ES DIFÍCIL CONFORMARSE CON REPTAR

CUANDO UNO HA NACIDO CON EL IMPULSO DE VOLAR

José Vidal (Nicaragua)

 

UNA FÁBULA INDIA...

Indra mató al  dragón, titán gigantesco que se  ocultaba en las  montañas en forma de  nube

  serpiente y retenía cautivas en su vientre las aguas del cielo.  El dios arrojó  un rayo al

  centro de sus pesados anillos, y el monstruo saltó en pedazos como un montón de  juncos se-

  cos.  Se liberaron las aguas, y se desparramaron en franjas sobre la  tierra para correr de

  nuevo por el cuerpo del mundo.

  Este diluvio es el diluvio de la vida y pertenece a todos. Es la savia del campo y del bos-

  que, la sangre que circula por las venas.  El monstruo se había  apropiado del bien  común,

  hinchando su cuerpo egoísta y codicioso entre el cielo y la  tierra; pero ahora ha  muerto.

  Han vuelto a manar los jugos. Los titanes se han retirado al submundo; los dioses han vuel-

  to a la cima de la montaña central de la tierra para reinar desde las alturas.

  Durante el  periodo de  supremacía del dragón se habían ido  agrietando y desmoronando  las

  mansiones de la excelsa ciudad de los dioses.  Lo primero que hizo Indra ahora fue  recons-

  truirlas. Todas las divinidades del cielo lo aclamaron como su salvador. Llevado de su vic-

  toria, y consciente de su fuerza, llamó a  Vísvakarman, dios de los oficios y  las artes, y

  le ordenó que erigiese un palacio digno del inigualable esplendor del rey de los dioses.

  Vísvakarman, genio milagroso, logró construir en un solo año una espléndida residencia, con

  palacios y jardines, lagos y torres. Pero a medida que avanzaba su trabajo, las demandas de

  Indra se volvían más exigentes y las visiones que revelaba más vastas. Pedía terrazas y pa-

  bellones adicionales, más estanques, más arboledas y parques. Cada vez que Indra se acerca-

  ba a elogiar los trabajos, daba a conocer visiones tras visiones de maravillas que aún que-

  daban por realizar.  Así que el divino artesano, desesperado, decidió pedir auxilio arriba,

  y acudió a Brahmâ, creador demiurgo, encarnación primera del Espíritu Universal que  habita

  muy arriba, lejos de la tumultuosa esfera olímpica de la ambición, la lucha y la gloria.

  Cuando Vísvakarman se presentó en secreto ante el  altísimo trono y expuso su  caso, Brahmâ

  consoló al solicitante: "Pronto serás liberado de esa carga", dijo, "Vete en paz".

  Acto seguido, mientras Vísvakarman  bajaba presuroso a la  ciudad de Indra, subió  Brahmâ a

  una esfera aún más alta. Se presentó ante Visnu, el Ser Supremo de quien él mismo, Creador,

  era mero agente.  Vishnú escuchó con  beatífico silencio, y con un mero  gesto de cabeza le

  hizo saber que la petición de Vísvakarman sería satisfecha.

  A la mañana siguiente apareció ante las puertas de Indra un jovencísimo brahmán con el bas-

  tón de peregrino, y pidió al guardián que anunciase su visita al rey.  El centinela  corrió

  a avisar a su señor, y éste acudió a recibir en persona al auspicioso huésped.  Era un niño

  delgado, de unos diez años, resplandeciente de sabiduría.  Indra lo descubrió entre la mul-

  titud de chicos que miraban embelesados.  El niño saludó al anfitrión con una mirada  dulce

  de sus ojos negros y brillantes. El rey inclinó la cabeza ante el niño santo, y el  niño le

  dió alegre su bendición.  Se retiraron los dos al  gran salón de Indra, y allí el  dios dió

  ceremoniosamente la bienvenida a su invitado, con ofrendas de miel, leche y frutos.  Y dijo

  a continuación:

  "¡Oh, venerable niño, dime el objeto de tu visita!".  El hermoso niño contestó  con una voz

  que era profunda y suave  como el trueno lento de las  nubes prometedoras de  lluvia: "¡Oh,

  Rey de los dioses, he oído hablar del poderoso palacio que estás construyendo, y he  venido

  a exponerte las preguntas que me vienen a la cabeza. ¿Cuántos años harán falta para comple-

  tar esta rica e inmensa residencia? ¿Qué nuevas proezas de ingeniería se prevé que  lleve a

  cabo Vísvakarman? ¡Oh, el más Alto de los Dioses -el semblante del niño luminoso esbozó una

  sonrisa  bondadosa, apenas perceptible-, ningún Indra anterior  ha conseguido completar  un

  palacio como el que va a ser el tuyo!".

  Embriagado de triunfo, al rey de los dioses le divirtió la pretensión de este niño de saber

  sobre los Indras anteriores a él.  Con una sonrisa paternal, le  preguntó: "Dime, criatura,

  ¿has visto tú muchos Indras y Vísvakarmans... o has oído hablar siquiera de ellos?". El ma-

  ravilloso huésped asintió con aplomo. -"Desde luego; he visto muchos -su voz  era  cálida y

  dulce como la leche de vaca recién ordeñada; pero sus palabras hicieron correr un frío len-

  to por las venas de Indra-. Hijo mío, prosiguió el niño, yo he conocido a tu padre Kásyapa,

  el Anciano Tortuga, señor y progenitor de todos los seres de la tierra.  Y he conocido a tu

  abuelo Marîci, Rayo de Luz Celestial, hijo de Brahmâ. Marîci fue engendrado por el espíritu

  puro del dios Brahmâ; su riqueza y su  gloria fueron su santidad y su  devoción.  Y también

  conozco a Brahmâ, al que Vishnú hace salir  del cáliz del loto nacido de su  ombligo.  Y al

  propio Vishnú, el Ser Supremo que sostiene a Brahmâ  en su labor creadora, lo conozco  tam-

  bién.

  Oh, Rey de los Dioses, yo he conocido la disolución espantosa del universo.  He visto pere-

  cer a todos una y otra vez, al final de cada ciclo, momento terrible  en que cada átomo  se

  disuelve en las aguas puras y primordiales de la eternidad de donde habían salido original-

  mente.  Así, pues, todo regresa a la infinitud insondable y turbulenta del  océano cubierto

  de absoluta negrura y vacío de todo vestigio de seres animados.  Ah, ¿quién puede  calcular

  los universos que han desaparecido o las  creaciones que han  surgido, una y otra  vez, del

  abismo informe de las aguas inmensas? ¿Quién contar los siglos efímeros del mundo  según se

  van sucediendo  interminablemente? ¿Y quién enumerar los universos  que hay en la  infinita

  inmensidad del espacio, cada uno con su Brahmâ, su  Vishnú y su Siva? ¿Quién decir los  In-

  dras que hay en ellos, los Indras que reinan a la vez  en los innumerables mundos, los  que

  desaparecieron antes de que éstos surgieran, y los que se suceden en cada  línea, remontán-

  dose a la divina realeza, uno tras otro, y, uno  tras otro, desapareciendo? Oh, Rey  de los

  Dioses, hay entre tus siervos quien sostiene que es  posible contar los granos de la  arena

  que hay en la tierra y las gotas de la lluvia que cae del cielo, pero que jamás pondrá na-

  die número a todos esos Indras. Eso es lo que saben los Sabios.

  La vida y reinado de un Indra dura setenta y un eones; y cuando han expirado veintiocho In-

  dras, ha transcurrido un Día y una Noche de Brahmâ. Pero la existencia de un Brahmâ, medida

  en Días y Noches de Brahmâ, es sólo de ciento ocho años. Brahmâ sucede a Brahmâ; desaparece

  uno y surge el siguiente; no se pueden contar sus series interminables.  El número de Brah-

  mâs no tiene fin... por no hablar del de Indras.

  Pero ¿quién puede calcular el número de universos que hay en un momento  dado, cada uno al-

  bergando un Brahmâ y un Indra? Más allá de la visión mas lejana, apretujándose en el  espa-

  cio exterior, los universos vienen y se van, formando una hueste interminable.  Como  naves

  delicadas, flotan en las aguas  insondables y puras que son el cuerpo  de Vishnú.  De  cada

  poro de ese cuerpo borbotea e irrumpe un universo. ¿Puedes tú presumir de  contarlos? ¿Pue-

  des contar los dioses de todos esos mundos... de los mundos presentes y pasados?".

  Una procesión de hormigas había hecho su aparición en la sala durante el discurso del niño.

  En orden militar, formando una columna de cuatro metros de anchura, la  tribu avanzaba  por

  el suelo. El niño reparó en ellas; calló y se quedó observándolas; luego soltó una asombro-

  sa carcajada, pero acto seguido se abismó en mudo y  pensativo silencio. "¿De qué te  ríes?

  tartamudeó Indra, ¿Quién eres tú, ser misterioso, bajo  esa engañosa apariencia de  niño?",

  el orgulloso rey sentía secos los labios y la garganta; y  su voz siguió repitiendo  entre-

  cortada: "¿Quién eres tú, Océano de Virtudes, envuelto en  bruma ilusoria?".  El  asombroso

  niño prosiguió: "Me han hecho reír las hormigas. No puedo decir el motivo.  No me pidas que

  lo desvele. Ese secreto encierra la semilla del dolor y el fruto de la sabiduría. Es el se-

  creto que abate con un hacha el árbol de la vanidad mundana, y corta sus raíces y  desmocha

  su copa. Ese secreto es una lámpara para los que andan a tientas a causa de la  ignorancia.

  Ese secreto se halla enterrado en la sabiduría de los siglos y rara vez se revela  siquiera

  a los santos.  Ese secreto es el aire  vital de los ascetas  que renuncian a la  existencia

  mortal y la trascienden; pero a las personas mundanas, engañadas por el deseo y el orgullo,

  las destruye". El niño sonrió y se quedó callado. Indra le miró, incapaz  de moverse. "¡Oh,

  hijo de  brahmán" -suplicó el rey a  continuación, con  nueva y visible  humildad-, "no  sé

  quién eres, pareces la encarnación de la Sabiduría.  Revélame ese secreto  de los  tiempos,

  esa luz que disipa las tinieblas". Requerido de este modo, el niño enseñó al dios la oculta

  sabiduría: -"He visto, oh Indra, cómo desfilan las hormigas en  larga procesión.  Cada  una

  fue un Indra en otro tiempo. Al igual que tú, cada uno, en virtud de piadosas acciones  pa-

  sadas, ascendió al rango de rey de los dioses.  Pero ahora, tras multitud de renacimientos,

  cada uno se ha convertido otra vez en hormiga.  Ese ejército es un ejército de antiguos In-

  dras.

  La piedad y las acciones sublimes elevan a los  habitantes del mundo  al reino glorioso  de

  las mansiones celestiales, o a los dominios superiores de Brahmâ  y de Siva, y a la  esfera

  más alta de Vishnú, pero las acciones reprobables los hunden en mundos inferiores, en abis-

  mos de sufrimiento y dolor que implican la reencarnación en pájaros o sabandijas, o renacer

  del vientre de cerdos y de animales salvajes, o entre los árboles o los insectos.  Por  sus

  acciones merece uno la felicidad  o el sufrimiento, y se  convierte en esclavo o en  señor.

  Por sus acciones alcanza uno el rango de rey o de brahmán, o de algún dios, o de un Indra o

  un Brahmâ. Y merced a sus acciones, además, contrae enfermedades, adquiere belleza o defor-

  midad, o vuelve a nacer en la condición de monstruo.

  Esa es la sustancia del secreto. Esa es la sabiduría que, surcando  el océano del  infierno

  conduce a la beatitud.

  La vida en el ciclo de los innumerables  renacimientos es como la visión de  un sueño.  Los

  dioses de las alturas, los árboles mudos y las piedras, son otras tantas apariciones de es-

  ta fantasía. Pero la Muerte administra la ley del tiempo. A las órdenes del tiempo la Muer-

  te es señora de todos.  Perecederos como burbujas son los seres buenos y los seres malos de

  ese sueño. El bien y el mal se alternan en ciclos interminables.  De ahí que los  sabios no

  se aten al bien ni al mal. Los sabios no se atan a nada en absoluto".  El niño  concluyó la

  lección sobrecogedora y miró a su anfitrión en silencio.  El rey de los dioses, a  pesar de

  su esplendor celestial, se había reducido ante sí mismo a  la insignificancia.  Entretanto,

  otra asombrosa aparición había entrado en el salón.

  El recién llegado tenía aspecto de ermitaño. Un moño espeso le coronaba la  cabeza; llevaba

  una gamuza negra atada a la cintura; en la frente tenía pintada una marca blanca; se prote-

  gía la cabeza con un mísero quitasol de yerba, y en el  pecho le nacía un extraño y  espeso

  mechón: estaba intacto en la circunferencia, pero del centro le habían desaparecido  muchos

  pelos al parecer.  Este personaje santo fue directamente a Indra, y el niño se sentó  entre

  los dos, donde permaneció inmóvil como una roca.  El majestuoso Indra, recobrando  de algún

  modo su papel de anfitrión, le saludó con una inclinación de cabeza, le rindió  homenaje, y

  le ofreció leche agria y miel como refrigerio; luego titubeante, aunque reverente, preguntó

  a su austero huésped por su salud. Tras lo cual el niño se dirigió al hombre santo, hacién-

  dole las mismas preguntas que el propio Indra le  habría formulado. -"¿De dónde  vienes, oh

  Hombre Santo? ¿Cómo te  llamas y qué te trae a  este lugar? ¿Dónde  está tu actual  hogar y

  cuál es el significado de este quitasol de yerba? ¿Qué prodigio  es ése del mechón circular

  que tienes en el pecho: por qué es tan espeso en la  circunferencia pero en el centro  está

  casi pelado? Ten la bondad, oh Hombre Santo, de responder brevemente a estas preguntas. Es-

  toy deseoso de comprender".

  El santo anciano sonrió con paciencia; y empezó lentamente:

  -"Soy brahmán. Me llamo Velloso.  Y he venido aquí a advertir a Indra.  Como sé que mi vida

  es breve, he decidido no tener hogar, ni construirme casa ninguna, ni casarme, ni procurar-

  me sustento.  Vivo de las limosnas.  Para protegerme del sol y de la  lluvia llevo sobre mi

  cabeza este quitasol de yerba.  En cuanto al rodal de pelo que tengo en el pecho, es fuente

  de aflicción para los hijos del mundo.  Sin embargo, enseña sabiduría.  Por cada Indra  que

  muere se me cae un pelo. Por eso en el centro me ha desaparecido todo el vello.  Cuando ex-

  pire la otra mitad del periodo asignado al Brahmâ actual, yo mismo moriré. Oh, niño brahmán

  se supone que mis días son escasos; así que, ¿para qué tener esposa, hijo ni casa?.

  Cada parpadeo del gran Vishnú señala el paso de un Brahmâ.  Todo cuanto hay  por debajo  de

  esa esfera de Brahmâ es inconsistente como la nube que adopta una forma y se deshace a con-

  tinuación.  Por eso me dedico sólo a meditar sobre los incomparables pies de loto del altí-

  simo Vishnú. La fe en Vishnú es más que la dicha de la redención; porque toda  alegría, in-

  cluso la celestial, es frágil como un sueño, y no  hace sino estorbar la  concentración  de

  nuestra fe en el Ser Supremo.

  Siva, dador de paz, altísimo guía espiritual, me ha enseñado esta sabiduría maravillosa. No

  ansío experimentar las  diversas formas de redención, ni  compartir las mansiones  excelsas

  del altísimo y gozar de su eterna presencia, o ser como él en cuerpo y atavío, o convertir-

  me en parte de su augusta sustancia o incluso diluirme enteramente en su esencia inefable".

  De repente, el hombre santo calló y desapareció.  Había sido el propio dios Siva; ahora ha-

  bía regresado a su morada supramundana.  Simultáneamente, el niño brahmán, que era  Vishnú,

  desapareció también. El rey se quedó solo, desconcertado y perplejo.

  Indra, el rey, reflexionó; y le pareció que estos sucesos habían sido un sueño.  Pero ya no

  sintió deseo ninguno de aumentar su esplendor celestial ni de continuar la  construcción de

  su palacio. Llamó a Vísvakarman. Y acogiendo amablemente al artífice con palabras halagado-

  ras, lo cubrió de joyas y regalos preciosos, y lo mandó a su casa tras una suntuosa  despe-

  dida.

  Indra, el rey, deseó ahora alcanzar la redención. Había adquirido sabiduría, y sólo  quería

  ser libre. Confió la pompa y el peso  de su oficio a su hijo, y se  dispuso a retirarse  al

  desierto y abrazar la vida de ermitaño.  Al enterarse su hermosa y  apasionada reina, Sacî,

  se sintió traspasada de dolor.  Llorando de pena y de absoluta desesperación, Sacî acudió a

  Brhaspati, ingenioso sacerdote, consejero espiritual de la casa de Indra, y Señor de la Sa-

  biduría Mágica. Postrándose a sus pies, Sacî le suplicó que apartase del ánimo de su esposo

  tan severa resolución. El hábil consejero de los dioses, que con sus ardides y encantos ha-

  bía ayudado a los poderes celestiales a arrancar el gobierno del  universo de las manos  de

  sus rivales los titanes, escuchó meditabundo la queja de la voluptuosa y desconsolada diosa

  y asintió con sagacidad. Con sonrisa de mago, la cogió de la mano y la condujo a la presen-

  cia de su esposo.  Allí, en su papel de  maestro espiritual, disertó  sabiamente sobre  las

  virtudes de la vida espiritual, pero también de las virtudes de la secular.  De una y de o-

  tra dijo lo que era de justicia. Desarrolló muy  hábilmente su discurso; convenció al  real

  discípulo para que moderase su extrema resolución, y  devolvió a la reina su radiante  ale-

  gría.

  Este Señor de la Sabiduría Mágica había  compuesto en otro tiempo un  tratado sobre el  go-

  bierno, a fin de enseñar a Indra a gobernar el mundo.  Ahora escribió  una segunda obra, un

  tratado sobre política y ardides del amor conyugal. Demostrando el dulce arte siempre nuevo

  del galanteo, y encadenando al amado con lazos duraderos, su inestimable libro  proporcionó

  sólidos cimientos a la vida conyugal de la pareja reunida.

           

  Así concluye la maravillosa historia de cómo el rey de los dioses fue humillado  por su or-

  gullo desmedido, curado de una ambición excesiva y, por medio de la sabiduría  espiritual y

  secular, devuelto a la conciencia de su propia función  en el juego transitorio de la  vida

  interminable.

           

 

 

Ser discípulo.

             Permite que cada situación en la vida te enseñe algo.

           

Cuando el gran Místico Sufí Hasan se estaba muriendo alguien le preguntó...”Hasan, cuéntanos..... quién fue tu Maestro..?

Y Hasan viendo que tiene una bonita oportunidad para brindar su última enseñanza al hombre les cuenta.... “Tuve miles de maestros.....decir sus nombres me llevaría meses y ya es muy tarde para eso.....pero hay 3 maestros de los que les hablaré.....

Uno fue un ladrón.....una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a una aldea ya era muy tarde .....todo estaba cerrado. Pero finalmente encontré a un hombre que estaba tratando de abrir desde afuera la ventana de una casa y le pregunté dónde podía pasar la noche y me dijo: “A esta hora va a ser muy difícil que encuentres un lugar pero puedes estar conmigo, si no te molesta estar con un ladrón....”

Era un hombre maravilloso; finalmente me quedé un mes con él. Todas las noches me decía: “Bueno, me voy a trabajar.....no hables con nadie,  quédate aquí, descansa, reza, haz tus oraciones o medita....”

Cuando volvía yo siempre le preguntaba: “Conseguiste algo?” y él me decía: “No, esta noche no, pero mañana voy a intentarlo otra vez, y si Dios quiere......”

 Nunca perdía las esperanzas, siempre estaba contento y consciente de que mañana podía tener suerte....

 Cuando estuve meditando durante muchos años sin parar y como nada sucedía llegó un momento en el que me sentía tan desesperado que pensé en terminar con lo que ya llamaba una estupidez......y de repente me acordaba del ladrón que todas las noches decía... "Si Dios quiere......mañana sucederá”

Mi segundo maestro fue un perro......yo iba al río y llegó un perro que también tenía sed, a lo que se acercó a tomar agua vio a otro perro -su propio reflejo- y se asustó, ladró y salió corriendo, pero tenía tanta sed que finalmente regresó, y finalmente a pesar de su miedo, saltó hacia el agua y su reflejo desapareció. Allí supe que me había llegado un mensaje de Dios....uno debe dar el salto a pesar de todos los miedos.

Mi tercer maestro fue un niño. Yo llegué a una ciudad y vi a un niño que llevaba una vela encendida, iba hacia el templo y bromeando le pregunté....”Tú mismo encendiste la vela?” y a lo que me dice: “Sí, señor” le pregunté: “Hace poco la vela estaba apagada y ahora está encendida....me puedes decir de dónde vino la luz?”

El niño se rió y apagó la vela de un soplo y me dijo.... “Pues vino del mismo lugar a donde acaba de irse....me puedes decir tú a dónde se fue la luz?,....dímelo”

En ese momento mi ego fue sacudido, todo mi conocimiento fue sacudido, en ese momento sentí mi propia estupidez. Desde entonces abandoné todo mi conocimiento....

Es verdad que no he tenido Maestro...pero esto no quiere decir que no haya sido un Discípulo; acepté a la Existencia entera como mi Maestro. Mi ser discípulo fue un compromiso más grande que el de vosotros ahora, yo confié en las nubes, en el río, en los árboles.....yo confié en la Existencia como tal.

 No tuve un Maestro porque tuve millones de maestros....aprendí de todas la fuentes posibles.

Lo importante es ser un Discípulo en el camino........qué quiere decir ser discípulo?

Significa estar abierto a la vida, estar disponible para aprender, querer aprender, ser receptivo,.....ser vulnerable ante la Existencia.

 Con un Maestro comienza el aprendizaje y poco a poco ves que puedes sintonizar de la misma manera con la Existencia en su totalidad.

El Maestro es una piscina donde puedes aprender a nadar. Una vez que hayas aprendido....todos los océanos son tu camino.


 

---- La Creación del Cielo y del Infierno ----

           

-Un pensamiento bueno borra 100 pensamientos malos.

-Una buena acción borra 100 malas acciones.

-Tener sinceras buenas intenciones nos hará recibir

 1.000 bendiciones de la vida.

-Recordad siempre que Dios está dentro de ti.

-Se encuentra en Aquel Silencio Interno que sientes

 al interiorizar en ti mismo.

-En días de dolor recordad Aquella Luz Interna y

 vuestra fe se regenerará.

-De nuestros pensamientos depende nuestro bienestar futuro:

-Pensamientos favorables nos traerán un futuro favorable.

-Pensamientos pesimistas nos traerán un futuro pesimista.

-Recordad que toda emoción es temporal ya sea alegría o sufrimiento.

-Reconocer los opuestos como complementos os hará llegar

 a la alegría sin causa gracias al entendimiento como virtud intrínseca.

-Recordad que: las plantas necesitan tanto del día como de la noche.

-La vida necesita tanto de lo masculino como de lo femenino

 para su eternidad.

-Y el hombre necesita tanto del sufrimiento como de la alegría para

 su crecimiento.

-Aceptar ambos como complementos necesarios os ayudará a

 encontrar el  Secreto.

-Aprendamos de nuestros sufrimientos para comprender la temporalidad

 de las emociones y encontrar la Alegría sin Causa.

-Ver el sufrimiento como enemigo os hará sufrir las mismas lecciones

 debido al rechazo.

-Ver los días de sufrimiento como época de preparación para el

  resurgimiento os hará entenderlo igual de necesarios como los días de

  alegría y os hará trascender las emociones mundanas y

  vivir la Alegría sin Causa.

-Observando tus emociones y pensamientos llegará el día en que lo

 domines todo y entonces habrás creado tu cielo......viviendo el secreto.


 

El granjero y Dios.

   Cuando el desafío es tan necesario como la alegría......

 

Esta es una de las parábolas más antiguas porque en aquellos días Dios acostumbraba vivir en la tierra....

Un día un campesino fue a buscar a Dios a su hogar, un templo vacío en la cima de una montaña aislada de las otras, se decía que tras esa montaña había un vacío y comenzaba el Universo, entonces el campesino pasa por la puerta que Dios siempre dejaba abierta y le dice: “ey!, mira, tú has de ser Dios, el que creó al mundo y al hombre, que lo sabes todo y otras cosas que se dicen de ti, pues bien, he venido para decirte algo.....no eres un campesino, no sabes nada de siembras, cosechas, ni siquiera el ABC de la agricultura...”

A lo que Dios le dijo..... “Y cuál es tu consejo....?

El granjero dijo: “Bueno, dame un año y haz que las cosas se hagan como yo diga y veamos qué pasa, el hambre no volverá a existir jamás...”

Dios aceptó y le concedió al campesino un año a sus pedidos. Naturalmente pidió sólo lo mejor: ni tormentas ni ventarrones, sólo lluvias en el amanecer y un buen sol toda la tarde, y otra vez un poco de lluvia hasta el inicio de la noche....

Todo confortable y cómodo, él era muy feliz, el trigo crecía altísimo, cuando quería sol había sol y cuando quería lluvia, había la lluvia que él consideraba adecuada....ese año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.

El trigo crecía tan alto que el granjero fue a ver a Dios y le dijo: “Mira! Esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja varios años.....aún así tendremos comida suficiente....”

Hasta que llegó la hora para recoger los granos, estaban vacíos..........

El granjero se sorprendió y fue de nuevo a donde Dios para contarle todo y le preguntó: “Qué pasó..?”

 Dios dijo: “Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni superación....como tú evitaste todo lo que considerabas malo, el trigo se volvió impotente...un poco de lucha es imprescindible.

Las tormentas, los truenos, los ventarrones, todos son necesario porque sacuden el alma del trigo, lo fuerzan a asimilar bien los nutrientes de la vida para adaptarse, para fortalecerse y así crecer, no existe otra forma por la que se pueda nutrir mejor....”

 La noche es tan necesaria como el día, el agua es tan necesaria como el sol.....y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad.....la comprensión de aquella verdad se llama entendimiento.

Y lentamente a medida que vas creciendo y viendo cómo es el ritmo de la vida, el ritmo de dualidad, de polaridad, dejas de preguntar, dejas de elegir ........y encuentras el  Secreto.

Viviendo el  Secreto descubres la infinita belleza de la vida, descubres cuanta alegría llueve sobre ti en todo momento,......pero tú has estado viviendo con tus expectativas, con tus deseos triviales y sintiéndote miserable cuando algo no iba de acuerdo con tus deseos.

 Cuando sigues la naturaleza de las cosas, no hay pesar alguno, incluso la tristeza es luminosa. No es que la tristeza no venga, vendrá igual, pero ya no la verás como a tu enemiga....la recibirás bien porque verás que es necesaria. Te dará comprensión y sin ella serás como el trigo sin truenos, sin ventarrones....serías sólo menos.


Cómo dejar de sufrir.......

      Cuando abrazamos la vida en su totalidad.

 

No hay nadie que sufra tanto como los hombres más “malos”, si se podría llamar maldad a la cerrazón de los que más sufren. Toda su vida han vivido huyendo del dolor, del sufrimiento, hasta que sus corazones se hayan endurecido, y si el corazón se ha endurecido creen que ya por fin son bien malos, fuertes, etc., pero en realidad sólo han cerrado su corazón a las posibilidades de ser felices, y se mantienen atrapados a sí mismos en un círculo vicioso......

En el Budismo se llama Duksha a todo tipo de sufrimiento, por mínimo que sea, sea una simple incomodidad, un poco de  hambre, hasta la angustia, el estrés, el dolor,

etc., El hecho de no comprender la Duksha o sufrimiento hace que el hombre tema todo eso y viva huyendo de la mitad de las emociones humanas ya que la otra mitad la constituirán entonces las emociones positivas, la alegría, el contento de obtener algo, etc.

Vivir cerrándose a la Duksha hace que a la vez uno se cierre a la felicidad, ya que un corazón cerrado al dolor o lo que sea, es sólo eso....un corazón cerrado, nada más.

Pero el hombre teme abrirse, teme ser sensible, ya que teme el sufrir. Qué es el sufrimiento?, hay diversos tipos de sufrimiento, el perder algo, el no obtener algo, etc.

Todo el mundo teme algo, la mujer teme enamorarse, el hombre de negocios teme que alguien descubra sus artimañas, el político teme que descubran sus lados ocultos, el hombre teme todo, todos los hombres temen algo....

Unos temores se los puede justificar, como el de un trabajador, teme el no tener para darle de comer a sus hijos cuando se le acaben sus 40 dólares, algo que no depende tanto de uno, sino de la economía del país y cosas así.

Pero el temor de enamorarse o de que le partan el corazón a uno no, ya que depende de uno, no del otro.

Una chica se enamora de un chico, y después de un mes de felicidad para ella, él la deja por otra chica, entonces la chica sufre porque era bien feliz, o mejor dicho porque estaba enamorada, nada más, lógico, ya que si no hubiera sido feliz, acaso hubiera sufrido?

Por lo tanto la causa del dolor es creer que la felicidad se perdió, que jamás volverá a ser feliz, etc.

Sólo cuando hay expectativas puede venir la decepción, la frustración, etc.

Todo eso se deriva de la ignorancia de la temporalidad, una flor se abre para finalmente marchitarse......

La humanidad en prácticamente su totalidad tiene la mala idea o/y sensación de la permanencia, la permanencia no existe....

Mientras más sufre la chica, más cree que la pareja que camina abrazada delante de ella es perfecta. Es sólo una idea que proyecta lo que quiere. Se siente sola, que nunca tendrá una relación perfecta, ya que su enamorado perfecto la dejó.

Soledad es sólo el temor a estar sola.

Cómo superar aquellos temores en este caso?

Según lo que yo he aprendido en mi vida es que la única forma de vivir siempre feliz es ver la vida en su totalidad, y con la totalidad me refiero al hecho de que vivo en este mundo y todo me rodea, el estar consciente de la interdependencia, y escoger lo mejor que haya. Digamos que hay una pareja, una relación bonita, tienen 4 meses juntos, o 4 años, qué importa?, Salen a pasear al malecón, al cine, caminan abrazados, etc. son una pareja feliz. De repente la chica dice que se va de viaje en 5 meses para estudiar en México,.....porqué deberían de sufrir?, pues deben vivir totalmente los 5 meses que tienen, estando consciente de que en 5 meses todo acaba, alguien me diría: “no crees que la extrañarías después?”, pero....porqué temer un sentimiento así?, es lógico extrañar a alguien a quien hayamos querido mucho, es lógico que la extrañaré en algún momento, pero sería sobre todo cuando me sienta  solo.....

El primer error que hace un hombre es creer que el dolor será eterno,....y eso sólo hace que dure más tiempo.

Pero al uno estar consciente de que el dolor pasará algún día, entonces el dolor pasa más rápido ya que las personas que menos sufren son las más realistas.

Una chica que hace 6 años tuvo un enamorado y cada 2 años otro enamorado, entonces tuvo 3 enamorados, creía que su primer enamorado era lo máximo, que se casaría con él, etc., después sufrió cuando todo se acabó y etc., y creyó lo mismo con el segundo....que era lo máximo, y que se casaría en un perfecto matrimonio con él, etc., también sufrió al acabarse todo y etc., lo mismo con el tercero con el que se acabó también y será así mismo con el cuarto con quien estará mañana.......

Sólo cuando hay expectativas puede venir la decepción, la frustración, etc.

La actitud correcta es el de disfrutarlo todo completamente estando consciente de que se puede acabar mañana, nunca se sabe, ya que no manejamos la Vida.

Una flor se abre sólo para marchitarse......, se debe disfrutarla mientras esté abierta, olerla, armonizarse con ella.

Tal como decía Anthony de Mello: “Si un hombre disfruta a diario del aroma de 1.000 flores, se sentiría perturbado por la falta de una....?

La actitud correcta sería como la de la pareja que se separa en 5 meses a causa del viaje, un caso en el que el viaje se da de una u otra manera y él no la va a acompañar, saben que se acabará algún día.

Pues ese mismo saber es lo correcto.

Lo mismo con toda la vida.......el estar consciente o saber de la temporalidad es tan sólo el primer paso. Mientras más comprende uno la vida, más sensible a la felicidad será automáticamente.

La ignorancia causa el sufrimiento.

No existen seres más felices que los Maestros Iluminados.

Han comprendido la vida en su totalidad, saben que todo termina, que la vida del hombre es sólo un paso en la evolución de la existencia, que la mejor manera de vivirla es disfrutarla, no tienen nada que perder.....

Un Buda vive en su casa, tiene familia......3 hijos.

De repente muere un hijo, no le importa..........

Era feliz con él, un niño de 2 años, gordito, simpatiquísimo, alegre, inspiraba alegría, y de repente se fue......

Pero el Buda no cree en la muerte, sabía que su hijo iba a morir algún día, y sabe que el resto de su familia morirá también.......

Disfrutar de la vida al máximo como sabiendo que todo terminará mañana es el verdadero primer paso para llegar a la verdadera madurez, de la comprensión de la vida, no la madurez de colegio, la de decir que una chica de quinto curso es muy madura, no, ni se parece, sería una estupidez comparar.....

El error del hombre es el apego, el querer que su felicidad provenga de una misma fuente....una enamorada, un hijo, etc., es sólo una cerrazón involuntaria a la Vida en su totalidad, o a la realidad de la Vida, ya que a la vez hace depender su felicidad de una misma fuente, , osea que su felicidad tiene causa.....toda felicidad que tenga una causa es limitada. Aceptando la temporalidad como base-verdad de la Vida es el primer paso.

                       Únicamente la Alegría sin Causa lo es todo.

La Alegría sin Causa sólo viene al abrirse a la vida en su totalidad después de comprenderla......una flor se abre sólo para marchitarse.

Y el primer paso para comprender la Vida en su totalidad es abrirse a la vida en su totalidad, no existe otra forma para llegar a la Alegría sin Causa, es imposible.


 

 

 

 

 

 

Historias de Estudiantes

 

El profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta.

 

"¿Dios creó todo lo que existe?"

 

Un estudiante contestó valiente: Sí, lo hizo.

 

Dios creó todo?: Sí señor, respondió el joven.

 

El profesor contestó, "Si Dios creó todo, entonces Dios hizo

al mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son

un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo".

 

El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor,

feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito.

 

Otro estudiante levantó su mano y dijo: ¿Puedo hacer una

pregunta, profesor? Por supuesto, respondió el profesor.

 

El joven se puso de pie y preguntó: ¿Profesor, existe el frío?

 

Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted

no ha tenido frío?.

 

El muchacho respondió: De hecho, señor, el frío no existe.

Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es

ausencia de calor.

 

Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o

transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o

transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de

calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero

el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos

sentimos si no tenemos calor". Y...

 

¿existe la oscuridad? Continuó el

estudiante. El profesor respondió: Por supuesto.

 

El estudiante contestó: Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad

tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz.

La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de

Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está

compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple

rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz

de luz.

 

Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio determinado?

Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así?

Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que

sucede cuando no hay luz presente. Finalmente, el joven preguntó al profesor:

Señor; ¿existe el mal?.

 

El profesor respondió: Por supuesto que existe, como lo mencioné antes,

vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.

 

A lo que el estudiante respondió: El mal no existe, señor, o al

menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de

Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha

creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó al mal. No es

como la fe o el amor, que existen como existe el calor y la luz. El mal es el

resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones.

Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no

hay luz.

 

Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se

quedó callado.

 

 

EL FACTOR DIOS  

por José Saramago

 

 

En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver' cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes.
En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero. En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras. Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.
Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda.
El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado. Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya cono