Es el doctor Pierre Barbet, cirujano del Hospital de San José, en Paris, es quien a hecho hasta ahora el estudio medico más completo de la pasión de Cristo, según se deduce de la Sábana Santa (Cf. La Passione di N. S. Gesu Cristo secondo el chirurgo, L. I. C. E. Torino). En la imposibilidad de abarcar todos los aspectos, recogemos los que nos parecen de mayor interés.

 a) Lesiones sufridas en el vía crucis.  

Barbet descubrió en la Santa Sábana lesiones provocadas por las caídas de Jesús en el vía crucis. Son llagas en la cara anterior de la rodilla, sobre todo en la derecha. Esta ultima presenta excoriaciones de forma y tamaño diverso, de bordes recortados y situadas exactamente en la región rotuliana. Hacia arriba y afuera se observan dos llagas redondas de dos centímetros de diámetro. Las lesiones son menos evidentes y numerosas en la rodilla izquierda.

Las huellas de la cruz sobre la espalda, se acusan con nitidez en la imagen dorsal de la silueta de la reliquia. Sobre el hombro derecho, en la parte externa de la región supraescapular, es visible una extensa zona escoriada hacia abajo y adentro, que ofrece la forma de un rectángulo de 10 centímetros de largo pop 9 de ancho. Mas abajo en la región escapular, se observa otra zona escoriada que presenta los mismos caracteres (forma redonda con un diámetro de 14 centímetros), exactamente situada en la región subescapular, en la punta del omóplato izquierdo.

 b) Topografía de las llagas de las manos.

Merced a las observaciones del profesor Barbet sobre la Sábana Santa o Sindone completadas luego con detenidas experiencias anatómicas, se ha podido localizar la topografía exacta de las llagas que produjeron los clavos en las manos de Jesucristo al ser crucificado. Los clavos no atravesaron la palma, como vulgarmente se cree, sino el carpo o región del pulso, esto es, la muñeca, precisamente por el espacio libre, llamado de Destot, limitado por los huesos semilunar, pirami­dal, grande y ganchoso. En efecto, en la Santa Sábana se descubre en la mano izquierda, que es la más visible, una llaga redonda, muy neta, en la altura del carpo, de la cual parte un reguero de sangre que se irradia oblicuamente hacia arriba y hacia la derecha hasta alcanzar el margen cubital del antebrazo.

 c) La lanzada y la llaga del costado.

Es creencia muy común el de situar el corazón a la izquierda del tórax, pero esta localización no es exacta. El corazón ocupa una posición mediana y anterior y reposa sobre el diafragma, detrás de los pulmones y del peto óseo esternocostal, en el mediastino anterior. Solo su punta queda situada netamente a la izquierda, mientras su base supera por la derecha el esternón.

Seguramente como consecuencia de aquella opinión popular que ubica el corazón a la izquierda del pecho existe una tradición de opi­niones que colocan el golpe de lanza como asestado en el costado izquierdo de Jesús. No todas, sin embargo. San Agustín, por ejem­plo, habla en La Ciudad de Dios de latere dextro, flanco derecho, y asimismo San Francisco de Asís. Según Barbet, la santa sabana ha venido a dilucidar con su objetivo testimonio este problema, como tantos otros.

La silueta del lienzo, con la manifestación clara de la herida, prueba que el cadáver de Cristo sufrió la lanzada en el cos­tado derecho y no en el izquierdo. Observase así en la imagen ante­rior de la sabana un enorme coagulo de sangre en el lado derecho, que se extiende hacia arriba unos seis centímetros y desciende en una dimensión de 15. Su margen interno aparece dentellado con re­cortadura redondeada. Esta mancha de sangre resalta en la sabana, vista a pleno día, por su tonalidad carmín. La parte superior del coagulo, la mas próxima a la llaga, es la más espesa y la más ancha, y en ella se distingue netamente una huella oval, que es evidente­mente la impronta de la llaga del costado. Esta llaga mide 4,4 centímetros de largo por 1,5 de ancho.

Barbet deduce que la herida fue abierta por una lanza actuada por un soldado de infantería desde el suelo, la cual penetró por el quinto espacio intercostal derecho, atravesó la pleura y el pericardio e hirió la aurícula derecha. La sangre que broto de la lanzada pro­venía de dicha aurícula, y el agua, del pericardio. Por lo tanto estudiando la Sábana Santa, que si es autentica los medios pueden hacerse una idea bastante cercana a la realidad de la agonía extraordinariamente penosa de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Los reos que eran condenados a ser crucificados por el poder romano sufrían una terrible agonía, que se podía prolongar durante horas, pero los mas fuertes físicamente podían sobrevivir unos pocos días. La muerte de los crucificados se producía por asfixia. Pero Jesús de Nazareth después de aguantar hasta 120 latigazos, lo que cualquier hombre hubiese muerto enseguida al desangrarse, sobrevivió varias horas, demostrando con su extraordinaria fortaleza que poseía la naturaleza humana y divina a la vez.

La Medicina ha hablado. ¡Vean mas detenidamente lo que dicen los medicos sobre el terrible sufrimiento que sufrió nuestro Señor Jesucristo por las brutales torturas que le hicieron!.

 

Desde la primera fotografía pudo descubrirse que la Sábana Santa de Turín era el negativo de una perfecta representación completa, por delante y detrás, de un hombre muerto en una cruz y tras una pasión brutal. Diversos médicos, estudiando detenidamente los claros rasgos de la imagen, han hecho con mucha precisión una descripción de los padecimientos de la persona impresa en la sábana. Entre las características principales destacaban:

 

- El cartílago de la nariz aparece roto y desviado a la derecha. Podría deberse a una caída, pues se han encontrado restos microscópicos de tierra de las mismas características físicas que la de Jerusalén en ella, así como en la rodilla izquierda y las plantas de los pies.

 

- En el lado derecho del rostro aparece una gran contusión. Los especialistas afirman que sería producto por el golpe de una barra corta y redonda de entre 4 y 5 centímetros de diámetro.

 

- En el resto de la cara aparecen diversas excoriaciones especialmente en la mejilla derecha y la frente.

 

- En las regiones que rodean los ojos y cejas, hay llagas y contusiones iguales a las que producirían puñetazos o palos. La ceja derecha está claramente inflamada.

 

- La frente muestra más de 50 pequeñas y profundas heridas que evidencian la aplicación de una corona de espinas. Las manchas más grandes coinciden exactamente con venas y arterias reales, cuando en la Edad Media se desconocía la circulación de la sangre.

 

- A lo largo de todo el cuerpo, con especial claridad en la espalda pueden verse marcas idénticas a las que dejaría el instrumento que utilizaban los romanos para flagelar a un reo: el Flagrum taxillatum (objeto que no se usaba en la edad media y que se conoce en nuestros días por haber sido encontrado en excavaciones arqueológicas).

 

El profesor Bollone ha podido contar más de 600 contusiones y heridas en todo el cuerpo y se cuentan las marcas de los azotes en unos 120. (Al estilo romano, pues los judíos no daban más de 40). ¡Jesús de Nazareth pudo aguantar 120 latigazos y hasta incluso algunos dicen que hasta 180 latigazos!. ¡Para que luego digan, en plan de critica, que la película "La Pasión de Cristo", del Mel Gibson, es exagerada la escena de la flagelación!.

 

- La herida del costado tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza romana: 4.4 cm x 1.4 cm. (según expertos en historia de Roma, el hecho de estar en el costado derecho se explicaría por la práctica romana de dar este golpe a un enemigo que protege su corazón con el escudo que lleva en la izquierda).

 

- El Dr. Judica Cordiglia, en base al tipo de rastro dejado por el flujo de sangre, ha demostrado que todas las heridas fueron producidas en vida del sujeto excepto la del costado, que se infirió post mortem.

 

- Desde el punto de vista anatómico y teniendo en cuenta que los principales antropólogos coinciden en que la imagen corresponde a la de un semita, "el Hombre de la Sábana Santa", es la única imagen que se ajusta 100% a lo que la Medicina legal considera que fue la muerte de Cristo.

 

El apóstol Pablo dijo que la Resurrección gloriosa de Cristo sucedió en un instante, así como la Resurrección de todos nosotros al Final de los Tiempos sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos (1Co.15,52), es decir, ¡en un flash instantáneo!, tal como dicen los físicos de la NASA que han analizado la SINDONE.

 Todos estos detalles coinciden exactamente con lo que nos cuenta el Evangelio, referente a nuestro Señor Jesucristo, por consiguiente, la única conclusión razonable y posible es que el HOMBRE GRABADO A FUEGO EN LA SÍNDONE SOLO PUEDE SER NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, EL HIJO DE DIOS.

Quiero de insistir que un cristiano no solo debe pensar o creer que Jesucristo resucitó, sino que también Jesucristo regresará de forma literal en su Segunda Venida para resucitar a los muertos y juzgar a vivos y muertos, y no creer que la Segunda Venida de Jesús tiene un valor simbólico o metafórico. ¡Debemos esperar a Jesús y pensar que el Fin de los Tiempos puede suceder como ladrón por la noche!. ¡Cuando la Humanidad menos lo espere!. ¡Jesucristo regresará en su Segunda Venida y el Reino que implantará junto con los justos durará por toda la Eternidad!.

Sin embargo nosotros los cristianos no deben ver el sacrificio de Cristo como conmemorar simplemente un hecho pasado, por que el valor de su sacrificio inmenso por nosotros en la Cruz. ¡Con el sacrificio de Jesucristo en la Cruz, el pecado y la muerte ya han sido vencidos para siempre!. ¡Satanás ha sido vencido de antemano y ya sabe que no tiene nada que hacer, aunque todavía se lo va a pasar bien hasta el Día del Fina!. ¡El mal fue vencido ya desde el nacimiento de Jesús!.

Pero ahora en la Pascua, que se prolonga desde el Domingo de Resurrección hasta el Dia de Pentecostés, los cristianos celebramos el triunfo de Jesucristo sobre la muerte con su Resurrección. Pero los cristianos no solo debemos creer que Jesús resucitó, sino que Jesucristo regresará de forma literal, físicamente, al Final de los Tiempos para resucitar a los muertos juzgar a vivos y muertos. ¡Y el Reino de Cristo junto con los justos nunca tendrá Fin!.