inicia esta guerra para quedarse con el petróleo iraquí...
P.-¿Ah
no?
.-Claro
que no. Cualquiera que conozca la política norteamericana lo sabe. Ésta es
una guerra de religión.
.-No nos asuste, hombre.
.-Hechos:
Bush debe la presidencia a ese 30 por ciento de votantes, que, como él mismo,
se declaran “cristianos renacidos”.
.-¿Qué
es eso?
.-Cristianos
que han tenido un momento epifánico en su vida después de un tropiezo y han
“renacido” a una nueva vida en Cristo. Son la primera fuerza
política del país.
.-¿Todos
han tenido una visión?
.-No
se los tome a broma. Son el gran movimiento social, ideológico y electoral
estadounidense de fin de siglo. Fueron
el 30 por ciento de fieles sobre los que Reagan construyó su hegemonía y son
ahora los mismos que dieron el triunfo a Bush y que le apoyan en su cruzada.
Estos votantes no buscan el petróleo, creen tener una misión en el mundo.
.-
Cuesta creer que sean tantos.
.-Según
el último sondeo religioso Gallup, el 46 por ciento de los norteamericanos se
declaran “cristianos renacidos” y en muchos estados... ¡el 99 por
ciento!. Cualquier sociólogo sabe lo que eso significa: el 99 por ciento se
declaran al menos fieles creyentes!.
.-Usted
es el experto.
.-Me
temo que sólo soy realista. Este 30 por ciento evangélico que aupó a Reagan y
ahora a Bush es el mismo que hundió la presidencia de Clinton por el caso
Lewinsky, algo inaudito en otro país sin fanáticos religiosos, y es el mismo
exactamente que ahora dice en las encuestas que hay que tomar Irak con o si la ONU.
.-Veo
que siguen influyendo.
.-Muchísimo.
La Casa Blanca
sólo trabaja para ellos. Bush hace mucho más caso a la Biblia que a la ONU. Y no es que él sea
un iluminado: estamos describiendo un movimiento social bien estructurado con
profundas raíces comunitarias y sociales que se ha convertido en la clave de
cualquier cálculo electoral realista en América.
.-¿Tanto?
.-Son
ellos los que hacen el trabajo de base más ingrato, los que conquistan el
concejo, los cargos locales, claves de la batalla presidencial. Además, Bush,
que tuvo su propia experiencia redentora...
.-Fue
un alcohólico... Y un bala...
.-...Tras
un pasado oscuro, es uno de ellos de corazón. En la Casa Blanca se reza
cada día antes de cualquier reunión.
.-Supongo
que será optativo.
.-No
falta ni un consejero a la plegaria...¡Y no son cortas! Pues bién, estos
integristas se consideran así mismos el pueblo elegido para dirigir la Tierra y han escrito The
Project for the New American Century (PNAC), El manifiesto del nuevo siglo
americano.
.-Que
supongo que no es un canto a la igualdad entre los pueblos.
.-Para
ellos es la voz de Dios. Consiste en la proclamación por mandato divino de la
hegemonía necesaria de Estados Unidos sobre la Tierra. Está
claramente conectado con el “Libro de las revelaciones”y su saga,
cuarenta millones de ejemplares, y sé muy bien de lo que hablo porque yo fui
educado por uno de estos cristianos integristas.
.-Suena
todo muy sectario.
.-Lo
es . Lo inspiran los hermanos Bush -aunque su padre no es fanático-,
Rumsfeld, Cheney, Wolfowitz, Perle, Crisol, Kagan y un grupito de ideólogos
que están convencidos –y cuando digo convencidos no hablo de razón,
sino de fe, y hablo en serio- de que
están llamados a dominar el mundo por el bien de la humanidad e
inspiración divina.
.-No
me tranquiliza usted...
.-Yo
estoy tan aterrorizado como usted, y prepárense en la Unión Europea,
porque hasta ahora eran ustedes irrelevantes; desde ahora, y acabo de leer lo
que Kagan ha escrito sobre la Unión Europea para la Casa Blanca, ustedes
los europeos son anticuados y molestos. Si acatan los designios del PNAC,
los ignorarán; si los cuestionan,
primero los castigarán y desactivarán, y luego los ignorarán.
.-¿Y
qué pretenden exactamente en Irak?
.-Dar
ese primer paso del mandato divino para América en Oriente Medio, y en el
centro de esa visión evangélica está Israel.
.-¿También
es la revelación?
.-Es
triste, pero sí, estamos en manos de estos visionarios. Sitúan a Israel en el
centro del PNAC porque si gana Israel, como dice el “Libro de las
revelaciones”, gana América, el auténtico pueblo elegido.
.-La
extrema derecha y los judíos nunca se llevaron bien...Tampoco en EE.UU.
.-Es
una alianza táctica curiosa, pero es
que no le estoy denunciando ninguna conspiración, sólo le estoy
leyendo las encuestas, que son mi trabajo de analista. Llevo veinte años siguiendo
las estrategias de los “new con” (nuevos conservadores) y hoy
nuestra política exterior la dictan ellos: Israel es un hermano en la Biblia, de momento.
.-¿Y
usted cree que Bush ganará así un segundo mandato?
.-Históricamente,
es la economía la que decide las elecciones en mi país. Pero en Washington
todo el mundo está enloquecido, y periodistas y políticos rivalizan por
ponerse a las órdenes del “comandante en jefe” Bush.
.-Panorama
desolador.
.-Mientras,
el propio padre del presidente le culpa de romper con Europa, y Brezinsky
dice que esa ruptura es peor que perder Irak. ¿Y sabe que todos los generales
de prestigio retirados como Scwarzkopf o el ex jefe de la OTAN, Wesley Clark, se
manifiestan en contra de la invasión? Esto no es una guerra por petróleo.
Esto es una cruzada integrista.
CARTA DEL OBISPO
DE FLORIDA, EE.UU. AL PRESIDENTE BUSH
Traducción de la carta enviada al Presidente de los EUA por Robert
Bowan, Obispo de la
Iglesia Católica de Florida, Teniente Coronel y ex
combatiente de Vietnam:
"Señor Presidente:
Cuente la verdad al pueblo Sr. Presidente, sobre el terrorismo. Si los
mitos acerca del terrorismo no son destruidos, entonces la amenaza
continuará hasta destruirnos por completo.
La verdad es que ninguna de nuestros millares de armas nucleares pueden
protegernos de esa amenaza. Ni el sistema de "guerra en las
estrellas"
-no importa cuan técnicamente avanzado sea ni cuantos trillones de
dólares se hayan gastado en él- podrá protegernos de un arma nuclear
traída en un barco, avión o auto alquilado.- Ni siquiera ningún arma de
nuestro vasto arsenal, ni siquiera un centavo de los u$s
270.000.000.000.000.- (si, esos mismos doscientos setenta billones de
dólares) gastados por año en el llamado "sistema de defensa" puede
evitar una bomba terrorista; esto es un hecho militar.
Como Teniente coronel retirado y frecuente conferencista en asuntos de
seguridad nacional, siempre sito el salmo 33 "Un rey no está a salvo por
su poderoso ejército, así como un guerrero no está a salvo por su enorme
fuerza". La reacción obvia es: "¿Entonces, qué podemos hacer? ¿No
existe
nada que podamos hacer para garantir la seguridad de nuestro pueblo?
Existe. Pero para entender eso, precisamos saber la verdad sobre la
amenaza.-
Sr. Presidente, Ud. no contó al pueblo americano la verdad sobre por qué
somos el blanco del terrorismo, cuando explicó por qué bombardearíamos
Afganistán y Sudán. -Ud. dijo que somos blanco del terrorismo porque
defendemos la democracia, la libertad y los derechos humanos del mundo.-
¡Qué absurdo, Sr, Presidente!
Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo,
nuestro gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación
humana.- Somos blanco de los terroristas porque somos odiados. Y somos
odiados porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas. ¿En cuantos
países agentes de nuestro gobierno depusieron a líderes popularmente
elegidos, sustituyéndolos por dictadores militares, marionetas deseosas
de vender a su propio pueblo a corporaciones norteamericanas
multinacionales?
Hicimos eso en Irán cuando los marines y la CIA derrocaron a Mossadegh
porque el tenía la intención de nacionalizar el petróleo. Y lo
sustituimos por el Sha Reza Palhevi y armamos, entrenamos y pagamos a su
odiada guardia nacional -la
Savak- que esclavizó y embruteció al pueblo
iraní para proteger el interés financiero de nuestras compañías de
petróleo.-
Después de eso, ¿será difícil de imaginar que existan en Irán personas
que nos odien?
Hicimos lo mismo en Chile, hicimos lo mismo en Vietnam, más
recientemente intentamos hacerlo en Iraq. Y claro, cuantas veces hicimos
eso en Nicaragua y en otras repúblicas de América Latina. Una vez tras
otra, hemos destituido líderes populares que deseaban que las riquezas
de su tierra |