“ES DIFÍCIL CONFORMARSE CON REPTAR
CUANDO UNO HA NACIDO CON EL
IMPULSO DE VOLAR”
José
Vidal (Nicaragua)
UNA FÁBULA INDIA...
Indra mató al dragón, titán
gigantesco que se ocultaba en las montañas en forma de nube
serpiente
y retenía cautivas en su vientre las aguas del cielo. El dios
arrojó un rayo al
centro
de sus pesados anillos, y el monstruo saltó en pedazos como un montón de
juncos se-
cos.
Se liberaron las aguas, y se desparramaron en franjas sobre la tierra
para correr de
nuevo
por el cuerpo del mundo.
Este diluvio es el diluvio de
la vida y pertenece a todos. Es la savia del campo y del bos-
que,
la sangre que circula por las venas. El monstruo se había apropiado
del bien común,
hinchando
su cuerpo egoísta y codicioso entre el cielo y la tierra; pero ahora
ha muerto.
Han vuelto a manar los jugos.
Los titanes se han retirado al submundo; los dioses
han vuel-
to a la cima de la montaña central de la tierra para
reinar desde las alturas.
Durante el periodo
de supremacía del dragón se habían ido agrietando y
desmoronando las
mansiones
de la excelsa ciudad de los dioses. Lo primero que hizo Indra ahora fue recons-
truirlas. Todas las divinidades del cielo lo
aclamaron como su salvador. Llevado de su vic-
toria, y consciente de su fuerza, llamó a Vísvakarman, dios de los oficios y las artes, y
le
ordenó que erigiese un palacio digno del inigualable esplendor del rey de los
dioses.
Vísvakarman,
genio milagroso, logró construir en un solo año una espléndida residencia, con
palacios
y jardines, lagos y torres. Pero a medida que avanzaba su trabajo, las demandas
de
Indra
se volvían más exigentes y las visiones que revelaba más vastas. Pedía terrazas
y pa-
bellones adicionales, más estanques, más arboledas y
parques. Cada vez que Indra se acerca-
ba a elogiar los trabajos, daba a conocer visiones
tras visiones de maravillas que aún que-
daban
por realizar. Así que el divino artesano, desesperado, decidió pedir
auxilio arriba,
y
acudió a Brahmâ, creador demiurgo, encarnación
primera del Espíritu Universal que habita
muy
arriba, lejos de la tumultuosa esfera olímpica de la ambición, la lucha y la
gloria.
Cuando Vísvakarman
se presentó en secreto ante el altísimo trono y expuso su caso, Brahmâ
consoló
al solicitante: "Pronto serás liberado de esa carga", dijo,
"Vete en paz".
Acto seguido, mientras Vísvakarman bajaba presuroso a la ciudad de Indra, subió Brahmâ a
una
esfera aún más alta. Se presentó ante Visnu, el Ser
Supremo de quien él mismo, Creador,
era
mero agente. Vishnú escuchó con beatífico
silencio, y con un mero gesto de cabeza le
hizo
saber que la petición de Vísvakarman sería
satisfecha.
A la mañana siguiente
apareció ante las puertas de Indra un jovencísimo
brahmán con el bas-
tón de peregrino, y pidió al guardián que anunciase
su visita al rey. El centinela corrió
a
avisar a su señor, y éste acudió a recibir en persona al auspicioso
huésped. Era un niño
delgado,
de unos diez años, resplandeciente de sabiduría. Indra
lo descubrió entre la mul-
titud de chicos que miraban embelesados. El
niño saludó al anfitrión con una mirada dulce
de
sus ojos negros y brillantes. El rey inclinó la cabeza ante el niño santo, y
el niño le
dió alegre su bendición. Se retiraron los dos
al gran salón de Indra, y allí el dios dió
ceremoniosamente
la bienvenida a su invitado, con ofrendas de miel, leche y frutos. Y dijo
a
continuación:
"¡Oh,
venerable niño, dime el objeto de tu visita!". El hermoso niño
contestó con una voz
que
era profunda y suave como el trueno lento de las nubes prometedoras
de lluvia: "¡Oh,
Rey de los dioses, he oído
hablar del poderoso palacio que estás construyendo, y he venido
a
exponerte las preguntas que me vienen a la cabeza. ¿Cuántos
años harán falta para comple-
tar esta rica e inmensa residencia? ¿Qué nuevas proezas de ingeniería se prevé que lleve a
cabo
Vísvakarman? ¡Oh, el más Alto de los Dioses -el semblante del niño
luminoso esbozó una
sonrisa
bondadosa, apenas perceptible-, ningún Indra
anterior ha conseguido completar un
palacio
como el que va a ser el tuyo!".
Embriagado de triunfo, al rey
de los dioses le divirtió la pretensión de este niño de saber
sobre
los Indras anteriores a él. Con una sonrisa
paternal, le preguntó: "Dime, criatura,
¿has
visto tú muchos Indras y Vísvakarmans...
o has oído hablar siquiera de ellos?". El ma-
ravilloso huésped asintió con aplomo. -"Desde
luego; he visto muchos -su voz era cálida y
dulce
como la leche de vaca recién ordeñada; pero sus palabras hicieron correr un
frío len-
to por las venas de Indra-.
Hijo mío, prosiguió el niño, yo he conocido a tu padre Kásyapa,
el
Anciano Tortuga, señor y progenitor de todos los seres de la tierra. Y he
conocido a tu
abuelo
Marîci, Rayo de Luz Celestial, hijo de Brahmâ. Marîci fue engendrado por
el espíritu
puro
del dios Brahmâ; su riqueza y su gloria fueron
su santidad y su devoción. Y también
conozco
a Brahmâ, al que Vishnú
hace salir del cáliz del loto nacido de su ombligo. Y al
propio
Vishnú, el Ser Supremo que sostiene a Brahmâ en su labor creadora, lo conozco tam-
bién.
Oh,
Rey de los Dioses, yo he conocido la disolución espantosa del universo.
He visto pere-
cer a todos una y otra vez, al final de cada ciclo,
momento terrible en que cada átomo se
disuelve
en las aguas puras y primordiales de la eternidad de donde habían salido
original-
mente.
Así, pues, todo regresa a la infinitud insondable y turbulenta del océano
cubierto
de
absoluta negrura y vacío de todo vestigio de seres animados. Ah, ¿quién puede calcular
los
universos que han desaparecido o las creaciones que han surgido,
una y otra vez, del
abismo
informe de las aguas inmensas? ¿Quién contar los
siglos efímeros del mundo según se
van
sucediendo interminablemente? ¿Y quién enumerar
los universos que hay en la infinita
inmensidad
del espacio, cada uno con su Brahmâ, su Vishnú y su Siva? ¿Quién decir los In-
dras que hay en ellos, los Indras
que reinan a la vez en los innumerables mundos, los que
desaparecieron
antes de que éstos surgieran, y los que se suceden en cada línea, remontán-
dose a la divina realeza, uno tras otro, y, uno
tras otro, desapareciendo? Oh, Rey de los
Dioses, hay entre tus siervos
quien sostiene que es posible contar los granos de la arena
que
hay en la tierra y las gotas de la lluvia que cae del cielo, pero que jamás
pondrá na-
die
número a todos esos Indras. Eso es lo que saben los
Sabios.
La vida y reinado de un Indra dura setenta y un eones; y cuando han expirado
veintiocho In-
dras, ha transcurrido un Día y una Noche de Brahmâ. Pero la existencia de un Brahmâ,
medida
en
Días y Noches de Brahmâ, es sólo de ciento ocho años.
Brahmâ sucede a Brahmâ;
desaparece
uno
y surge el siguiente; no se pueden contar sus series interminables. El
número de Brah-
mâs no tiene fin... por no hablar del de Indras.
Pero ¿quién
puede calcular el número de universos que hay en un momento dado, cada
uno al-
bergando un Brahmâ y un Indra? Más allá de la visión mas
lejana, apretujándose en el espa-
cio exterior, los universos vienen y se van, formando
una hueste interminable. Como naves
delicadas,
flotan en las aguas insondables y puras que son el cuerpo de Vishnú. De cada
poro
de ese cuerpo borbotea e irrumpe un universo. ¿Puedes tú presumir de
contarlos? ¿Pue-
des
contar los dioses de todos esos mundos... de los mundos presentes y
pasados?".
Una procesión de hormigas
había hecho su aparición en la sala durante el discurso del niño.
En orden militar, formando
una columna de cuatro metros de anchura, la tribu avanzaba por
el
suelo. El niño reparó en ellas; calló y se quedó observándolas; luego soltó una asombro-
sa carcajada, pero acto seguido se abismó en mudo
y pensativo silencio. "¿De qué te ríes?
tartamudeó
Indra, ¿Quién eres tú, ser misterioso, bajo esa
engañosa apariencia de niño?",
el
orgulloso rey sentía secos los labios y la garganta; y su voz siguió
repitiendo entre-
cortada:
"¿Quién eres tú, Océano de Virtudes, envuelto en bruma
ilusoria?". El asombroso
niño
prosiguió: "Me han hecho reír las hormigas. No puedo decir el
motivo. No me pidas que
lo
desvele. Ese secreto encierra la semilla del dolor y el fruto de la sabiduría.
Es el se-
creto que abate con un hacha el árbol de la vanidad
mundana, y corta sus raíces y desmocha
su
copa. Ese secreto es una lámpara para los que andan a tientas a causa de
la ignorancia.
Ese secreto se halla
enterrado en la sabiduría de los siglos y rara vez se revela siquiera
a
los santos. Ese secreto es el aire vital de los ascetas que
renuncian a la existencia
mortal
y la trascienden; pero a las personas mundanas, engañadas por el deseo y el
orgullo,
las
destruye". El niño sonrió y se quedó callado. Indra
le miró, incapaz de moverse. "¡Oh,
hijo
de brahmán" -suplicó el rey a continuación, con nueva y
visible humildad-, "no sé
quién
eres, pareces la encarnación de
esa
luz que disipa las tinieblas". Requerido de este modo, el niño enseñó al
dios la oculta
sabiduría:
-"He visto, oh Indra,
cómo desfilan las hormigas en larga procesión. Cada una
fue
un Indra en otro tiempo. Al igual que tú, cada uno,
en virtud de piadosas acciones pa-
sadas, ascendió al rango de rey de los dioses.
Pero ahora, tras multitud de renacimientos,
cada
uno se ha convertido otra vez en hormiga. Ese ejército es un ejército de
antiguos In-
dras.
La piedad y las acciones
sublimes elevan a los habitantes del mundo al reino glorioso
de
las
mansiones celestiales, o a los dominios superiores de Brahmâ
y de Siva, y a la esfera
más
alta de Vishnú, pero las acciones reprobables los
hunden en mundos inferiores, en abis-
mos de sufrimiento y dolor que implican la
reencarnación en pájaros o sabandijas, o renacer
del
vientre de cerdos y de animales salvajes, o entre los árboles o los
insectos. Por sus
acciones
merece uno la felicidad o el sufrimiento, y se convierte en esclavo
o en señor.
Por sus acciones alcanza uno
el rango de rey o de brahmán, o de algún dios, o de un Indra
o
un Brahmâ. Y merced a sus acciones, además, contrae
enfermedades, adquiere belleza o defor-
midad, o vuelve a nacer en la condición de monstruo.
Esa es la sustancia del
secreto. Esa es la sabiduría que, surcando el océano del infierno
conduce
a la beatitud.
La vida en el ciclo de los
innumerables renacimientos es como la visión de un sueño. Los
dioses
de las alturas, los árboles mudos y las piedras, son otras tantas apariciones
de es-
ta fantasía. Pero
te
es señora de todos. Perecederos como burbujas son los seres buenos y los
seres malos de
ese
sueño. El bien y el mal se alternan en ciclos interminables. De ahí que
los sabios no
se
aten al bien ni al mal. Los sabios no se atan a nada en absoluto".
El niño concluyó la
lección
sobrecogedora y miró a su anfitrión en silencio. El rey de los dioses,
a pesar de
su
esplendor celestial, se había reducido ante sí mismo a la
insignificancia. Entretanto,
otra
asombrosa aparición había entrado en el salón.
El recién llegado tenía
aspecto de ermitaño. Un moño espeso le coronaba la cabeza; llevaba
una
gamuza negra atada a la cintura; en la frente tenía pintada una marca blanca;
se prote-
gía la cabeza con un mísero quitasol de yerba, y en el pecho le nacía un extraño y
espeso
mechón:
estaba intacto en la circunferencia, pero del centro le habían
desaparecido muchos
pelos
al parecer. Este personaje santo fue directamente a Indra,
y el niño se sentó entre
los
dos, donde permaneció inmóvil como una roca. El majestuoso Indra, recobrando de algún
modo
su papel de anfitrión, le saludó con una inclinación de cabeza, le rindió
homenaje, y
le
ofreció leche agria y miel como refrigerio; luego titubeante, aunque reverente,
preguntó
a su
austero huésped por su salud. Tras lo cual el niño se dirigió al hombre santo, hacién-
dole las mismas preguntas que el propio Indra le habría formulado. -"¿De
dónde vienes, oh
Hombre Santo? ¿Cómo te llamas y qué te trae a este lugar? ¿Dónde está tu actual hogar y
cuál
es el significado de este quitasol de yerba? ¿Qué prodigio es ése del mechón circular
que
tienes en el pecho: por qué es tan espeso en la circunferencia pero en el
centro está
casi
pelado? Ten la bondad, oh Hombre Santo, de responder
brevemente a estas preguntas. Es-
toy deseoso de comprender".
El santo anciano sonrió con
paciencia; y empezó lentamente:
-"Soy brahmán. Me llamo
Velloso. Y he venido aquí a advertir a Indra.
Como sé que mi vida
es
breve, he decidido no tener hogar, ni construirme casa ninguna, ni casarme, ni
procurar-
me
sustento. Vivo de las limosnas. Para protegerme del sol y de
la lluvia llevo sobre mi
cabeza
este quitasol de yerba. En cuanto al rodal de
pelo que tengo en el pecho, es fuente
de
aflicción para los hijos del mundo. Sin embargo, enseña sabiduría.
Por cada Indra que
muere
se me cae un pelo. Por eso en el centro me ha desaparecido todo el vello.
Cuando ex-
pire
la otra mitad del periodo asignado al Brahmâ actual, yo
mismo moriré. Oh, niño brahmán
se
supone que mis días son escasos; así que, ¿para qué tener esposa, hijo ni
casa?.
Cada parpadeo del gran Vishnú señala el paso de un Brahmâ.
Todo cuanto hay por debajo de
esa
esfera de Brahmâ es inconsistente como la nube que
adopta una forma y se deshace a con-
tinuación. Por eso me dedico sólo a meditar
sobre los incomparables pies de loto del altí-
simo Vishnú. La fe en Vishnú es más que la dicha de la redención; porque
toda alegría, in-
cluso la celestial, es frágil como un sueño, y
no hace sino estorbar la concentración de
nuestra
fe en el Ser Supremo.
Siva,
dador de paz, altísimo guía espiritual, me ha enseñado esta sabiduría
maravillosa. No
ansío
experimentar las diversas formas de redención, ni compartir las
mansiones excelsas
del
altísimo y gozar de su eterna presencia, o ser como él en cuerpo y atavío, o
convertir-
me
en parte de su augusta sustancia o incluso diluirme enteramente en su esencia
inefable".
De repente, el hombre santo
calló y desapareció. Había sido el propio dios Siva;
ahora ha-
bía regresado a su morada supramundana.
Simultáneamente, el niño brahmán, que era Vishnú,
desapareció
también. El rey se quedó solo, desconcertado y perplejo.
Indra,
el rey, reflexionó; y le pareció que estos sucesos habían sido un sueño.
Pero ya no
sintió
deseo ninguno de aumentar su esplendor celestial ni de continuar la
construcción de
su
palacio. Llamó a Vísvakarman. Y acogiendo amablemente
al artífice con palabras halagado-
ras,
lo cubrió de joyas y regalos preciosos, y lo mandó a su casa tras una
suntuosa despe-
dida.
Indra,
el rey, deseó ahora alcanzar la redención. Había adquirido sabiduría, y
sólo quería
ser
libre. Confió la pompa y el peso de su oficio a su hijo, y se
dispuso a retirarse al
desierto
y abrazar la vida de ermitaño. Al enterarse su hermosa y apasionada
reina, Sacî,
se
sintió traspasada de dolor. Llorando de pena y de absoluta desesperación,
Sacî acudió a
Brhaspati,
ingenioso sacerdote, consejero espiritual de la casa de Indra,
y Señor de
biduría Mágica. Postrándose a sus pies, Sacî le suplicó que apartase del ánimo de su esposo
tan
severa resolución. El hábil consejero de los dioses, que con sus ardides y
encantos ha-
bía ayudado a los poderes celestiales a arrancar el
gobierno del universo de las manos de
sus
rivales los titanes, escuchó meditabundo la queja de la voluptuosa y
desconsolada diosa
y
asintió con sagacidad. Con sonrisa de mago, la cogió de la mano y la condujo a
la presen-
cia de su esposo. Allí, en su papel de
maestro espiritual, disertó sabiamente sobre las
virtudes
de la vida espiritual, pero también de las virtudes de la secular. De una
y de o-
tra dijo lo que era de justicia. Desarrolló muy
hábilmente su discurso; convenció al real
discípulo
para que moderase su extrema resolución, y devolvió a la reina su
radiante ale-
gría.
Este Señor de la Sabiduría
Mágica había compuesto en otro tiempo un tratado sobre el go-
bierno, a fin de enseñar a Indra
a gobernar el mundo. Ahora escribió una segunda obra, un
tratado
sobre política y ardides del amor conyugal. Demostrando el dulce arte siempre
nuevo
del
galanteo, y encadenando al amado con lazos duraderos, su inestimable
libro proporcionó
sólidos
cimientos a la vida conyugal de la pareja reunida.
Así concluye la maravillosa
historia de cómo el rey de los dioses fue humillado por su or-
gullo desmedido, curado de una ambición excesiva y,
por medio de la sabiduría espiritual y
secular,
devuelto a la conciencia de su propia función en el juego transitorio de
la vida
interminable.
Ser discípulo.
Permite que cada situación en la vida te enseñe
algo.
Cuando el gran Místico Sufí Hasan se estaba muriendo alguien le preguntó...”Hasan, cuéntanos..... quién fue tu Maestro..?
Y Hasan viendo que tiene una bonita oportunidad para brindar su última enseñanza al hombre les cuenta.... “Tuve miles de maestros.....decir sus nombres me llevaría meses y ya es muy tarde para eso.....pero hay 3 maestros de los que les hablaré.....
Uno fue un ladrón.....una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a una aldea ya era muy tarde .....todo estaba cerrado. Pero finalmente encontré a un hombre que estaba tratando de abrir desde afuera la ventana de una casa y le pregunté dónde podía pasar la noche y me dijo: “A esta hora va a ser muy difícil que encuentres un lugar pero puedes estar conmigo, si no te molesta estar con un ladrón....”
Era un hombre maravilloso; finalmente me quedé un mes con él. Todas las noches me decía: “Bueno, me voy a trabajar.....no hables con nadie, quédate aquí, descansa, reza, haz tus oraciones o medita....”
Cuando volvía yo siempre le preguntaba: “Conseguiste algo?” y él me decía: “No, esta noche no, pero mañana voy a intentarlo otra vez, y si Dios quiere......”
Nunca perdía las esperanzas, siempre estaba contento y consciente de que mañana podía tener suerte....
Cuando estuve meditando durante muchos años sin parar y como nada sucedía llegó un momento en el que me sentía tan desesperado que pensé en terminar con lo que ya llamaba una estupidez......y de repente me acordaba del ladrón que todas las noches decía... "Si Dios quiere......mañana sucederá”
Mi segundo maestro fue un perro......yo iba al río y llegó un perro que también tenía sed, a lo que se acercó a tomar agua vio a otro perro -su propio reflejo- y se asustó, ladró y salió corriendo, pero tenía tanta sed que finalmente regresó, y finalmente a pesar de su miedo, saltó hacia el agua y su reflejo desapareció. Allí supe que me había llegado un mensaje de Dios....uno debe dar el salto a pesar de todos los miedos.
Mi tercer maestro fue un niño. Yo llegué a una ciudad y vi a un niño que llevaba una vela encendida, iba hacia el templo y bromeando le pregunté....”Tú mismo encendiste la vela?” y a lo que me dice: “Sí, señor” le pregunté: “Hace poco la vela estaba apagada y ahora está encendida....me puedes decir de dónde vino la luz?”
El niño se rió y apagó la vela de un soplo y me dijo.... “Pues vino del mismo lugar a donde acaba de irse....me puedes decir tú a dónde se fue la luz?,....dímelo”
En ese momento mi ego fue sacudido, todo mi conocimiento fue sacudido, en ese momento sentí mi propia estupidez. Desde entonces abandoné todo mi conocimiento....
Es
verdad que no he tenido Maestro...pero esto no quiere decir que no haya sido un
Discípulo; acepté a
No tuve un Maestro porque tuve millones de maestros....aprendí de todas la fuentes posibles.
Lo importante es ser un Discípulo en el camino........qué quiere decir ser discípulo?
Significa
estar abierto a la vida, estar disponible para aprender, querer aprender, ser
receptivo,.....ser vulnerable ante
Con
un Maestro comienza el aprendizaje y poco a poco ves que puedes sintonizar de
la misma manera con
El Maestro es una piscina donde puedes aprender a nadar. Una vez que hayas aprendido....todos los océanos son tu camino.
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-Un pensamiento bueno borra 100 pensamientos malos.
-Una buena acción borra 100 malas acciones.
-Tener sinceras buenas intenciones nos hará recibir
1.000 bendiciones de la vida.
-Recordad siempre que Dios está dentro de ti.
-Se encuentra en Aquel Silencio Interno que sientes
al interiorizar en ti mismo.
-En días de dolor recordad Aquella Luz Interna y
vuestra fe se regenerará.
-De nuestros pensamientos depende nuestro bienestar futuro:
-Pensamientos favorables nos traerán un futuro favorable.
-Pensamientos pesimistas nos traerán un futuro pesimista.
-Recordad que toda emoción es temporal ya sea alegría o sufrimiento.
-Reconocer los opuestos como complementos os hará llegar
a la alegría sin causa gracias al entendimiento como virtud intrínseca.
-Recordad que: las plantas necesitan tanto del día como de la noche.
-La vida necesita tanto de lo masculino como de lo femenino
para su eternidad.
-Y el hombre necesita tanto del sufrimiento como de la alegría para
su crecimiento.
-Aceptar ambos como complementos necesarios os ayudará a
encontrar el Secreto.
-Aprendamos de nuestros sufrimientos para comprender la temporalidad
de las emociones y
encontrar
-Ver el sufrimiento como enemigo os hará sufrir las mismas lecciones
debido al rechazo.
-Ver los días de sufrimiento como época de preparación para el
resurgimiento os hará entenderlo igual de necesarios como los días de
alegría y os hará trascender las emociones mundanas y
vivir
-Observando tus emociones y pensamientos llegará el día en que lo
domines todo y
entonces habrás creado tu cielo......viviendo el secreto.
El granjero y Dios.
Cuando el desafío es tan necesario como la
alegría......
Esta es una de las parábolas más antiguas porque en aquellos días Dios acostumbraba vivir en la tierra....
Un día un campesino fue a buscar a Dios a su hogar, un templo vacío en la cima de una montaña aislada de las otras, se decía que tras esa montaña había un vacío y comenzaba el Universo, entonces el campesino pasa por la puerta que Dios siempre dejaba abierta y le dice: “ey!, mira, tú has de ser Dios, el que creó al mundo y al hombre, que lo sabes todo y otras cosas que se dicen de ti, pues bien, he venido para decirte algo.....no eres un campesino, no sabes nada de siembras, cosechas, ni siquiera el ABC de la agricultura...”
A lo que Dios le dijo..... “Y cuál es tu consejo....?”
El granjero dijo: “Bueno, dame un año y haz que las cosas se hagan como yo diga y veamos qué pasa, el hambre no volverá a existir jamás...”
Dios aceptó y le concedió al campesino un año a sus pedidos. Naturalmente pidió sólo lo mejor: ni tormentas ni ventarrones, sólo lluvias en el amanecer y un buen sol toda la tarde, y otra vez un poco de lluvia hasta el inicio de la noche....
Todo confortable y cómodo, él era muy feliz, el trigo crecía altísimo, cuando quería sol había sol y cuando quería lluvia, había la lluvia que él consideraba adecuada....ese año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.
El trigo crecía tan alto que el granjero fue a ver a Dios y le dijo: “Mira! Esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja varios años.....aún así tendremos comida suficiente....”
Hasta que llegó la hora para recoger los granos, estaban vacíos..........
El granjero se sorprendió y fue de nuevo a donde Dios para contarle todo y le preguntó: “Qué pasó..?”
Dios dijo: “Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni superación....como tú evitaste todo lo que considerabas malo, el trigo se volvió impotente...un poco de lucha es imprescindible.
Las tormentas, los truenos, los ventarrones, todos son necesario porque sacuden el alma del trigo, lo fuerzan a asimilar bien los nutrientes de la vida para adaptarse, para fortalecerse y así crecer, no existe otra forma por la que se pueda nutrir mejor....”
La noche es tan necesaria como el día, el agua es tan necesaria como el sol.....y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad.....la comprensión de aquella verdad se llama entendimiento.
Y lentamente a medida que vas creciendo y viendo cómo es el ritmo de la vida, el ritmo de dualidad, de polaridad, dejas de preguntar, dejas de elegir ........y encuentras el Secreto.
Viviendo el Secreto descubres la infinita belleza de la vida, descubres cuanta alegría llueve sobre ti en todo momento,......pero tú has estado viviendo con tus expectativas, con tus deseos triviales y sintiéndote miserable cuando algo no iba de acuerdo con tus deseos.
Cuando sigues la naturaleza de las cosas, no hay pesar alguno, incluso la tristeza es luminosa. No es que la tristeza no venga, vendrá igual, pero ya no la verás como a tu enemiga....la recibirás bien porque verás que es necesaria. Te dará comprensión y sin ella serás como el trigo sin truenos, sin ventarrones....serías sólo menos.
Cómo dejar de sufrir.......
Cuando abrazamos la vida en su totalidad.
No hay nadie que sufra tanto como los hombres más “malos”, si se podría llamar maldad a la cerrazón de los que más sufren. Toda su vida han vivido huyendo del dolor, del sufrimiento, hasta que sus corazones se hayan endurecido, y si el corazón se ha endurecido creen que ya por fin son bien malos, fuertes, etc., pero en realidad sólo han cerrado su corazón a las posibilidades de ser felices, y se mantienen atrapados a sí mismos en un círculo vicioso......
En el Budismo se llama Duksha a todo tipo de sufrimiento, por mínimo que sea, sea una simple incomodidad, un poco de hambre, hasta la angustia, el estrés, el dolor,
etc.,
El hecho de no comprender
Vivir
cerrándose a
Pero el hombre teme abrirse, teme ser sensible, ya que teme el sufrir. Qué es el sufrimiento?, hay diversos tipos de sufrimiento, el perder algo, el no obtener algo, etc.
Todo el mundo teme algo, la mujer teme enamorarse, el hombre de negocios teme que alguien descubra sus artimañas, el político teme que descubran sus lados ocultos, el hombre teme todo, todos los hombres temen algo....
Unos temores se los puede justificar, como el de un trabajador, teme el no tener para darle de comer a sus hijos cuando se le acaben sus 40 dólares, algo que no depende tanto de uno, sino de la economía del país y cosas así.
Pero el temor de enamorarse o de que le partan el corazón a uno no, ya que depende de uno, no del otro.
Una chica se enamora de un chico, y después de un mes de felicidad para ella, él la deja por otra chica, entonces la chica sufre porque era bien feliz, o mejor dicho porque estaba enamorada, nada más, lógico, ya que si no hubiera sido feliz, acaso hubiera sufrido?
Por lo tanto la causa del dolor es creer que la felicidad se perdió, que jamás volverá a ser feliz, etc.
Sólo cuando hay expectativas puede venir la decepción, la frustración, etc.
Todo eso se deriva de la ignorancia de la temporalidad, una flor se abre para finalmente marchitarse......
La humanidad en prácticamente su totalidad tiene la mala idea o/y sensación de la permanencia, la permanencia no existe....
Mientras más sufre la chica, más cree que la pareja que camina abrazada delante de ella es perfecta. Es sólo una idea que proyecta lo que quiere. Se siente sola, que nunca tendrá una relación perfecta, ya que su enamorado perfecto la dejó.
Soledad es sólo el temor a estar sola.
Cómo superar aquellos temores en este caso?
Según lo que yo he aprendido en mi vida es que la única forma de vivir siempre feliz es ver la vida en su totalidad, y con la totalidad me refiero al hecho de que vivo en este mundo y todo me rodea, el estar consciente de la interdependencia, y escoger lo mejor que haya. Digamos que hay una pareja, una relación bonita, tienen 4 meses juntos, o 4 años, qué importa?, Salen a pasear al malecón, al cine, caminan abrazados, etc. son una pareja feliz. De repente la chica dice que se va de viaje en 5 meses para estudiar en México,.....porqué deberían de sufrir?, pues deben vivir totalmente los 5 meses que tienen, estando consciente de que en 5 meses todo acaba, alguien me diría: “no crees que la extrañarías después?”, pero....porqué temer un sentimiento así?, es lógico extrañar a alguien a quien hayamos querido mucho, es lógico que la extrañaré en algún momento, pero sería sobre todo cuando me sienta solo.....
El primer error que hace un hombre es creer que el dolor será eterno,....y eso sólo hace que dure más tiempo.
Pero al uno estar consciente de que el dolor pasará algún día, entonces el dolor pasa más rápido ya que las personas que menos sufren son las más realistas.
Una chica que hace 6 años tuvo un enamorado y cada 2 años otro enamorado, entonces tuvo 3 enamorados, creía que su primer enamorado era lo máximo, que se casaría con él, etc., después sufrió cuando todo se acabó y etc., y creyó lo mismo con el segundo....que era lo máximo, y que se casaría en un perfecto matrimonio con él, etc., también sufrió al acabarse todo y etc., lo mismo con el tercero con el que se acabó también y será así mismo con el cuarto con quien estará mañana.......
Sólo cuando hay expectativas puede venir la decepción, la frustración, etc.
La
actitud correcta es el de disfrutarlo todo completamente estando consciente de
que se puede acabar mañana, nunca se sabe, ya que no manejamos
Una flor se abre sólo para marchitarse......, se debe disfrutarla mientras esté abierta, olerla, armonizarse con ella.
Tal como decía Anthony de Mello: “Si un hombre disfruta a diario del aroma de 1.000 flores, se sentiría perturbado por la falta de una....?”
La actitud correcta sería como la de la pareja que se separa en 5 meses a causa del viaje, un caso en el que el viaje se da de una u otra manera y él no la va a acompañar, saben que se acabará algún día.
Pues ese mismo saber es lo correcto.
Lo mismo con toda la vida.......el estar consciente o saber de la temporalidad es tan sólo el primer paso. Mientras más comprende uno la vida, más sensible a la felicidad será automáticamente.
La ignorancia causa el sufrimiento.
No existen seres más felices que los Maestros Iluminados.
Han comprendido la vida en su totalidad, saben que todo termina, que la vida del hombre es sólo un paso en la evolución de la existencia, que la mejor manera de vivirla es disfrutarla, no tienen nada que perder.....
Un Buda vive en su casa, tiene familia......3 hijos.
De repente muere un hijo, no le importa..........
Era feliz con él, un niño de 2 años, gordito, simpatiquísimo, alegre, inspiraba alegría, y de repente se fue......
Pero el Buda no cree en la muerte, sabía que su hijo iba a morir algún día, y sabe que el resto de su familia morirá también.......
Disfrutar de la vida al máximo como sabiendo que todo terminará mañana es el verdadero primer paso para llegar a la verdadera madurez, de la comprensión de la vida, no la madurez de colegio, la de decir que una chica de quinto curso es muy madura, no, ni se parece, sería una estupidez comparar.....
El
error del hombre es el apego, el querer que su felicidad provenga de una misma
fuente....una enamorada, un hijo, etc., es sólo una cerrazón involuntaria a
Únicamente
Y el primer paso para comprender
El
profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta.
"¿Dios
creó todo lo que existe?"
Un
estudiante contestó valiente: Sí, lo hizo.
Dios
creó todo?: Sí señor, respondió el joven.
El
profesor contestó, "Si Dios creó todo, entonces Dios hizo
al
mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son
un
reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo".
El estudiante
se quedó callado ante tal respuesta y el profesor,
feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito.
Otro
estudiante levantó su mano y dijo: ¿Puedo hacer una
pregunta, profesor? Por supuesto, respondió el profesor.
El
joven se puso de pie y preguntó: ¿Profesor, existe el frío?
Qué
pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted
no
ha tenido frío?.
El
muchacho respondió: De hecho, señor, el frío no existe.
Según
las leyes de
ausencia de calor.
Todo
cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o
transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o
transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de
calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero
el
frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos
sentimos si no tenemos calor". Y...
¿existe la oscuridad? Continuó el
estudiante. El profesor respondió: Por supuesto.
El
estudiante contestó: Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad
tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz.
La
luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de
Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está
compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple
rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el
haz
de
luz.
Cómo
puede saber cuan oscuro está un espacio determinado?
Con
base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así?
Oscuridad
es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que
sucede cuando no hay luz presente. Finalmente, el joven preguntó al profesor:
Señor;
¿existe el mal?.
El
profesor respondió: Por supuesto que existe, como lo mencioné antes,
vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del
mal.
A
lo que el estudiante respondió: El mal no existe, señor, o al
menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de
Dios,
es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha
creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó al mal. No es
como la fe o el amor, que existen como existe el calor y la luz. El mal es
el
resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones.
Es
como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no
hay
luz.
Entonces
el profesor, después de asentar con la cabeza, se
quedó callado.
EL FACTOR DIOS
por José Saramago
En algún lugar de
En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un
negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara
para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la
segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada,
está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero.
En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un
palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha.
El palestino había tirado piedras. Estados Unidos de América del Norte, ciudad
de Nueva York. Dos aviones comerciales
norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo
islámico, se lanzan contra las torres del World Trade
Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un
tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder
bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros,
reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.
Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara,
las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica
expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio
repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente
arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos
especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes
aplastadas, de huesos triturados, de mierda.
El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la
estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez
'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de
escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante
al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y
será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un
tórax aplastado. Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo
ya cono