PARADIGMA DESCONOCIDO

 

 



Es imposible conocer todas las potencialidades de un ser humano, su creatividad es tan vasta como el espacio donde brillan las estrellas, sus expresiones de amor aún más lo pueden ser.


Saludos y Gratitudes especiales a mi amiga Alba Clara de Jesús, hermana en la fe.



MICAEL DE NEBADÓN


Es el nombre que designa el Libro de Urantia para Jesús de Nazareth, o como se lo llamó familiarmente “Emmanuel” (El que está con Dios)

ver en
http://www.urantia.org/spanish/es_docs/doc033.html

Como dije antes, sobre el Libro de Urantia no me cabe expresar que es mentira, tiene sí verdades sustentadas en la astronomía y el orden consecutivo que se presenta el universo.

Voy a tratar de ser más sencillo en mis expresiones, más sen cillo que antes.

Me tomo la molestia de hablar del Libro de Urantia pues cada día tiene más adeptos, situación que particularmente me disgusta, pero que cambiará en su momento.

Según la Cosmología del libro mencionado, Cristo es un Ángel regente universal, que domina nuestro universo, que está allá, en un distante planeta de ángeles, llamado Salvington, cumpliendo funciones más importantes que las de estar en el corazón de los cristianos y de los que tratan de entender lo infinito que es el amor.

Lo ubican como una “Jerarquía Cósmica” y que no es el “Hijo del Creador” según la tradición judeocristiana, al menos no como el que está cerca del Padre Original.
Si es cierto lo que afirma el Libro de Urantia, entonces Cristo ha mentido, pues él había dicho que permanecería; entiéndase en espíritu, que es lo más importante; con los que seguían su camino y sus enseñanzas. Estas afirmaciones están en todas las versiones de los evangelios.

Por supuesto, lo más lógico es que el que miente en este caso es el Libro de Urantia, no Cristo, cuyos actos son consecuentes con algo que nada tiene que ver con una supuesta “Jerarquía Cósmica”.


LAS ENSEÑANZAS ANTI JERÁRQUICAS DE CRISTO


Una vez un escritor paraguayo, amigo mío, se refirió a los seguidores del Libro de Urantia como gente de derecha, verticalista, manipuladora y hostil contra la igualdad de derechos efectivos y sociales de todos los seres humanos.

De hecho el Libro de Urantia lleva a ello, habla de Imperios Universales y Galácticos, donde el orden y la verdad residen en autoridades superiores y donde las decisiones sobre el destino del cosmos son tomadas de arriba hacia abajo, un sistema fascista angelical que domina todo.

Esto se corresponde con la antigua tradición judaica de Sanedritas, Arcontes y Levitas (guardias) del templo de Salomón (tantos mitos inútiles se pregonan al respecto)

También se corresponde con el orden astronómico que se n os presenta a simple vista entre las estrellas y galaxias. Por supuesto, las redes de cuerdas cósmicas cuánticas tendrán un orden paralelo al de estrellas y galaxias de importancia según el desempeño que tengan en la evolución de este universo.

Pero cuando entramos en la neurocuántica y los campos morfogenéticos (los campos de transmisión de información fuera del tiempo y el espacio, similares y unidos con las cuerdas cósmicas) las cosas cambian. Al parecer, en los planos más sutiles del universo, en lo más básico y fundamental de nuestra realidad, no existe un orden jerárquico cerrado.

Al parecer Cristo tenía ya estos conocimientos (no me extrañaría que conociera de cuántica y otras ciencias aún no desarrolladas en la actualidad, Cristo demostró tener una capacidad de poderes mentales y espirituales inauditas)

No solo se opuso al orden Jerárquico de la sociedad judía (donde el sumo sacerdote era la cúspide de todo) sino que enseñó proféticamente un orden n uevo, un orden donde los más humildes eran los más importantes.

Frases como “Los últimos serán los primeros” la parábola de los talentos, las bienaventuranzas, dan cuenta de la orientación anti jerárquica de Cristo, incluso prefirió enseñar a los ignorantes y pobres antes que a los ricos y sabios (antes el conocimiento era sinónimo de riqueza, la sabiduría estaba relegada solo a los poderosos)

En el hipotético caso de que Cristo fuese el Mikael de Nebadón Urantiano, sus enseñanzas se hubiesen orientado a respetar una jerarquía, darla a conocer para que sea respetada. Lo que realmente dejó plasmado Jesús de Nazareth es todo lo contrario. Enseñó la importancia de la igualdad de todos los hombres, enseñó que el Reino de los Cielos está en los corazones de los humanos, enseñó la sabiduría de los niños (al indicar que siendo como niños se está en el reino de los cielos) como una sabiduría superior.

Pero lo más importante que enseñó es que el verdadero Dios, ese verdad ero creador, es un ser piadoso, lleno de amor e imposible de albergar cólera y venganza.

Mucho se ha transtocado la Biblia, para adecuarla según la conveniencia de las jerarquías cristianas. En las nuevas versiones modificadas, vemos frases que dan a entender de un Cristo condenatorio y furioso, expresiones que chocan rotundamente con la doctrina del perdón y el de ofrecer la otra mejilla ante las ofensas.

Al menos los evangelios apócrifos no fueron tan tocados, en ellos vemos a un Cristo que enseña cosas muy distintas de las que la Jerarquía Cristiana enseñó por siglos. Admito mi desconocimiento enorme en estos temas, solo he podido acceder a comentarios de especialistas, quienes mencionaron una frase sencilla pero poderosa que dijo Cristo, transcripto en uno de los evangelios no oficiales:

“Quien no da lo que tiene dentro de sí mismo, se condena a sí mismo”.

Por tantas manipulaciones y transtocaciones, lo que nos ha llegado a nuestros días fue un Cr isto Jerárquico, absolutista y verticalista. Por suerte muchas de las parábolas y frases oscuras de Cristo no fueron modificadas, por ser estás muy profundas y complejas para las Jerarquías Cristianas, mejor dicho, Seudocristianas.

Actualmente, gracias a la ciencia bibliográfica y a los eruditos racionalistas de la historia, podemos hoy acceder a las verdaderas enseñanzas de Cristo, un Cristo manifiestamente antijerárquico, que como único y vital requisito para acceder al “Eterno Paraiso Celestial” solicitaba la vivencia práctica de fe, amor y sabiduría, con uno mismo y con el prójimo.

CRISTO NO ES UNA JERARQUÍA CÓSMICA

Es claro ello, sabemos que el mismo no se presentó como un ser venido del cielo, sino como un ser humano más, consciente plenamente de su naturaleza divina, que vino a enseñar el verdadero camino hacia el Creador, el verdadero Creador, mostrándose él como hijo dilecto y no único del mismo, indicándose como el vivo ejemplo de la voluntad de dic ho creador (de ahí que es llamado también paradigma humano de lo más divino) de ahí que dijera “Yo Soy el Camino, La Verdad y la Vida” entre otras muchas frases donde asumía plenamente su rol de representante de la alta divinidad.

Me es imposible profundizar más en esta materia, ya que no es mi fuerte. Lo único que puedo decir es que historiográficamente el Libro de Urantia es una farsa enorme en muchos aspectos y si es cierto que existen seres de otros mundos (planetas) que apoyan semejante obra, entonces por lo menos tendremos el consuelo que no solo la humanidad de este planeta esta desorientada. Recuerden, se puede tener mucha tecnología, pero poco crecimiento espiritual, ese que Jesús enseñó.

Entrando en el lenguaje de los seguidores del Libro de Urantía, podría suponer que:

Al Final, Jesús de Nazareth no es Mikael de Nebadón, sino que lo reemplazó, poniendo todo el poder de jerarquía en los más humildes y sencillos seres, ese nuevo orden que todo lo revierte y transforma.

¿QUIÉN ES JESÚS DE NAZARETH AL FINAL?

El hijo del Altísimo, del Creador Original, el Hijo del Hombre como él se llamaba muy a menudo. Pero estos títulos también se los concedió a todos los seres humanos.

¿Entonces, quién es al final?

Creo que seguirá siendo un misterio en parte, un conocimiento pleno en parte. Lo único que si es posible decir es que fue y es el ser divino más importante que haya llegado al planeta tierra.

Me quedo con las palabras de mi amiga Alba Clara de Jesús, expuestas en su libro a publicarse, titulado PARADIGMA: “Cristo fue el Dios Hombre” aunque incluso ese título Cristo se lo concedió a cada ser humano. En verdad Cristo fue y es mucho más que eso, mucho más; solo entendible más allá de todo orden jerárquico y de toda clasificación.

 

 

 

 

Últimas noticias: Irak existe

Santiago Alba Rico
Rebelión

El espectáculo de las Torres Gemelas fue sin duda uno de los más caros de la historia. Hubo que remover 14 manzanas de edificios, drenar el río Hudson, excavar 917.000 m3 de tierra; trabajar durante siete años, noche y día, para levantar esas 100.000 toneladas de acero a 411 metros de altura, con un coste de obra de 750 millones de dólares de 1975. Hubo que llenar sus 4.400 hectáreas verticales de muebles, plantas y fuentes decorativas, teléfonos, máquinas de café; proporcionar a sus grifos, calefacciones y aires acondicionados ocho millones de litros de agua al día y suministrar cotidianamente a sus miles de ordenadores, televisores, frigoríficos y sistemas de iluminación la energía eléctrica que consume la ciudad de Zamora. Hubo que contratar a una legión de limpiacristales que bruñesen sus 43.000 ventanas y pagar a una pléyade infinita de técnicos para que se ocupasen del manejo, la manutención y reparación de sus 244 ascensores. Hubo que instalar en sus 110 pisos a 430 compañías de 28 países que hacían volar por el mundo todos los días, con la fuerza de una sola mano, el producto interior de Costa de Marfil o Paraguay. Hubo que resignarse a la revalorización de los terrenos, alquilar los dos titanes a Silverstein y Westfield en julio del 2000 por 3250 millones de dólares y asegurarlos en 7.200. Hubo que alimentar, vestir y entretener durante años a 50.000 empleados y elegir de entre ellos a los 2.800 más capacitados para arder y hacerse pedazos y saltar con sincera desesperación desde las ventanas. Hubo -al mismo tiempo- que movilizar al ejército soviético para que interviniese en 1979 en Afganistán y tentar a Carter y Reagan para que organizasen contra él la más grande operación encubierta de la historia de la CIA. Hubo que armar, entrenar y financiar con miles de millones de dólares a los 35.000 radicales islámicos de 40 países que se sumaron a la lucha anti-comunista de los fundamentalistas afganos, proporcionar los medios más sofisticados y fabulosos a 150.000 agentes estadounidenses y pakistaníes, subvencionar millonariamente a Ben Laden y acordar suculentos negocios con su familia. Hubo que aumentar a 4.500 toneladas la producción anual de opio en Afganistán y a un millón y medio el número de heroinómanos en Pakistán y atizar durante diez años una guerra civil que produjo centenares de miles de víctimas y dos millones de refugiados. Y hubo también que destruir -finalmente-, como pequeño gasto complementario, dos Boeing-767 valorados en 200 millones de dólares. Todo este trabajo reveló el 11 de septiembre su secreta fecundidad y su sentido en dos horas inolvidables de televisión.

Pero más cara aún será la escena de Bagdad. Habrá habido que crear lentamente el Tigris y mandar al califa Al-Mansur, en el año 758, a construir una ciudad nueva en sus orillas. Habrá hecho falta levantar palacios, tender puentes, trazar jardines, erigir escuelas, abrir mercados, alzar mezquitas, afirmar murallas durante trece siglos. Habrá habido que dejarla sobrevivir a las luchas entre Amín y Ma'mun, al asedio del mongol Hulagu y de Tamerlan, a la conquista otomana y a la invasión inglesa de 1917. Habrá habido que financiar los harenes de Harum-a-Rachid, los ejércitos de 'Adud-a-Dawla, las madrasas de Al-Nasir. Habrá habido que transportar un número incalculable de frutas, especias y carnes por el río; coser un número incalculable de vestidos; pescar un número incalculable de carpas y ordeñar un número incalculable de vacas. Habrá habido que arrancar millones de toneladas de piedras a las canteras para construir las cúpulas doradas de Al-Kadimain, los arcos de Al-Mustansiriya y la nave de Jan Marjan. Habrá habido que fundir millones de lingotes de oro para acuñar millones de monedas que hiciesen circular millones y millones de hogazas de pan y millones de apetitos. Habrá habido que alimentar y casar, durante generaciones, a los antepasados de Ashraf y Munira (entre otros cientos de miles de irakíes) para que ahora éstos revienten con naturalidad bajo las bombas. Habrá habido que llevar al partido "baaz" al poder en 1975 después de haber asesinado y encarcelado a miles de comunistas; habrá habido que convencer a Reagan de que apoyase a Sadam contra los iraníes y los kurdos y le vendiese toda clase de armas hasta 1990, incluidas las de "destrucción masiva"; habrá habido que manipular la OPEP y provocar la invasión de Kuwait. Habrá habido que dejar al régimen irakí, al mismo tiempo, nacionalizar el petróleo, construir escuelas y hospitales, eliminar el analfabetismo y mejorar la sanidad. Habrá habido que pedir luego a Bush I, en 1991, que volase los puentes, las depuradoras de agua y las centrales eléctricas de Bagdad y matase a 150.000 irakíes; y habrá hecho falta también -para aumentar el suspense- parir a millones de niños y hacer morir a 800.000 de tifus, cáncer, desnutrición y hepatitis, durante una década de bloqueo. Habrá habido que alargar luego la trama, en beneficio de la tensión dramática, gastando algunos millones de dólares en fintas y forcejeos en la ONU y algunos más en inspecciones un poco obscenas exigidas por el guión. Pero tan larga espera y tantas fatigas se descubrirá que han valido la pena cuando los bombarderos estadounidenses, con un solo dedo y también a través de una pantalla, derramen sus luces de Navidad sobre las tristes azoteas de Bagdad ante seis mil millones de telespectadores.

Así es el mundo; así es la televisión. Voladura de torres en directo, bombardeos en directo, sangrientos tiroteos y explosiones en directo, hambre, azotes y estertores en directo, uno empieza a sospechar que todos participamos sin saberlo, como mirones o como comparsas, en una vastísima, complejísima operación calderoniana de distracción recíproca. Se nos distrae, nos distraemos. Las torres en llamas, las bombas, el dolor, el hambre, son sólo maniobras de distracción. Para distraernos, ¿de qué? Para distraernos, precisamente, de las torres en llamas, las bombas, el dolor y el hambre.

El ardid es perfecto: mientras nosotros nos distraemos viendo por la televisión cómo EEUU bombardea Irak, mata a sus niños y se apodera de su petróleo, EEUU aprovecha para bombardear Irak, matar a sus niños y apoderarse de su petróleo. ¿O es quizás al revés? Mientras EEUU bombardea Irak, mata a sus niños y se apodera de su petróleo, nosotros nos distraemos viendo por la televisión cómo EEUU bombardea Irak, mata a sus niños y se apodera de su petróleo.

La televisión puede mostrar la realidad, exponer las entrañas del mundo y hasta decir ocasionalmente la verdad porque, cada vez que atrae nuestra atención hacia un acontecimiento, nuestra atención queda completamente satisfecha. Nos distrae siempre. ¿De qué nos distrae? Nos distrae de lo que está verdaderamente ocurriendo. ¿Y qué es lo que está verdaderamente ocurriendo? Lo que está verdaderamente ocurriendo es que las cosas están ocurriendo verdaderamente.

Los niños enfermos de leucemia en el Hospital Pediátrico de Basora, ¿se distraen viendo reportajes que exponen los efectos del uranio empobrecido sobre los niños de Basora? Los jóvenes heridos en Palestina por los misiles israelíes, ¿se distraen viendo documentales sobre la eficacia del ejército de Israel? Y los hambrientos de Etiopía, ¿se distraerán viendo las imágenes de la hambruna en África?

He insistido una y otra vez en que la división entre ricos y pobres, entre verdugos y víctimas, solapa también una jerarquía de poder puro, en formato tecnológico, que divide a los hombres en dos mitades: los que miran y los que son mirados. Pero esto no es del todo cierto. Porque esa tecnología, y la ilusión de invulnerabilidad que la acompaña, están mucho más generalizadas que la riqueza y el poder. He visto en la Ciudad de los Muertos de El Cairo a paupérrima gente, cuya única posesión era una gallina y un hornillo de gas, prepararse un té desnudo con la televisión encendida. He visto en Chiapas a indígenas morir de cólera en una choza delante de la televisión. He visto antenas parabólicas en los terribles campamentos de refugiados palestinos del Líbano. También los que son mirados -y por lo tanto despreciados como perros- miran dos o tres veces al día.

En cualquier caso, el poder nihilizador de la imagen televisiva acomete estas dos obras de silenciosa zapa. Rompe, por un lado, el hilo del tiempo. Ninguna generación antes de la de nuestros padres y ninguna en la misma medida que la nuestra -al menos de este lado del mundo- tuvo jamás la sensación de que su vida estuviese constituida de una sucesión de momentos históricos. Los hombres que hicieron la revolución francesa, y los que se defendieron de ella, lucharon en medio de una terrible normalidad; los judíos exterminados por los nazis no se consolaban con el privilegio de una maldad sin precedentes. Pero que cada momento sea nuevo, que cada momento sea histórico en la televisión ("una victoria histórica del Madrid", "un discurso histórico de Bush", "un concierto histórico", "una jornada histórica"), al igual que ocurre con la permanente renovación de las mercancías, quiere decir que cada momento es considerado excepcional, redondo y aislado de los otros, como una joya o un monumento, y por lo tanto, paradójicamente, fuera de la Historia. Las cosas que ocurren en la televisión no ocurren en el tiempo y no mantienen entre sí, pues, ninguna relación, tal y como las mercancías en el escaparate se ignoran recíprocamente e ignoran el proceso que las ha introducido en el mundo. No permanecen, pues, en la memoria.

Pero el poder nihilizador de la imagen televisiva, que rompe la cadena del tiempo, disuelve también el espacio. La televisión, que proporciona apenas astillas de conocimiento, bloquea todo proceso de reconocimiento: el horror propio, contemplado en la pantalla (o leído en el periódico), ocurre siempre en otro sitio . En una excelente y durísima película sobre la guerra en los Balcanes, No land , un soldado bosnio rodeado de cadáveres deja un instante su arma a un lado y se sienta a leer en un diario las noticias de Ruanda: "¡Qué barbaridad", dice, "¡ qué cosas pasan en el mundo". La imagen televisiva sirve, sobre todo, para trasladar a otro lugar el dolor, la miseria y la maldad; para transferir el cieno a una especie de a- topía, de recinto a-tópico, de lugar sin hueso donde nuestro escándalo o nuestro estremecimiento no pueden entrar.

Frente al televisor, los mondos cairotas de la Ciudad de los Muertos se conmueven viendo lo que pasa en Irak; los iraquíes viendo lo que pasa en Bosnia y los bosnios lo que pasa en Ruanda. Y los ruandeses suspiran aliviados de no estar en Gaza.

Y si los niños del hospital de Basora se distrajesen (¡qué perversa y monstruosa hipótesis!) viendo reportajes en televisión sobre los niños de Basora, se sentirían muy contentos de no estar en Basora y manifestarían al mismo tiempo su piedad: "¡Pobres niños basoríes".

A-crónicos y a-topicos somos sobre todo nosotros en nuestras ciudades europeas, a donde todavía no han llegado los tanques ni las bombas de racimo. Todo se andará. De momento nos emocionamos en ningún tiempo y en ninguna parte, allí donde, por tanto, estamos completamente eximidos de intervenir.

Pero es todo más complicado. Hace un año, en enero de 2002, visité durante diez días Irak, y a mi regreso no podía dejar de preguntarme acerca de la utilidad de este tipo de viajes, un poco desazonado por esta libertad casi insultante para ir a mirar y volver indemne.

¿Para qué viajar a Irak? ¿Qué aprendí en Irak? ¿Cómo me ha transformado la experiencia de Irak? Digámoslo enseguida: lo que cuenta, lo que verdaderamente cuenta, lo sabíamos -o habríamos debido saberlo- antes de salir. Los 110.000 bombardeos de 1.991; las 88.500 toneladas de bombas; los 150.000 muertos; la destrucción sistemática de centrales eléctricas, potabilizadoras, sistemas de alcantarillado e irrigación; las 300 toneladas de residuos radioactivos en Basora y sus consecuencias sobre la población; el embargo y sus refinadísimos instrumentos de suplicio; la transformación de Irak en el campo de concentración más grande de la historia, vigilado desde el aire a todas horas por los aviones anglo-americanos; el millón y medio de irakíes muertos en los últimos diez años y los cinco mil niños que siguen muriendo cada mes; la aparición de enfermedades erradicadas hacía décadas; las malformaciones congénitas; la malnutrición infantil generalizada; la falta de papel, de medicinas, de cloro; los empujones brutales, despiadados, premeditados -en fin- para hacer retroceder al país con las segundas reservas petrolíferas del planeta, el más desarrollado, moderno y laico de Medio Oriente antes de 1990, a las "tinieblas de la Edad de Piedra". Nada hay aquí que no supiéramos o que no pudiéramos averiguar de otra manera; nada, por ejemplo, que no pudiera contarnos Carlos Varea, responsable del CSCA, en el ateneo de Madrid o en una convención en Sidney. Los datos, que están al alcance de cualquier uña con voluntad de rascar la superficie; los datos, que no exigen ya otros desplazamientos que los puramente virtuales del cabotaje informático; los datos, y no los viajes, son los que afilan la conciencia, penetran las relaciones y comprometen, en un sentido o en otro, para bien o para mal, nuestras posiciones políticas y morales.

Pero -se dirá- es mejor conocer personalmente la situación. El escollo es este "personalmente". Hay situaciones en las que la participación de "la propia persona" es inexcusable; puede hacer falta saludar "personalmente" o recoger "personalmente" una carta o acariciar "personalmente" a la amada; y hay, desde luego, operaciones muy básicas, centradas en el cuerpo, que no pueden dejarse en otras manos: hay que comer, dormir, bañarse, tomar el sol en persona. Pero si se trata de conocer, es mejor conocer impersonalmente la situación. No son los frioleros los que determinan la temperatura; ni los aquejados de vértigo los que miden la velocidad; ni los turistas los que hacen las estadísticas; ni los lectores del New York Times los que establecen las dimensiones de nuestro mundo. ¿Qué pasa en Irak? Diez días son pocos para conocer impersonalmente el país, para retirar "la propia persona" de nuestro camino, con su colmena de reminiscencias y sus falsos déjá vu; para apartar también las personas de los irakíes, que nos estorbaban con su dignidad y su alegría y nos tapaban con sus cuerpos el sufrimiento que habíamos venido a buscar en ellos. Esa es la regla tiránica y acariciadora de la percepción: todo lo que no sabíamos ya, todo aquello que deberíamos haber sabido y no sabíamos o habíamos olvidado, mientras peinábamos Bagdad o fotografiábamos Basora, se volvía interesante, que es lo peor que puede ocurrirle al objeto de una investigación (o de una compasión). Hiriente o hermoso, halagüeño o terrible, pero interesante. Todos nuestros vacíos de información se completaban del otro lado, en espontáneo birlibirloque, en figuras de una consistencia sin sombras. Todo lo que ignorábamos de antemano se hacía redondamente claro delante de nosotros. Cada dato que nos faltaba materializaba ante nuestros ojos la certidumbre de un recuerdo privado o de una historia personal.

De Irak lo sabemos todo, podemos saberlo todo. "Una cosa es saberlo", se dirá, "y otra vivirlo". Saber y vivir, en efecto, son cosas bien diferentes. Digamos que saber asusta y vivir no. En general preferimos vivir las cosas a saberlas; las vivimos para no tener que llegar a saberlas. Las vivimos para no ver cómo se forman. Ni la mano de una madre ni la religión ni el opio: el anestésico más poderoso son las cosas mismas, la inmediatez de la experiencia que nos retiene bajo su manto tranquilizador, la cercanía familiar de nuestras costumbres en la que se extinguen por igual los actos más banales y los más atroces. El máximo apocamiento y la máxima temeridad obedecen al mismo principio: allí donde estoy yo no me puede pasar nada; allí donde estoy yo no corro ningún peligro (y ese "yo" es un repertorio monótono de objetos: papá, mamá, la casa, la firmeza de los cuerpos, el sabor del pan, por escaso o correoso que sea). Recuerdo en 1990, refugiado durante la primera Intifada en la casa de un panadero de Nablus, a los niños junto a los cuales había corrido delante de los tanques, que habían oído silbar horas antes las balas en sus sienes, que habían lanzado descaradamente sus piedras y sus bombitas recicladas a los soldados de ocupación; los recuerdo asustándose después, frente al televisor, viendo las noticias de la Intifada; y los recuerdo luego, desmigajados en el suelo, soñando entre gemidos sordos y onomatopeyas de explosión para reemprender al día siguiente, alegres, desvergonzados, juguetones, con la seriedad humillante de la infancia, la lucha contra el invasor. Los acontecimientos no nos harían mella, no nos dejarían la menor huella, no tendrían ninguna consecuencia, si no los pensásemos o los soñásemos después. Los esclavos, que se rebelan poco, jamás lo harían si no fuese porque de noche sueñan que siguen trabajando en la rueda. Los pueblos sometidos de la tierra, que aguantan siempre demasiado, nunca se sublevarían si no pensasen, además de vivirlas, las condiciones de su sumisión. Los viajeros, que casi nunca aprenden nada, sólo vuelven transformados al punto de partida gracias a esas experiencias que paradójicamente suspenden la experiencia o a los datos que ramonean pacientemente cuando se niegan, cuaderno o brújula en mano, a seguir tomando té o comprando alfombras. Por eso el turista regresa siempre a casa con alivio y un poco decepcionado; y necesita desplegar su monótona egotería de fotos ante los amigos para medir retrospectivamente su asombro o su valor o su placer (anteponiendo su propia importancia a la de los lugares visitados). Lo contrario del saber -y por tanto de la intensidad, del compromiso, del miedo agilizador- es el turismo, que se limita a engarzar en una ristra una secuencia de "vivencias" inútiles y aisladas. Podemos navegar diez días por el Nilo, enhebrando estampas, sin enterarnos de los planes de redistribución urbanística del FMI. Podemos pasear entre los pórticos coloniales de Cartagena de Indias sin oír hablar del Plan Colombia. Hay españoles que viven setenta años en España y se mueren votando al PSOE o al PP. Hay estadounidenses que viven toda su vida en EEUU y apoyaron los bombardeos en Afganistán y ahora el linchamiento de Irak. ¿Qué se aprende con esto de "vivir"? La "vivencia" tiene la textura de un edredón, que nos cubre cálidamente las espaldas; la húmeda viscosidad de un lametón. Eso es bueno, es bonito, es necesario, a condición de que no veamos también con nuestras patas de vivir y distingamos, por tanto, como Aristóteles, entre una "buena" y una "mala" vida, sin justificar -en nombre de la calidez de la "vivencia"- la riqueza y la miseria, la sumisión y la resistencia por igual. Hay que dejarse lamer después de soñar, antes de soñar de nuevo, o entre dos pensamientos, como hacen los que sufren o los que estudian; y no de sensación a sensación, como en nuestro juego de la oca occidental de anteojeras y cachivaches.

Y sin embargo había que ir, hay que ir, hay que seguir yendo a Irak. Todos los motivos que habitualmente se aducen siguen siendo válidos -con sus modestos efectos políticos-, pero el más pequeño es en realidad el más importante y la condición de todos los otros; una especie de lección de antropología general y de desintoxicación de la percepción, a partir de la cual descubrimos hasta qué punto no es casi nunca seria nuestra mirada sobre el mundo. Sabemos lo que ocurre en Irak porque, contra la televisión, hemos leído informes y espigado documentos, pero lo que no sabemos, por culpa de la televisión, es que lo que verdaderamente ocurre en Irak es que todo ocurre verdaderamente. Y que todo ocurre verdaderamente, al mismo tiempo, de un modo completamente inesperado. Desde Madrid o París, Irak es un país en el que no creemos demasiado, como no creemos demasiado en la homeopatía o en los ángeles; un país que no existe en el que, sin embargo, pasan cosas terribles e inimaginables (porque el telediario hace posible conciliar inexistencia y dolor ajeno). Pues bien, es exactamente al revés y éste es el descubrimiento al que me refiero y que -este sí- sólo puede hacerse personalmente. Irak existe y allí pasan cosas muy bonitas. Mucho más impresionante que el sufrimiento de los niños moribundos de los hospitales es el placer de cinco niños centelleantes que en la calle Ar-Rachid consiguen de pronto una pelota; mucho más impresionante que el relato estremecedor de los padecimientos de Al-Amiriya es la banalidad de las conversaciones en un café de Al-Mutanabi; mucho más impresionante que el silencio de las madres dignamente rotas sobre sus hijos es el bullicio de las madres chismosas y gordas rotas de risa en el patio de la mezquita de Al-Kadimain. El drama objetivo de los irakíes estrecha los límites de la organización subjetiva de la vida, pero no impone el caos; el surco trazado desde Washinton para apriscarlos allí, como a ganado, es al mismo tiempo la forma que ellos tienen de ser tan hombres o más que nosotros; es la posibilidad que se les ha concedido -la gracia bestial del Dios de Florida- de sorber de vez en cuando una naranja, acicalarse para la boda del hermano, hacer ruido en un café, fumar hablando de naderías, bañarse en el Tigris y echar el ojo al hijo(a) descarado(a) de los vecinos. Y la aprovechan. En las situaciones de crisis, cuando el mundo parece a punto de derrumbarse, nos sorprende la antigüedad del hombre (por citar el título de Anders): la felicidad disparatada y minuciosa de las cosas tangibles, el escollo firme de la costumbre contra el que rompe inútil el oleaje, el carácter siempre suficiente de lo poco y lo pequeño; el presente poderoso de los cuerpos y sus relaciones que amortigua -y subvierte dignamente- el torrente de dolor que querría derribarlos. Esto es lo que hay que ver y nadie puede contarnos. Es así: sería menos terrible el crimen de los EEUU si los iraquíes bajasen la cabeza.

Recuerdo que en Basora visitamos el barrio de Yumhuriya, destruido en enero de 1999 por los misiles del imperio. Todos sus habitantes -niños, mujeres y ancianos incluidos- se habían reunido para recibir al autobús. Quizás estaban allí por mandato del Caudillo, pero nadie podía mandarles estar alegres y ellos lo estaban de un modo descomunal. Un hombre bigotudo tocaba la trompeta mientras todos bailaban a nuestro alrededor, burbujeaban y se apiñaban contra nosotros, disputándose el honor de una visita a sus casas reconstruidas por Sadam. Aventaban comentarios jocosos que eran celebrados con carcajadas y acompañados de aplausos. Los niños saltaban como chispas por todas partes; y un viejo de mejillas hundidas y ojos pillastres hacía girar su bastón y cantaba el ritmo irresistible de un viejo éxito del pop local al que había acomodado las estrofas de un ingenuo, machacón, bellísimo poema anti-imperialista cuyo estribillo acabamos todos repitiendo como si la voz bastase a veces para derribar un avión. Chadli estaba tan contento de enseñarnos el salón que habían destruido las bombas... Hachim Darwish, de cinco años, estaba tan contento de mostrarnos su pierna, operada varias veces y zurcida de arriba abajo como un calcetín... Estaban todos tan contentos de recordar a los muertos y de comunicarnos atropellada, formulariamente, sus sufrimientos... Poned a manifestarse por obligación a un puñado de personas y la alegría de estar juntos les hará olvidar la constricción que les ha llevado hasta allí. Poned a manifestarse a un puñado de personas por la salvación del mundo y la alegría de estar juntos les hará olvidar el motivo que los ha reunido y hasta las amenazas que se ciernen sobre ellos. Pero es que la alegría es, desde hace un millón de años, la salvación del mundo o, al menos, de nuestros pequeños mundos. Sin ella habríamos sucumbido todos en la primera guerra o en el primer terremoto; sin ella no habría nada que contar; sin ella jamás se juntarían diez personas a hacer una revolución condenada quizás a fracasar. Esta alegría es una de las cosas más serias que conozco y, si a veces también distrae o resigna a lo peor -porque es más fácil de obtener que un gobierno justo-, constituye la garantía de que vale la pena combatir -y sobrevivir- a un gobierno injusto. En Bombay o El Cairo la pobreza es soportable porque (al contrario de lo que ocurre con los solitarios homeless de nuestras ciudades, despedidos de la humanidad y despojados de toda dignidad) en Bombay o en El Cairo la pobreza reúne a los hombres en el espacio público, como versión antropológica de la revolución permanente, y los suma, los aglutina, los ata y los moviliza sin interrupción. En Turquía, por otro lado, más de cien presos políticos han muerto ya en una huelga de hambre que comenzó hace dos años en protesta por la reforma carcelaria que pretende eliminar las celdas comunes -decenas y decenas de personas- para conceder a los reclusos el privilegio de modernas y confortables celdas individuales. Precisamente cuando uno no tiene otra cosa, es a los otros a lo que no podemos renunciar; la alegría es lo que ya no podemos quitarnos sin morirnos de frío -y sin que luego nos quiten, despojados de este último escudo, el cuerpo mismo.

Hay que ir a Irak porque existe. Hay que ir a Irak porque existe y no obedece: no es desgraciado. Hay que ir a Irak porque no es desgraciado y lo van a aniquilar. Podríamos consolarnos pensando que los irakíes ya no son más que lo que hemos hecho de ellos, que bajan la cabeza y se quejan. No nos dejemos consolar. La televisión nos engaña otra vez. Enfrentémonos a la realidad. Las cosas son así de impresionantes. Son así de tristes: EEUU y sus monaguillos asesinos (con Aznar a la cabeza) van a borrar del mapa a un pueblo que no llora.

En uno de los excursos didácticos de sus Historias Polibio escribió hace dos mil años para justificar la redacción de su obra: "Todos los hombres disponen de dos métodos para perfeccionarse: o bien mediante lo que les ocurre a ellos mismos, o mediante lo que ocurre a los demás. El método más eficaz es el de las peripecias personales, pero el más inofensivo el de las ajenas. Por eso, el primero no debe ser elegido voluntariamente jamás, puesto que logra la corrección a base de grandes sufrimientos y peligros; hay que perseguir siempre el otro, porque en él es siempre ver lo mejor sin sufrir daño. Quien considere este asunto desde esta perspectiva deberá juzgar que la mejor educación para las realidades de la vida es la experiencia que resulta de la historia política".

Pero "mediante lo que les ocurre a los otros", en lugar de aprender, también podemos envilecernos, entumecernos, apartar nuestra conciencia de todo destino común. Hay que ir a Irak, aunque no lo recomiende Polibio; y hay que estudiar historia -y todo lo que haga falta- sin descanso.

Pero apaguemos, por favor, la televisión.

Como el de la lavadora o el de la olla express, pero infinitamente menos útil, el ruido del televisor subraya la sensación de intimidad y seguridad doméstica: tranquiliza oírlo encendido desde la cama cuando no se puede dormir. Desplazado el horno a la cocina -en la periferia de la casa-, el calor frío y la falsa luz de la televisión sacia en el salón nuestra nostalgia del fuego. Pero no hay que darle más vueltas: no sirve para nada más. "Aprender sin daño" no es posible. Es posible, en cambio, no sufrir ningún daño, a condición de no aprender nada, a condición de despuntarles los dedos a las cosas, a condición de que no haya ninguna vida, ninguna criatura, ningún hombre ahí fuera . Nuestra televisión está hueca como un sonajero. De este lado de la pantalla estamos siempre en casa, a cubierto de cualquier asechanza y de cualquier solicitud, dispensados incluso de la magnanimidad. Inmunes, invulnerables, poderosos, mandarines del universo. ¿Habrá habido alguna vez en la historia de Europa un nihilismo tan extendido, tan radical, tan bien agarrado a nuestros huesos? Tan cerca de los ojos, nunca.

Durante cincuenta años los occidentales hemos vivido de este lado de la pantalla. Un aviso: la barrera comienza a volverse porosa, a cuartearse en pequeñas grietas a través de las cuales se filtra el cieno del otro lado. El linchamiento de Irak es sólo la ola de un océano que en irresistible avenida amenaza con barrer esta frontera.

¿Qué estaremos haciendo cuando la policía irrumpa en nuestra casa a detenernos por haber soñado la silueta de una torre? ¿Qué estaremos haciendo cuando un huracán de uranio nos abra de golpe la ventana y nos devuelva sin más trámites al mundo? Estaremos viendo en televisión cómo la policía entra en nuestra casa y nos detiene por haber soñado la silueta de una torre y cómo un huracán de uranio nos devuelve sin más trámites al mundo.

La humanidad puede dividirse, como un queso, en dos partes más o menos arbitrarias: ricos y pobres, mirones y mirados, occidentales y los otros (o, como el sin par Ortega, en jóvenes y viejos, mujeres y hombres, listos y tontos). También podemos dividirla en extremistas y moderados.

Mientras los extremistas arrasan con napalm una aldea, los moderados degüellan.

Mientras los extremistas matan de hambre a la cuarta parte de un país, los moderados le cortan al rey la cabeza.

Mientras los extremistas prohíben dar medicinas a 600 millones de personas, los moderados vuelan una embajada.

Mientras los extremistas conducen a la desesperación, el suicidio y la miseria a todo un continente, los moderados se hacen estallar en un mercado.

Mientras los extremistas se gastan 950.000 millones de dólares en armas, los moderados asesinan a cuchillo a diez mujeres.

Mientras los extremistas envenenan el mar, matan la cuarta parte de las especies animales del planeta, disuelven la Antártida y cortan la luz, el agua y el arroz a la mitad de la humanidad, los moderados disparan a un policía.

Por regla general, los extremistas son ricos, forman parte del gobierno, están completamente cuerdos y han leídos los mejores libros y aprendido los mejores preceptos. Los moderados, por su parte, suelen ser pobres o actuar en su nombre, no han estudiado mucho ni confían en la ley, algunos están desesperados y otros están locos.

Pero, ¿por qué los extremistas parecen moderados y los moderados parecen extremistas? ¿Por qué cuanto más extremistas son los extremistas parecen más moderados y cuanto más moderados son los moderados parecen más extremistas?

En efecto, mientras los moderados asesinan a 800.000 niños en Irak, los extremistas lanzan huevos.

Mientras los moderados amenazan a todo el mundo con bombas atómicas, uranio y bombas de racimo, los extremistas protestan.

Mientras los moderados allanan ciudades, dinamitan casas, apalean niños, lanzan misiles, torturan y hacen desaparecer prisioneros, violan las leyes internacionales y anuncian que ya no habrá ni una sombra de paz, de seguridad ni libertad en el planeta, los extremistas se manifiestan.

Pero, ¿por qué los extremistas parecen moderados?

Esto se explica muy sencillamente en virtud de ese principio que Pascal llamaba "imaginación" y que puede resumirse en esta paradoja: parecen moderados porque tienen más armas. Más riqueza, más torres, más soldados, más medios de producción... el aumento exponencial de los medios, la magnificencia del aparato del poder impone siempre, junto a la sumisión, la convicción de un mérito y la seguridad de un uso razonable. La máxima fuerza se justifica siempre sola ante nuestros ojos. Está siempre menos justificado usar una navaja que un obús, un obús que un misil, un misil que una bomba atómica; uno puede matar con una navaja a un hombre bueno, pero sólo contra los hombres más malos se podría usar un arma nuclear. Cuanto más terrible es un arma, cuanto más apabullante es su poder, cuanto más atroces sus consecuencias, más se autolegitima su uso. El gobierno de EEUU conoce la fuerza de este principio, anterior a toda propaganda porque se asienta en las condiciones materiales mismas de la propaganda. El linchamiento de Irak no necesita justificación. Basta con hacer sonar los tambores de guerra muy alto y hacer desfilar el ejército por las calles, con toda la gravedad y majestuosidad de sus máquinas de muerte. Tantos soldados, tantos barcos, tantos aviones, tantos misiles, se justifican por sí mismos, sin necesidad -o apenas- de una coartada. Los vemos pasar y nuestra convicción es espontánea e inobjetable. No es que se movilice toda esa fuerza colosal porque haya un motivo; no hace falta esperar un motivo para movilizarla; si se moviliza una fuerza tan colosal es que hay un motivo. La propia enormidad de esta potencia para matar excluye la arbitrariedad, la injusticia o el interés y, frente a esta certeza, los discursos sobre el petróleo, Israel o el imperialismo estadounidense no harán ninguna mella en nuestra "imaginación", completamente absorbida por la grandeza terrible y necesariamente justiciera de este ejército descomunal. Así son las cosas: cuanta más fuerza acumulamos, cuantos más medios de destrucción hemos reunido, más fácil y moderadamente los usaremos hasta el límite.

Pero lo cierto, lo exacto, lo verdaderamente peligroso es que los extremistas están en el gobierno. Recordémoslo una vez más: los EEUU y sus monaguillos asesinos (con Aznar a la cabeza) están a punto de matar en Irak, según cálculos de algunas ONGs, a cuatro millones de personas.

En medio de tanto nihilismo, de tanto desenfrenado extremismo, ¿puede parecer extraño que haya también un poco de moderación?

Mundo terrible éste, sin duda, en el que hasta los moderados producen espanto.

 

 

 

Irak: Preparando otra matanza

Antonio Maira
Cádiz Rebelde

Clarines

Ya está la guerra en la cabecera de los informativos de todos los medios del mundo. Las cadenas de televisión han cambiado la cadencia de imágenes y palabras cuando transmiten noticias sobre Irak. Ahora es un ritmo frenético de carga de combate. De nuevo cubiertas de portaviones, despegues de cazabombarderos, transporte de misiles, embarque de soldados.

Aprovechando el enorme impacto patriótico que ha producido la fastuosa conmemoración del 11 de septiembre, con enormes dosis calculadas de orgullo herido, odio al enemigo universal, proclamación del "destino manifiesto", y victimismo de país pacífico, democrático y benefactor, EEUU se ha lanzado una declaración de guerra inmediata, preventiva, de destrucción masiva, de matanza sin límite.

Ya han salido, en completo acuerdo y orden de combate, los halcones y palomas republicanos, los halcones y palomas demócratas. Abrazados por la nobilísima causa de guerrear sin contendiente, con la firmeza necesaria para aumentar hasta el infinito el sufrimiento de un pueblo y anular, con descargas masivas de bombas y fuego, su capacidad de resistencia. Ahí están Bush y Clinton, Cheney y Powell, y los delirantes profesionales Rice y Wolfowich. Y Rumsfeld, mención aparte, psicópata también, tal vez no sólo por provecho, teórico y profeta de guerras interminables, quien para alimentar a la industria de armamentos en una eterna y masiva producción de "todo lo necesario" ha creado, para los lunáticos que pululan por el Pentágono, la profesión de inventores de conflictos inconcebibles. Y, como siempre, con todos ellos, Blair, el infame.

El discurso militarista de Bush

"La ONU no puede permitir que sus resoluciones sean despreciadas por Sadam Hussein sin perder la credibilidad. En ese caso –clama el presidente Bush-, EEUU está legitimado para actuar sin respaldo del Consejo de Seguridad".

Así que si la ONU –versión C. de S.- se deja avasallar por Irak, los EEUU, paladines de la "comunidad internacional", meterán a ese "rogue state" en cintura. Este escandaloso nuevo precepto sobre el "derecho internacional" de cuño imperial que enuncian los EEUU, no es más que la concreción de un acuerdo de la Cumbre de OTAN de Washington celebrada en plena guerra contra Yugoslavia. En aquél entonces, la Alianza Atlántica extremaba el cinismo, del que ahora hacen gala los Estados Unidos, cuando aprobaba la doctrina de la intervención "sin autorización del Consejo de Seguridad pero siguiendo los principios de la ONU".

Cuando los EEUU hablan del incumplimiento por Irak de las resoluciones de las Naciones Unidas, se refieren a la negativa a autorizar el retorno del Equipo de Inspección de armamentos, antigua Unscom ahora denominada Unmovic. Lo que no dice Washington son las razones de Irak y mucho menos que ese organismo tiene una larga y escabrosa historia.

Espionaje bajo cobertura de las Naciones Unidas

El desprecio a la ONU es, sin embargo, la práctica habitual de la política internacional de los EEUU.

A finales de 1998, después de siete años de inspecciones, se publicó en la prensa norteamericana –en primer lugar en The Washington Post- una historia ejemplar. La Unscom, organismo dependiente de la ONU, había proporcionado información sobre sus inspecciones a Israel y había hecho espionaje por encargo de los EEUU. La noticia, muy detallada, fue confirmada por Scott Ritter jefe del equipo norteamericano. Su veracidad fue también asumida por el gobierno de los EEUU y por el Secretario General de la ONU, Kofi Annan.

La manipulación de la comisión por el espionaje de los EEUU, inadmisible desde el punto de vista de Irak, pero también desde el de la ONU, fue determinante para la paralización de las inspecciones. Las denuncias de Irak sobre el papel de la Comisión Especial para el Desarme, afirmando que se habían convertido en instrumentos de la CIA y del Mosad, que fueron presentadas siempre como una resistencia al cumplimiento de las resoluciones de la ONU, se confirmaron plenamente.

La crisis del Unscom era totalmente inevitable. Bagdad no podía aceptar la continuación de las revisiones dirigidas por los servicios de inteligencia de un país que estaba bombardeando sistemáticamente su territorio. La conclusión de que EEUU utilizaba a la Unscom con el objetivo de mantener actualizada su "lista de blancos" para los bombardeos masivos –uno de ellos fue realizado en diciembre de 1999- era también absolutamente razonable.

De hecho nada más inexacto que la afirmación reiterada de EEUU sobre la expulsión de los inspectores. La ruptura de Irak con el Unscom se produjo en un contexto dominado por las evidencias del espionaje, la exigencia de inspeccionar los edificios del partido Baaz y la inminencia de un ataque masivo.

Las razones de Irak: hablar en el desierto

La lógica de Irak debería ser la lógica de las Naciones Unidas.

Frente a la engañosa y cómplice versión difundida por el conjunto de medios de información –la Falsimedia universal-, Irak no sólo consiente sino que necesita cumplir con las inspecciones y vincularlas –tal como estaban en origen- a las demás resoluciones de las Naciones Unidas.

Si las sanciones iniciadas nada menos que en 1991 –y que han provocado un desastre humanitario calificado de genocidio por los antiguos responsables del programa de alimentos de la ONU, y por el antiguo Fiscal General de los EEUU, Ramsey Clark- tienen como fin la garantía de la no fabricación de armas de destrucción masiva, es lógico que las autoridades de Bagdad demanden una fecha para la finalización del embargo. Sólo desde una intención exterminista puede pretenderse prolongar indefinidamente una situación en la que la presión económica y, sobre todo, el control de importaciones impiden la restauración de los sistemas de conducción y depuración de aguas o el funcionamiento de los hospitales.

Irak también demanda –y debería hacerlo el silencioso Kofi Annan en nombre de la comunidad internacional- que el reinicio de las inspecciones debe ser parte de un acuerdo más amplio. Tal acuerdo debe dar fin a las continuas amenazas de invasión de los EEUU y a los bombardeos de este país y del Reino Unido derivados del establecimiento de zonas de exclusión al margen de la ONU. Irak argumenta, muy razonablemente, que la información recogida por los inspectores norteamericanos o británicos va a servir para favorecer los bombardeos masivos y la invasión que anuncian constantemente los Estados Unidos.

Además Irak tiene muy en cuenta que el presidente Bush ha autorizado a la CIA, hace unas semanas, a la realización de operaciones encubiertas en Irak incluyendo la "liquidación de Sadam Hussein" –"en defensa propia" añade el documento con ese cinismo absoluto y desdeñoso tan frecuente del discurso imperial de los EEUU-. Otra razón poderosa para no poder aceptar la entrada de inspectores de un organismo cuyo antecesor inmediato ya ha sido ocupado y controlado por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Otra poderosa razón que reclama el apoyo y la implicación del siempre silencioso secretario General de la ONU.

Irak también ha suplantado al flamante premio Nobel de la Paz en la definición de las mínimas medidas de neutralidad, al pedir la incorporación a los equipos de inspectores de la Unmovic de observadores independientes. Una medida totalmente necesaria, sobre todo a partir de la experiencia del espionaje y de la alteración fraudulenta de las funciones de la Unscom que realizaron los Estados Unidos.

Crear un escenario de enfrentamiento

"El propósito de Bush –señalan fuentes de la propia administración norteamericana mientras su presidente diserta sobre la negativa de Irak a aceptar las inspecciones- es crear un escenario de enfrentamiento".

Para los oídos bobos exigen el retorno sin condiciones de los inspectores, pero a los oídos cómplices no les ocultan que el objetivo del próximo ultimátum lanzado sobre esa exigencia será el de "facilitar la formación de un frente internacional". EEUU no desea la reanudación de las inspecciones de armamentos.

Lo dicen sin rodeos los portavoces del Pentágono y del gobierno: "Todos los resultados del proceso deben desembocar en el uso de la fuerza".

La sinuosa complicidad de Kofi Annan

El día 6 de junio el señor Kofi Annan, Secretario General del organismo responsable de mantener la paz en el mundo y el respeto a la soberanía de los pueblos, declaraba que ni el Consejo de Seguridad –ni él mismo, por supuesto- tiene nada que decir en relación con las amenazas de EEUU a Irak o con los ataques aéreos en las Zonas de exclusión –o fuera de ellas- que están realizando los aviones de EEUU y del Reino Unido.

Annan no tiene nada más que decir que repetir como cacatúa la necesidad de que Irak acepte la entrada y el trabajo del equipo de inspectores. Nadie sabe, sin embargo, mejor que Annan la falta de interés por las inspecciones que tienen los EEUU. "Lo importante no son las inspecciones, el objetivo es el desarme, una forma de conseguirlo es acabar con el régimen" dicen Rumsfeld y Cheney.

Annan permitió, por ejemplo, que uno de los mejores caminos para realizar inspecciones, no intrusivas ni provocadoras, neutrales y eficientes, de las armas químicas de Irak, fuese cerrado por los EEUU. Cuando José Bustani, presidente de la Organización por la Prohibición de las Armas Químicas (OPAC), un organismo inspector de la ONU, había avanzado considerablemente en su tarea de convencer al gobierno iraquí sobre la necesidad de someterse a los controles de la organización –algo que no hacen, dicho sea de paso, los EEUU- fue inmediatamente "fichado" por Washington que consiguió su destitución -a pesar de su enorme prestigio y su reconocida dedicación-, en una sesión extraordinaria de la OPAC que fue calificada de "golpe de estado".

El personaje Kofi Annan se define casi siempre por el silencio, en ocasiones por acompañar con su cacareo familiar los poderosos graznidos de las águilas del imperio.

Calló y calla Annan ante el secuestro de la Unscom y sus consecuencias. Calla ante un Equipo de inspectores para el control de armamentos que está dirigido por el enemigo principal del país inspeccionado. Calla ante el genocidio que se hace en Irak en nombre de las Naciones Unidas. Calla ante las continuas amenazas de ataque de Washington, calla ante la gigantesca acumulación de medios militares que anuncia una matanza brutal de población civil, Calla también ante las proclamaciones del derecho de los EEUU a efectuar ataques militares demoledores sin autorización alguna de la Naciones Unidas. Calla ante la osadía criminal que supone la decisión de ejecutar y la justificación del crimen contra la humanidad que son las guerras preventivas. Calla ante el anuncio de operaciones encubiertas y ante la orden de asesinato del presidente de Irak. Calla, por fin, ante las coacciones sobre los países firmantes del tratado del Tribunal Penal Internacional para que nunca sean castigados los genocidas y criminales de guerra de los EEUU.

Annan, premio Nobel de la Paz con los parabienes de los poderes más militaristas del mundo, calla ante una guerra anunciada durante todo un año por su único contendiente voluntario, el país más poderoso del mundo.

Con el silencio y la desaparición en los momentos en los que sus amos deciden plantear las "crisis", quiere Annan enmascarar su traición a la humanidad y su absoluta humillación ante el poder del Imperio.

La eterna maniobra de Blair

Tony intervino en el momento oportuno. Justo para colaborar en el bloqueo de las funciones de las Naciones Unidas: "la ONU tiene que afrontar este asunto, no evitarlo." El asunto, claro está, es el ataque contra Irak, la invasión de su territorio y el establecimiento de un gobierno títere de los Estados Unidos.

Tampoco oculta Blair sus verdaderos motivos: él está dispuesto "a pagar con sangre en territorio iraquí el precio de la relación especial con EEUU". Sangre ajena, por supuesto, fundamentalmente de civiles iraquíes. Poca conciencia le queda ya después de participar, con el embargo, en el asesinato silencioso de medio millón de niños.

Blair, como en otras ocasiones, sigue la misma estrategia. Ofrece proporcionar pruebas sobre la amenaza iraquí con la intención de facilitar y hacer irrefrenable la arrancada bélica. Después se centrará en sospechas apocalípticas cuya única certeza será el miedo.

En esta ocasión el premier británico aporta una iniciativa que converge con las intenciones "encubiertas" de los EEUU. Una transición rápida desde las inspecciones acordadas, en las que insisten los países menos subordinados a Washington, a la guerra, deseada por el gobierno y los empresarios del país más poderoso del mundo. Blair pide dotar de "protección militar" a los equipos de inspectores y habla de "inspecciones coercitivas" que favorecerían la coartada de los que no aguantan en su inicial oposición a los Estados Unidos, y conducirían a una guerra provocada de la que se culparía, con más facilidad, a Sadam Hussein.

La UE: de la simulación a la obediencia

La UE también cumplió el ridículo papel intrascendente que personifica, a la perfección, el inefable Solana.

El psicópata Rumsfeld expresó, mejor que nadie, la humillación de Europa y el desprecio de los EEUU: "nosotros atacaremos solos y Europa ya se incorporará. Así está ocurriendo, en primer lugar el trío Blair-Berlusconi-Aznar: el espectro completo de la política europea.

El "puede ser" de los "científicos"

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres (IIEE), organismo pseudo científico, prestigiado think tank de las industrias de armamentos, que bendecía todo el rearme de occidente durante la "guerra fría", institución para debatir los modos e instrumentos militares de dominación y para efectuar el seguimiento y la evaluación de la capacidad desestabilizadora de todos los conflictos posibles, incluidos los del hambre y de la miseria, acaba de dar una estruendosa muestra de belicismo, de capacidad ilimitada para la mentira y de subordinación a los EEUU.

Su director, John Chipman Prados, ha presentado un informe dos días antes de la conmemoración del 11-S, en plena excitación guerrera, a tres fechas del discurso de Bush ante la ONU. Nada casual por supuesto.

Chipman –otro nombre para la vileza- hace una verdadera exhibición de lo que pueden dar de sí los supuestos irracionales, los "puede ser" acumulados. Su "informe" dice basarse en los datos recogidos por los inspectores del Unscom hasta 1998, y en la aplicación a esos datos de la "metodología" del instituto. Pero ni siquiera los datos iniciales son ciertos. En 1998 se consideraban cerradas las inspecciones sobre armas nucleares y misiles portadores, con las conclusiones de que Irak carecía de capacidad nuclear y de que habían sido contabilizados y destruidos –en la guerra o por los inspectores- todos los misiles. La Organización Internacional de Energía Atómica decía en 1998: "Basándonos en toda la información veraz disponible en la actualidad, la OIEA no ha encontrado indicación alguna de que Irak haya logrado su objetivo de producir armas nucleares, de que Irak haya retenido la capacidad física para producir material que pueda usarse en la fabricación de armas nucleares ni de que haya obtenido clandestinamente ese material".

Los observadores imparciales afirmaban también que se podía considerar extinguida la capacidad química y bacteriológica después de más de siete años (1992-1998) de inspecciones rigurosas, llevadas a cabo por un equipo numeroso, autónomo, aerotransportado, con enorme apoyo informático exterior, autorizado a desplazarse, sin más avisos previos que los inmediatos para la seguridad de los vuelos, por todo el territorio iraquí. De hecho los inspectores demostraron que nada les quedaba por hacer cuando comenzaron a empecinarse en los "palacios presidenciales" y cuando se convirtieron, como se evidenciaría más tarde, en instrumentos del espionaje de los EEUU y de Israel sobre los movimientos de Sadam Hussein.

Negando, más que afirmando, informes del Unscom, el Instituto comienza por afirmar su convicción de que Irak tiene grandes cantidades de productos para la guerra bacteriológica –menciona "miles de litros de ántrax"- y de gases para la guerra química –cientos de toneladas de gas mostaza y gas sarín-, de depósitos anteriores a la guerra del Golfo. Contra toda lógica y sin demostración alguna, afirma además que Irak, pese al embargo, al fuertísimo control financiero, y a la supervisión de los contratos con el exterior, ha incrementado esos arsenales a partir de 1992.

El afamado Instituto Internacional de Estudios Estratégicos manifiesta una metodología sospechosa. Parece haber colocado su trabajo "científico" mucho más allá del peor de los supuestos posibles, bajo el lema de Rumsfeld de "pensar lo impensable". Ese lema, transformado en "pensar lo impensable y afirmar su certeza", debe ser la lógica que sostiene el informe. Puesto a aceptar como verdad cualquier desvarío, el instituto ha hecho propias, sin matiz alguno, las afirmaciones absolutamente mendaces de Tony Blair: "Irak posee ingentes cantidades de armas químicas y biológicas que los inspectores no pudieron controlar al ser expulsados del país".

John Chipman Prados, experto director de la alta institución de estudios estratégicos y militares, empieza un dictamen que presenta como "lo más preciso y desapasionado posible" dando por supuesta la inmediata dedicación de Irak -pese al durísimo embargo, a la enorme y repetida destrucción de instalaciones, y al gigantesco sufrimiento y precariedad de la población civil- a la reconstrucción de los programas de armas de destrucción masiva. Con esos comienzos no es extraño que concluya con las mismas advertencias apocalípticas de Bush y sus guerreros. Irak, que tardaría años en dotarse de armas nucleares, puede hacerlo en pocos meses con ayuda del mercado negro.

Miles de tubos de aluminio

Si así de escandaloso –pero, dígame: ¿quién se escandaliza?- ha sido el informe del IIEE, no menos sorprendentes –pero, dígame: ¿quién se sorprende?- han sido las afirmaciones del presidente de los EEUU.

"El régimen iraquí acelera sus esfuerzos para construir armas nucleares", "Irak realiza una búsqueda exhaustiva de materiales que le permitan fabricar armas atómicas". "En los últimos 14 meses Irak ha intentado comprar miles de tubos de aluminio que pueden usarse en la construcción de instalaciones de enriquecimiento de uranio". Con frases como éstas reproducían los medios de todo el mundo las acusaciones lanzadas por Bush, o divulgadas por la CIA, en vísperas del primer aniversario del 11 de septiembre.

Enfrascado en un guión que le señala un trabajo frenético de lanzamiento de pura propaganda bélica, el presidente de los EEUU sabe que cualquier barbaridad es "racionalizada" progresivamente por los medios, y convertida en la "prueba necesaria" que justifica el apoyo incondicional de gobiernos títeres y gobernantes desvergonzados en todo el mundo[i].

El día 8 de septiembre Bush mostraba fotografías de supuestas construcciones que "podrían" estar dedicadas a la fabricación de armamento nuclear. Pero Mark Gwozdecky portavoz de la Organización Internacional de Energía Atómica de la ONU (OIEA) afirmaba contundentemente que "ni una sola de las fotos había despertado la más mínima sospecha". En el mismo "paquete informativo" creado para justificar los grandes discursos apocalípticos de los días siguientes, Bush utilizaba un informe firmado en 1998 por la misma OIEA como "datos de esta mañana". Para mayor despropósito, y aunque parezca increíble, la información aportada por el presidente de los EEUU –la posibilidad de que Sadam Hussein estuviese a seis meses de la fabricación de una bomba nuclear- era una referencia de ese informe de 1998 a la situación anterior a la guerra del Golfo de 1991. Por esa previsión ofrecida como primicia por George Bush, habían pasado 11 años y en ellos: una guerra con destrucciones sistemáticas y masivas, un embargo continuado y severo hasta el genocidio, varias operaciones prolongadas de bombardeo masivo y cientos de bombardeos rutinarios.

La pérdida de memoria de Falsimedia

Los medios también se han ajustado al papel aprendido durante los últimos años. Hay que decir que su verdadera especialidad es la desmemoria, la suya y la provocada en la "opinión pública" por sus silencios. Han olvidado, por ejemplo, los datos fundamentales que deslegitiman, hasta convertirla en un auténtico descaro, la exigencia de EEUU del regreso de los inspectores. No han olvidado nada, porque nunca han sabido, sobre el enorme genocidio causado por el embargo. Por la misma razón tampoco han tenido que olvidar la sistemática destrucción de los sistemas de saneamiento, depuración de aguas, transporte, infraestructura industrial y petrolera que han realizado los repetidos ataques masivos y los cotidianos ataques puntuales. Y el especial ensañamiento con el que el embargo ha impedido la restauración de las infraestructuras vitales para la salud de la población.

También han olvidado los datos sobre las inspecciones que les permitirían evaluar las alarmas tragicómicas sobre las enormes amenazas de Irak, difundidas por los Estados Unidos. Los medios se niegan a analizar lógicamente las denuncias sobre desarrollo de armas de destrucción masiva. Tampoco quieren saber sobre la sistemática destrucción del derecho internacional en el que están empeñados los gobernantes de Washington. Los únicos datos que manejan son los que ponen a su disposición los halcones de la administración de los EEUU.

Dolor y crueldad

A un año del 11 de septiembre los lamentos han recorrido el mundo.

Como en una historia sin sentido los quejidos de la tragedia del ataque a las Torres Gemelas se han superpuesto a los gritos de guerra contra culpables imposibles, y a los clamores de venganza.

Estados Unidos ha llorado a sus muertos mientras prepara un ataque contra Irak, mucho más terrible, mucho más demoledor, igualmente inhumano, que el del 11 de septiembre.

Pero nadie de los que ahora lloran se conmoverá lo más mínimo.

Notas

[i] La información publicada el día 9 de septiembre, a pesar de su evidente falsedad y de su carácter de coartada escandalosa para "justificar" la atrocidad de una "guerra unilateral preventiva y de destrucción masiva" contra Irak, fue utilizada como "razón suficiente" para una declaración de "apoyo incondicional" a los EEUU, por el presidente del gobierno español, Aznar. Tal apoyo se produciría aún sin respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

 

.- Ayer tuve la suerte de oír en directo a Llamazares el secretario general del Partido Comunista de España defendiendo la tesis de no a la guerra en el parlamento español. No comparto la ideología rancia y caducada del Partido Comunista que no ha sabido evolucionar con los nuevos tiempos y sigue anclado en el siglo pasado, pero reconozco que  comparto al cien por cien la tesis suscrita por el Partido Comunista Español en cuanto a relaciones exteriores se refiere. En eso nos parecemos, como no tienen nada que perder dicen solo la verdad y nada más que la verdad, aunque las palabras duelan, duelen más las bombas.

¡Proletarios de todos los países, unios!

¡Abajo la Intervención Imperialista en Irak!

El pueblo iraquí enfrenta, una vez más, la amenaza de una mayor agresión del imperialismo yanqui como consecuencia de su reaccionaria política de guerra preventiva, guerra injusta de rapiña para controlar militar y económicamente los recursos de la zona. La primera agresión, en la guerra del Golfo, tuvo como justificación la denominada "invasión" de Kuwait, cuando históricamente dicho territorio pertenece a Irak y la existencia de este estado títere, tras la obligada descolonización de esta parte del mundo por Inglaterra, es y tiene como único objetivo la defensa de los intereses de las multinacionales del petróleo.

La nueva guerra de saqueo que prepara el imperialismo yanqui, forma parte de su estrategia contra los pueblos y las naciones del Mundo, sus territorios y soberanía y eleva más aún la política agresiva del imperialismo yanqui desde el primer ataque imperialista iniciado por Bush padre a primeros de los noventa del siglo pasado. El punto de mira del imperialismo yanqui está fijado sobre Irak, de la misma forma que lo hizo sobre Afganistán. De manera más solapada está interviniendo en América Latina y África y en lo inmediato sus amenazas ya se vierten sobre Irán y Corea del Norte, en lo que han dado en llamar el "eje del mal".

Amparándose en las resoluciones de la ONU que abalaron la primera guerra sobre Irak y la continuada presión militar, económica y política sobre el pueblo iraquí, sigue sembrando destrucción, hambre y miseria sobre este pueblo y busca conseguir el consenso internacional que avale su estrategia de guerra preventiva en una nueva campaña imperialista por el mundo.

Antecedentes históricos.

En 1991, recién estrenada la condición de Superpotencia hegemónica única y poniendo sello a lo que será la superioridad de su reinado, el imperialismo yanqui lideró una coalición de 33 países amparados en resoluciones de la ONU para realizar una operación quirúrgica: borrar del mapa a Irak. Usando el pretexto de liberar a Kuwait, la guerra del Golfo tenía como objetivos la destrucción total de la nación iraquí, decretar el lento genocidio del pueblo iraquí -que hoy continúa bajo la forma del mantenimiento de sanciones económicas brutales- y adueñarse de las riquezas petrolíferas de la zona.

Iniciada la agresión el 17-01-1991 y durante los siguientes 42 días, Bagdad fue machacada por las bombas en una cantidad tal a la equivalente a la arrojada sobre la ciudad de Hiroshima en la II Guerra Mundial, desatando una Apocalipsis que, en un abrir y cerrar de ojos, la próspera ciudad fue reducida a la condición de ruinas; su próspera industria fue reducida a la de la era preindustrial y, por si esto era poco, 300 toneladas de uranio empobrecido fueron esparcidas por el país, se experimentó con las peores armas de baja radiación sobre el ejército del que fue diezmado el 90% de sus efectivos y la población civil, incluso las fuerzas yanquis agresoras fueron afectadas por las nuevas armas experimentadas. La guerra biológica y la utilización de armas biológicas y radioactivas de baja intensidad utilizadas sobre el pueblo iraquí, han sido justificadas por la anterior secretaria de estado yanqui, como el precio necesario para salvaguardar los intereses del imperialismo yanqui en la zona del Golfo Pérsico.

Como consecuencia del embargo decretado, tras el desastre ocasionado por la vil agresión, más de un millón y medio de iraquíes murieron y no menos de 800.000 niños siguen muriendo lentamente en unos hospitales que carecen de todo como consecuencia del boicot de medicamentos. Tras años de padecer toda serie de penurias, fue permitido, por resolución de la ONU, el cambio de petróleo por alimentos y medicinas, pero en la práctica eso no es mas que una farsa pues del petróleo que se permite canjear sólo recibe un 30%, el resto va a parar a las arcas del imperialismo yanqui. Aparte de esta situación generada, los constantes bombardeos anglo-americanos no han cesado y en los últimos doce años han arrojado más de 200.000 toneladas de bombas que han reducido a cenizas todo tipo de infraestructuras. El sistema hidráulico y eléctrico, anteriormente uno de los mejores de los países árabes, ha sido arrasado. El embargo prohíbe la importación de cloro por lo que el agua no puede ser tratada, afectando sobre todo a los niños. Treinta mil escuelas fueron destruidas y las cosechas y almacenes de alimentos arrasados. Todas estas calamidades generadas por el imperialismo yanqui hacen del pueblo iraquí uno de los mayores mártires del siglo XXI, un mártir del silencio, un mártir de la mentira justificada únicamente por las ansias de saqueo y control del imperialismo yanqui.

Situación actual y mentiras del imperialismo.

Las agresiones que viene sufriendo el pueblo iraquí y las inmediatas que prepara la nueva coalición imperialista (a la que el actual gobierno del Estado Español se ha sumado con el objetivo de participar de las migajas de la barbarie imperialista yanqui), no son más que pequeñas muestras de los conceptos del imperialismo yanqui sobre la guerra, libertades y derechos humanos. Su política es clara y definida, pues el imperialismo yanqui, como enemigo principal de la clase obrera y las masas, de las naciones y pueblos oprimidos del Mundo, aplica su denominado concepto de "guerra preventiva", que coacciona y amenaza a todos los países, que niega el principio de coexistencia pacífica entre naciones y justifica una hegemonía por la que se arroga el derecho de atacar y destruir cualquier país o territorio en función de sus intereses imperialistas, opresión y explotación.º

A pesar de las mentiras y engaños propagados por los medios de comunicación afines al imperio, a nadie puede engañar que la actual agresión se pretende justificar con en el argumento de que guerra y petróleo están explícitamente vinculados. Esto tiene que ver con los principios imperialistas del gobierno de G. W. Bush, quien ha declarado que su "seguridad energética" es una de las principales claves de su política exterior.

Efectivamente, recién instaurado el nuevo representante de la gran burguesía imperialista en el centro del poder del imperialismo yanqui, el gobierno de Bush dejó perfectamente claro que la "seguridad energética" pasaba a ser prioridad clave de su política exterior ante la creciente dependencia del petróleo extranjero, lo que obligó a la adopción de la recomendación hecha por el grupo de trabajo para la estrategia nacional de energía, convocado por el vicepresidente Dick Cheney, quien señalaba que "el presidente haga de la seguridad energética una prioridad en nuestra política comercial y exterior".

Las reiteradas y aparentes denuncias de los medios de comunicación y de los plumíferos al servicio del imperialismo, no pueden negar que la política es economía concentrada y que la guerra no es otra cosa que la continuación de la política por otros medios. Así, lo único que buscan es encontrar justificaciones que creen opinión pública a favor de la continuación de la política imperialista, de la política de guerra y agresiones que guían al imperialismo yanqui.

Nos dicen que el nuevo atraco que prepara el imperialismo yanqui, se fundamenta en el hecho de que Irak posee armas de destrucción masiva que las resoluciones de la ONU han mandado destruir; sin embargo este hecho no ha sido probado por las reiteradas inspecciones enviadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Dicen que hay que echar abajo al dictador Huseim para evitar el genocidio que comete contra su pueblo y el pueblo Kurdo; la realidad es bien distinta, pues los que han mantenido un constante genocidio sobre el pueblo iraquí han sido los que han continuado agrediéndole desde la primera guerra del golfo, para nada hablan y condenan al estado genocida turco y su constante magnicidio contra los Kurdos, incluso gaseando aldeas enteras como ha sido mostrado por los medios televisivos.

¿Qué capacidad moral puede avalar las posturas del imperialismo yanqui? Si Sadam cuenta con armas de destrucción masiva, es porque el imperialismo yanqui le dotó de ellas para que las utilizase en la guerra contra Irán y no podemos olvidar que el propio imperialismo yanqui santificó. Los yanquis no solamente son el país que más recursos utiliza al desarrollo y fabricación de armas de todo tipo -hoy principalmente de destrucción masiva-, sino que además es el único país que las ha utilizado con todo el desparpajo en las guerras en las que ha participado y que dichas armas constituyen el principal medio de disuasión y chantaje con que amenaza a pueblos y naciones del mundo. ¿No han reconocido que fueron utilizadas armas de las denominadas de baja radiación, en los Balcanes y en la Guerra del Golfo?

Las campañas propagandísticas utilizadas por el imperialismo yanqui para justificar sus agresiones no son nuevas, la solidez de lo que denominan "pruebas" del peligro Iraquí no hacen más que mostrarnos su inconsistencia; las "pruebas", que el imperialismo dice tener, tienen más que ver con un nuevo "acorazado Maine"*, que con hechos reales.

Por su parte, el jefe del Gobierno de nuestro país y en absoluta coherencia con la escalada belicista del imperialismo yanqui, ha impulsado un espectacular aumento en los gastos de defensa de 45 millones de €, al mismo tiempo que se recortan los presupuestos para la sanidad, la educación pública, la vivienda y el espectacular aumento del paro en los dos últimos años. Por si esto fuera insuficiente, su osadía se alarga hasta atreverse a escribir de nuevo la historia a su medida y señalando como justificación del apoyo incondicional de su gobierno a las posturas del imperialismo yanqui, que hemos de estarle agradecidos por su  victoria sobre el fascismo en la II Guerra mundial, por la defensa de la democracia y la victoria sobre el comunismo en Europa. Lo que se le ha olvidado señalar, aunque estamos seguros de que lo piensa, es que el imperialismo yanqui fue el principal mentor de Franco y la dictadura franquista, desde 1953. Pero, la realidad que oculta, es que el Estado Español busca ser recompensado por las migajas que le ceda el imperialismo yanqui. Los tiras y aflojas del resto de los países del entorno de la UE, tienen que ver también con los costes de la guerra y la parte del pastel que se han de repartir tras la derrota y ocupación de Irak.

Nuestra ideología científica nos enseña que con las armas se conquistan y defienden los derechos. Dicho principio también rige para el imperialismo. Es en éste contexto que la agresión sobre el pueblo iraquí se enmarca en la meta del imperialismo yanqui y sus fuerzas armadas, cuyo objetivo es efectuar por la fuerza de las armas una reestructuración de las relaciones mundiales para beneficio de la estructura de poder de la hegemonía yanqui y así controlar la mano de obra y los recursos productivos de amplias extensiones del planeta, los recursos estratégicos, controlar a los posibles rivales potenciales, impedir que los iraquíes y los pueblos árabes o cualquier otro pueblo o nación, alcancen su auténtica emancipación y controlen su propio destino y recursos. La agresión a Irak no tiene como objetivo derrocar a Sadam y "liberar" al pueblo, como pretenden hacernos ver, esta una agresión enmarcada en la política de su modelo de exterminio en lo económico y militar de todo movimiento político social y nacional. Es la misma política seguida por el sionismo en su continuado genocidio contra el pueblo palestino y que cumple los dictados del imperialismo yanqui; es la misma política que se desenvuelve en América Latina enmarcada en la Iniciativa Andina, el Plan Colombia, el Plan Puebla-Panamá, como realidad un nuevo y enorme Plan Cóndor concretado en las grandes maniobras militares yanquis de Cabañas Uno, Dos, Tres, en Argentina y Chile, y otros ejercicios y desplazamientos de tropas en América Latina y contra las que el proletariado y las masas han comenzado a luchar para alcanzar su emancipación y recuperar sus riquezas, sus territorios.

Desarrollar la organización y movilización de las masas por la paz en lucha contra el revisionismo.

No es posible luchar por la paz, oponerse a la agresión imperialista y al propio imperialismo, sin combatir al mismo tiempo al revisionismo, pues son las dos caras de una misma moneda.

Como buenos y avezados oportunistas que son, tratan de pescar en río revuelto y, aparentemente se oponen a la guerra. Pero, ¿cuál es la realidad de lo que nos dicen? Como siempre, cabalgando por encima de los intereses de las masas, de pueblos y naciones, tratan de centrar su acción política en los efectos generados por el sistema y no en sus causas. Dicen estar contra la guerra, pero en realidad lo que tratan es de sacar tajada -para las próximas elecciones municipales y autonómicas- sirviéndose del anti-imperialismo innato en las masas, del rechazo que genera entre la clase obrera y las masas toda agresión imperialista. En lugar de oponerse abiertamente al imperialismo, celebran actos sobre los efectos nocivos de las guerras que buscan desviar a la clase y las masas a que utilicen su tiempo y esfuerzos en elaborar planes contra el hambre. Dicen que hemos de dedicarnos a crear plataformas que soliciten al gobierno de los grandes banqueros que grave a los movimientos financieros especulativos, que recorten los gastos militares y dediquen ese dinero a los países pobres -como los que plantean las movilizaciones por el 0,7-, en lugar de crear organizaciones de y en función del Poder. Todas estas propuestas del revisionismo y la socialdemocracia, tienen como objetivo el fiscalizar el estado y la dictadura burguesa, todas ellas responden a la misma lógica de seguir poniendo parches al estado prisión imperialista, remendarlo.

Aunque en estos momentos no lo expresen abiertamente, en realidad, sus posiciones están enmarcadas en el objetivo económico y político de impulsar y desarrollar aún más el imperialismo porque, según dicen, en la medida que la economía imperialista crezca, y por efecto dominó, todos nos beneficiaremos de la bonanza y la riqueza, terminaremos con el hambre, la miseria y las guerras. Nos dicen que hay que humanizar la globalización, pues así nos alegraremos de vivir esta etapa de la humanidad. En definitiva, como buenos agentes del imperialismo entre las filas del proletariado y las masas, tratan de centrar la acción política y organizativa de la clase y las masas, en la necesidad de la regulación de las relaciones imperialistas y no en destruirlas y cambiarlas por otras, se resignan y creen, como dice el imperialismo, en el fin de la historia y no ven en la globalización sus dos aspectos, sus contradicciones, el nuevo ropaje con el que se viste el imperialismo para tratar de revivirse como cadáver insepulto que es.

Estos "demócratas" siguen el mismo hilo conductor que marca el imperialismo y que no es otro que el de la capitulación y la traición a los intereses de la clase y las masas. Se centran en que ya no hay que exigir justicia contra los crímenes de los estado imperialistas de primer y segundo orden, que basta con hacer presión popular contra el imperialismo y, si acaso, que la justicia sea impertida por el propio imperialismo que la conculca. A pesar de que sus palabras altisonantes nos puedan sonar bien, los hechos han demostrado fehacientemente que a lo que se refieren es a que hay  que acumular votos y lograr escaños en el Parlamento para corregir los desmanes del mortal engranaje bélico y la barbarie del imperialismo. Por el contrario se niegan a movilizarse por la libertad de los presos políticos pues, asumiendo los postulados del imperialismo, tachan a todo aquel que combate consecuentemente al estado imperialista, como terrorista. Dicen que nuestro país es una democracia y que, en consecuencia, no hay presos políticos.

Dicen que hay que centrar la organización de las masas en organizaciones no gubernamentales, lo que significa que hemos de dedicarnos a hacer "proyectos" y pasar por ventanilla a cobrar las subvenciones estatales por los servicios prestados. En definitiva, dicen que ya no se trata de acabar con los que controlan las riquezas, sino de hay que luchar contra la pobreza, omitiendo que en control de los medios de producción por el imperialismo está el origen de las guerras y agresiones, de la explotación, de la miseria, de la opresión y frustraciones que genera. Lo que nos plantean es que hemos de luchar porque el imperialismo lo siga siendo, pero más suave, que lo sea un poco menos, que al menos lo disimule y no agudice las contradicciones sociales. En definitiva, cuando escuchemos al revisionismo, no hemos de olvidar que éste, en colusión con el imperialismo, sentó las bases para la liquidación de los países socialistas y la restauración del capitalismo....

Febrero, 2003

Comité Permanente

Partido Comunista de España

* El hundimiento del Acorazado Maine, en aguas de La Habana,a finales del siglo XIX, fue la justificación utilizada por el naciente imperialismo yanqui para intervenir militarmente en la guerra del pueblo cubano contra el colonialismo español, ampliando su dominación neo-colonial sobre los restos coloniales del imperialismo del Estado Español. Expulsado el colonialismo español de Cuba, el imperialismo yanqui impuso al Gobierno Emancipador Cubano una Constitución afín a sus intereses imperialistas, pasando Cuba a ser una neo-colonia del imperialismo yanqui hasta la guerra de liberación dirigida por F. Castro.

 

 

 

 

 

La vanguardia, 12-03-2003

 

 

“ESTA GUERRA NO ES POR PETRÓLEO, SINO RELIGIOSA

 

 

 

MARK HERTSGAARD: INVESTIGA LA IMAGEN DE EE.UU. EN EL MUNDO

 

Biografía.

 

   Recorre el mundo para explicar a los estadounidenses cómo los ven en “La Sombra del Águila” y ahora me explica cómo nos ven en Washington: irrelevantes o molestos. Y eso los pocos que nos ven, porque sólo un 14 por ciento de los estadounidenses tiene pasaporte, y la mayoría jamás cruzará una frontera. Hertsgaard, autor de un citado estudio sobre Reagan, me aporta cifras preocupantes sobre la decisiva influencia de los extremistas cristianos de EE.UU. en el destino del mundo. Consulto en Internet The Project for the Century de los “new con” firmado por Jef Bush, entre otros, y me acongojo en serio: Herstgaard no exagera. De repente descubro que los integristas no están sólo en los países árabes y que, además, éstos tienen misiles nucleares.

 

Álex García.

 

 

   “Tengo 46 años: viajo y aprendo. Nací y vivo en San Francisco. He enseñado Teoría Política en Harvard, Yale y ahora Berkeley. La Casa Blanca se considera llamada por Dios para dominar el mundo en el nuevo siglo. Casado, sin hijos. Me educaron como cristiano fanático, pero hoy practico la fe de California: tolerancia, budismo y aire libre.

 

 

M. He.-EE.UU. no inicia esta guerra para quedarse con el petróleo iraquí...

P.-¿Ah no?

.-Claro que no. Cualquiera que conozca la política norteamericana lo sabe. Ésta es una guerra de religión.

 .-No nos asuste, hombre.

.-Hechos: Bush debe la presidencia a ese 30 por ciento de votantes, que, como él mismo, se declaran “cristianos renacidos”.

.-¿Qué es eso?

.-Cristianos que han tenido un momento epifánico en su vida después de un tropiezo y han “renacido” a una nueva vida en Cristo. Son la primera fuerza política del país.

.-¿Todos han tenido una visión?

.-No se los tome a broma. Son el gran movimiento social, ideológico y electoral estadounidense de  fin de siglo. Fueron el 30 por ciento de fieles sobre los que Reagan construyó su hegemonía y son ahora los mismos que dieron el triunfo a Bush y que le apoyan en su cruzada. Estos votantes no buscan el petróleo, creen tener una misión en el mundo.

.- Cuesta creer que sean tantos.

.-Según el último sondeo religioso Gallup, el 46 por ciento de los norteamericanos se declaran “cristianos renacidos” y en muchos estados... ¡el 99 por ciento!. Cualquier sociólogo sabe lo que eso significa: el 99 por ciento se declaran al menos fieles creyentes!.

.-Usted es el experto.

 

.-Me temo que sólo soy realista. Este 30 por ciento evangélico que aupó a Reagan y ahora a Bush es el mismo que hundió la presidencia de Clinton por el caso Lewinsky, algo inaudito en otro país sin fanáticos religiosos, y es el mismo exactamente que ahora dice en las encuestas que hay que tomar Irak con o si la ONU.

.-Veo que siguen influyendo.

.-Muchísimo. La Casa Blanca sólo trabaja para ellos. Bush hace mucho más caso a la Biblia que a la ONU. Y no es que él sea un iluminado: estamos describiendo un movimiento social bien estructurado con profundas raíces comunitarias y sociales que se ha convertido en la clave de cualquier cálculo electoral realista en América.

.-¿Tanto?

.-Son ellos los que hacen el trabajo de base más ingrato, los que conquistan el concejo, los cargos locales, claves de la batalla presidencial. Además, Bush, que tuvo su propia experiencia redentora...

.-Fue un alcohólico... Y un bala...

.-...Tras un pasado oscuro, es uno de ellos de corazón. En la Casa Blanca se reza cada día antes de cualquier reunión.

.-Supongo que será optativo.

.-No falta ni un consejero a la plegaria...¡Y no son cortas! Pues bién, estos integristas se consideran así mismos el pueblo elegido para dirigir la Tierra y han escrito The Project for the New American Century (PNAC), El manifiesto del nuevo siglo americano.

.-Que supongo que no es un canto a la igualdad entre los pueblos.

.-Para ellos es la voz de Dios. Consiste en la proclamación por mandato divino de la hegemonía necesaria de Estados Unidos sobre la Tierra. Está claramente conectado con el “Libro de las revelaciones”y su saga, cuarenta millones de ejemplares, y sé muy bien de lo que hablo porque yo fui educado por uno de estos cristianos integristas.

.-Suena todo muy sectario.

.-Lo es . Lo inspiran los hermanos Bush -aunque su padre no es fanático-, Rumsfeld, Cheney, Wolfowitz, Perle, Crisol, Kagan y un grupito de ideólogos que están convencidos –y cuando digo convencidos no hablo de razón, sino de fe, y hablo en serio- de que  están llamados a dominar el mundo por el bien de la humanidad e inspiración divina.

.-No me tranquiliza usted...

.-Yo estoy tan aterrorizado como usted, y prepárense en la Unión Europea, porque hasta ahora eran ustedes irrelevantes; desde ahora, y acabo de leer lo que Kagan ha escrito sobre la Unión Europea para la Casa Blanca, ustedes los europeos son anticuados y molestos. Si acatan los designios del PNAC, los  ignorarán; si los cuestionan, primero los castigarán y desactivarán, y luego los ignorarán.

.-¿Y qué  pretenden exactamente en Irak?

.-Dar ese primer paso del mandato divino para América en Oriente Medio, y en el centro de esa visión evangélica está Israel.

.-¿También es la revelación?

.-Es triste, pero sí, estamos en manos de estos visionarios. Sitúan a Israel en el centro del PNAC porque si gana Israel, como dice el “Libro de las revelaciones”, gana América, el auténtico pueblo elegido.

.-La extrema derecha y los judíos nunca se llevaron bien...Tampoco en EE.UU.

.-Es una alianza táctica curiosa, pero es  que no le estoy denunciando ninguna conspiración, sólo le estoy leyendo las encuestas, que son mi trabajo de analista. Llevo veinte años siguiendo las estrategias de los “new con” (nuevos conservadores) y hoy nuestra política exterior la dictan ellos: Israel es un hermano en la Biblia, de momento.

.-¿Y usted cree que Bush ganará así un segundo mandato?

.-Históricamente, es la economía la que decide las elecciones en mi país. Pero en Washington todo el mundo está enloquecido, y periodistas y políticos rivalizan por ponerse a las órdenes del “comandante en jefe” Bush.

.-Panorama desolador.

.-Mientras, el propio padre del presidente le culpa de romper con Europa, y Brezinsky dice que esa ruptura es peor que perder Irak. ¿Y sabe que todos los generales de prestigio retirados como Scwarzkopf o el ex jefe de la OTAN, Wesley Clark, se manifiestan en contra de la invasión? Esto no es una guerra por petróleo. Esto es una cruzada integrista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARTA DEL OBISPO DE FLORIDA, EE.UU. AL PRESIDENTE BUSH

Traducción de la carta enviada al Presidente de los EUA por Robert
Bowan, Obispo de la Iglesia Católica de Florida, Teniente Coronel y ex
combatiente de Vietnam:

"Señor Presidente:

Cuente la verdad al pueblo Sr. Presidente, sobre el terrorismo. Si los
mitos acerca del terrorismo no son destruidos, entonces la amenaza
continuará hasta destruirnos por completo.

La verdad es que ninguna de nuestros millares de armas nucleares pueden
protegernos de esa amenaza. Ni el sistema de "guerra en las estrellas"
-no importa cuan técnicamente avanzado sea ni cuantos trillones de
dólares se hayan gastado en él- podrá protegernos de un arma nuclear
traída en un barco, avión o auto alquilado.- Ni siquiera ningún arma de
nuestro vasto arsenal, ni siquiera un centavo de los u$s
270.000.000.000.000.- (si, esos mismos doscientos setenta billones de
dólares) gastados por año en el llamado "sistema de defensa" puede
evitar una bomba terrorista; esto es un hecho militar.

Como Teniente coronel retirado y frecuente conferencista en asuntos de
seguridad nacional, siempre sito el salmo 33 "Un rey no está a salvo por
su poderoso ejército, así como un guerrero no está a salvo por su enorme
fuerza". La reacción obvia es: "¿Entonces, qué podemos hacer? ¿No existe
nada que podamos hacer para garantir la seguridad de nuestro pueblo?

Existe. Pero para entender eso, precisamos saber la verdad sobre la
amenaza.-

Sr. Presidente, Ud. no contó al pueblo americano la verdad sobre por qué
somos el blanco del terrorismo, cuando explicó por qué bombardearíamos
Afganistán y Sudán. -Ud. dijo que somos blanco del terrorismo porque
defendemos la democracia, la libertad y los derechos humanos del mundo.-
¡Qué absurdo, Sr, Presidente!

Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo,
nuestro gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación
humana.- Somos blanco de los terroristas porque somos odiados. Y somos
odiados porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas. ¿En cuantos
países agentes de nuestro gobierno depusieron a líderes popularmente
elegidos, sustituyéndolos por dictadores militares, marionetas deseosas
de vender a su propio pueblo a corporaciones norteamericanas
multinacionales?

Hicimos eso en Irán cuando los marines y la CIA derrocaron a Mossadegh
porque el tenía la intención de nacionalizar el petróleo. Y lo
sustituimos por el Sha Reza Palhevi y armamos, entrenamos y pagamos a su
odiada guardia nacional -la Savak- que esclavizó y embruteció al pueblo
iraní para proteger el interés financiero de nuestras compañías de
petróleo.-

Después de eso, ¿será difícil de imaginar que existan en Irán personas
que nos odien?
Hicimos lo mismo en Chile, hicimos lo mismo en Vietnam, más
recientemente intentamos hacerlo en Iraq. Y claro, cuantas veces hicimos
eso en Nicaragua y en otras repúblicas de América Latina. Una vez tras
otra, hemos destituido líderes populares que deseaban que las riquezas
de su tierra