Meditación de las Siete Palabras
(o de la agonía del Salvador )
Oración
Jesús en la Cruz aboga:
da al ladrón: lega su Madre:
quéjase: la sed le ahoga:
cumple: entrega el alma al Padre
Al Calvario hay que llegar
porque Cristo, nuestra Luz,
hoy también nos quiere hablar
desde el ara de la Cruz.
¡Virgen de dolores y Madre mía! Que, como Tú, acompañe yo
siempre a tu Hijo en vida, redención y muerte. Y después de glorificado en la
tierra, le glorifique por toda la eternidad, junto a Él y junto a Ti. Te lo
pido por tu aflicción y martirio, al pie de la Cruz. Asísteme siempre
especialmente en este último momento del combate cristiano que abrirá la
eternidad feliz, en compañía de tu Hijo. Así sea.
Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Primera Palabra
"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
Aunque
he sido tu enemigo,
mi Jesús: como confieso,
ruega por mí: que, con eso,
seguro el perdón consigo.
Cuando loco te ofendí,
no supe lo que yo hacía:
sé, Jesús, del alma mía
y ruega al Padre por mí
Señor
y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio
la deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón
de la divina justicia: ten misericordia de todos los hombres que están
agonizando y de mí cuando me halle en igual caso: y por los méritos de tu
preciosísima Sangre derramada para mi salvación, dame un dolor tan intenso de
mis pecados, que expire con él en el regazo de tu infinita misericordia.
Señor
pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Segunda Palabra
"Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc 23, 43)
Vuelto
hacia Ti el Buen Ladrón
con fe te implora tu piedad:
yo también de mi maldad
te pido, Señor, perdón.
Si al ladrón arrepentido
das un lugar en el Cielo,
yo también, ya sin recelo
la salvación hoy te pido.
Señor
y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y con tanta generosidad
correspondiste a la fe del buen ladrón, cuando en medio de tu humillación
redentora te reconoció por Hijo de Dios, hasta llegar a asegurarle que aquel
mismo día estaría contigo en el Paraíso: ten piedad de todos los hombres que
están para morir, y de mí cuando me encuentre en el mismo trance: y por los
méritos de tu sangre preciosísima, aviva en mí un espíritu de fe tan firme y
tan constante que no vacile ante las sugestiones del enemigo, me entregue a tu
empresa redentora del mundo y pueda alcanzar lleno de méritos el premio de tu
eterna compañía.
Señor
pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Tercera Palabra
"He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre" (Jn 19, 26)
Jesús
en su testamento a su Madre Virgen da:
¿y comprender quién podrá de María el sentimiento?
Hijo
tuyo quiero ser,
sé Tu mi Madre Señora:
que mi alma desde a ahora
con tu amor va a florecer.
Señor
y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y , olvidándome de tus
tormentos, me dejaste con amor y comprensión a tu Madre dolorosa, para que en
su compañía acudiera yo siempre a Ti con mayor confianza: ten misericordia de
todos los hombres que luchan con las agonías y congojas de la muerte, y de mí cuando
me vea en igual momento; y por el eterno martirio de tu madre amantísima, aviva
en mi corazón una firme esperanza en los méritos infinitos de tu preciosísima
sangre, hasta superar así los riesgos de la eterna condenación, tantas veces
merecida por mis pecados.
Señor
pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Cuarta Palabra
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27, 46)
Desamparado
se ve
de su Padre el Hijo amado,
maldito siempre el pecado
que de esto la causa fue.
Quién
quisiera consolar
a Jesús en su dolor,
diga en el alma: Señor,
me pesa: no mas pecar.
Señor
y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y tormento tras tormento,
además de tantos dolores en el cuerpo, sufriste con invencible paciencia la mas
profunda aflicción interior, el abandono de tu eterno Padre; ten piedad de
todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me haye también el la
agonía; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme que sufra con
paciencia todos los sufrimientos, soledades y contradicciones de una vida en tu
servicio, entre mis hermanos de todo el mundo, para que siempre unido a Ti en
mi combate hasta el fin, comparta contigo lo mas cerca de Ti tu triunfo eterno.
Señor
pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Quinta Palabra
"Tengo sed" (Jn 19, 28)
Sed,
dice el Señor, que tiene;
para poder mitigar la sed que así le hace hablar,
darle lágrimas conviene.
Hiel
darle, ya se le ha visto: la prueba, mas no la bebe:
¿Cómo quiero yo que pruebe la hiel de mis culpas Cristo?
Señor
y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y no contento con tantos
oprobios y tormentos, deseaste padecer más para que todos los hombres se
salven, ya que sólo así quedará saciada en tu divino Corazón la sed de almas;
ten piedad de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando llegue a
esa misma hora; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme tal
fuego de caridad para contigo y para con tu obra redentora universal, que sólo
llegue a desfallecer con el deseo de unirme a Ti por toda la eternidad.
Señor
pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Sexta Palabra
"Todo está consumado" (Jn 19,30)
Con
firme voz anunció Jesús, ensangrentado,
que del hombre y del pecado
la redención consumó.
Y
cumplida su misión,
ya puede Cristo morir,
y abrirme su corazón
para en su pecho vivir.
Señor
y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y desde su altura de amor y
de verdad proclamaste que ya estaba concluida la obra de la redención, para que
el hombre, hijo de ira y perdición, venga a ser hijo y heredero de Dios; ten
piedad de todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me halle en
esos instantes; y por los méritos de tu preciosísima sangre, haz que en mi
entrega a la obra salvadora de Dios en el mundo, cumpla mi misión sobre la
tierra, y al final de mi vida, pueda hacer realidad en mí el diálogo de esta
correspondencia amorosa: Tú no pudiste haber hecho más por mí; yo, aunque a
distancia infinita, tampoco puede haber hecho más por Ti.
Señor
pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Séptima Palabra
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23, 46)
A
su eterno Padre, ya el espíritu encomienda;
si mi vida no se enmienda,
¿en qué manos parará?
En
las tuyas desde ahora
mi alma pongo, Jesús mío;
guardaría allí yo confío
para mi última hora.
Señor
y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y aceptaste la voluntad de
tu eterno Padre, resignando en sus manos tu espíritu, para inclinar después la
cabeza y morir ; ten piedad de todos los hombres que sufren los dolores de la
agonía, y de mí cuando llegue esa tu llamada; y por los méritos de tu
preciosísima sangre concédeme que te ofrezca con amor el sacrificio de mi vida
en reparación de mis pecados y faltas y una perfecta conformidad con tu divina
voluntad para vivir y morir como mejor te agrade, siempre mi alma en tus manos.
Señor
pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
La Pelicula la
"Pasión de Cristo" es la pelicula que mejor refleja como se produjo
realmente la Pasión y muerte de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esta es la
opinión de muchos lideres cristianos, de la mayor parte del
publico que esta yendo a los cines de casi todo el mundo. Pero la
pelicula no solamente se inspira en los Cuatro Evangelios sino que tambien
se inspira en las Meditaciones de la mística visionaria Católica Anne
Katherine Emmerich, en las que Mel Gibson tambien se basó para producir
el film The Passion.
Aqui presentamos los capitulos
o pasajes con los cuales se organiza el libro "La Dolorosa Pasión de
Nuestro Señor Jesucristo" de la Mística alemana, Venerable por la Iglesia
Catolica, Ana Catalina Emmerich:
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En total son 39 capitulos donde
se explica toda la Pasión de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, donde esta
mistica Alemana la explica supuestamente como paso realmente. Como el libro es
muy largo solo vamos a exponer parte del primer capitulo, en el Monte de los
Olivos, como pequeña muestra:
1.
Ayer tarde fue cuando tuvo lugar la última gran comida del
Señor y sus amigos, en casa de Simón el Leproso, en Betania, en donde María
Magdalena derramó por la última vez los perfumes sobre Jesús. Los discípulos
habían preguntado ya a Jesús dónde quería celebrar la Pascua. Hoy, antes de
amanecer, llamó el Señor a Pedro, a Santiago y a Juan: les habló mucho de todo
lo que debían preparar y ordenar en Jerusalén, y les dijo que cuando subieran
al monte de Sión, encontrarían al hombre con el cántaro de agua. Ellos conocían
ya a este hombre, pues en la última Pascua, en Betania, él había preparado la
comida de Jesús: por eso San Mateo dice: cierto hombre. Debían seguirle hasta
su casa y decirle: "El Maestro os manda decir que su tiempo se acerca, y
que quiere celebrar la Pascua en vuestra casa". Después debían ser
conducidos al Cenáculo, y ejecutar todas las disposiciones necesarias. Yo vi
los dos Apóstoles subir a Jerusalén; y encontraron al principio de una pequeña
subida, cerca de una casa vieja con muchos patios, al hombre que el Señor les
había designado: le siguieron y le dijeron lo que Jesús les había mandado. Se
alegró mucho de esta noticia, y les respondió que la comida estaba ya dispuesta
en su casa (probablemente por Nicodemus); que no sabía para quién, y que se
alegraba de saber que era para Jesús. Este hombre era Elí, cuñado de Zacarías
de Hebrón, en cuya casa el año anterior había Jesús anunciado la muerte de Juan
Bautista. Iba todos los años a la fiesta de la Pascua con sus criados,
alquilaba una sala, y preparaba la Pascua para las personas que no tenían
hospedaje en la ciudad. Ese año había alquilado un Cenáculo que pertenecía a
Nicodemus y a José de Arimatea. Enseñó a los dos Apóstoles su posición y su
distribución interior.
2.
Sobre el lado meridional de la montaña de Sión, se halla una
antigua y sólida casa, entre dos filas de árboles copudos, en medio de un patio
espacioso cercado de buenas paredes. Al lado izquierdo de la entrada se ven
otras habitaciones contiguas a la pared; a la derecha, la habitación del
mayordomo, y al lado, la que la Virgen y las santas mujeres ocuparon con más
frecuencia después de la muerte de Jesús. El Cenáculo, antiguamente más
espacioso, había servido entonces de habitación a los audaces capitanes de
David: en él se ejercitaban en manejar las armas. Antes de la fundación del
templo, el Arca de la Alianza había sido depositada allí bastante tiempo, y aún
hay vestigios de su permanencia en un lugar subterráneo. Yo he visto también al
profeta Malaquías escondido debajo de las mismas bóvedas; allí escribió sus
profecías sobre el Santísimo Sacramento y el sacrificio de la Nueva Alianza.
Cuando una gran parte de Jerusalén fue destruida por los babilonios, esta casa
fue respetada: he visto otras muchas cosas de ella; pero no tengo presente más
que lo que he contado. Este edificio estaba en muy mal estado cuando vino a ser
propiedad de Nicodemus y de José de Arimatea: habían dispuesto el cuerpo
principal muy cómodamente y lo alquilaban para servir de Cenáculo a los
extranjeros, que la Pascua atraía a Jerusalén. Así el Señor lo había usado en
la última Pascua. El Cenáculo, propiamente, está casi en medio del patio; es
cuadrilongo, rodeado de columnas poco elevadas. Al entrar, se halla primero un
vestíbulo, adonde conducen tres puertas; después de entra en la sala interior,
en cuyo techo hay colgadas muchas lámparas; las paredes están adornadas, para
la fiesta, hasta media altura, de hermosos tapices y de colgaduras. La parte
posterior de la sala está separada del resto por una cortina. Esta división en
tres partes da al Cenáculo cierta similitud con el templo. En la última parte
están dispuestos, a derecha e izquierda, los vestidos necesarios para la
celebración de la fiesta. En el medio hay una especie de altar; en esta parte
de la sala están haciendo grandes preparativos para la comida pascual. En el
nicho de la pared hay tres armarios de diversos colores, que se vuelven como
nuestros tabernáculos para abrirlos y cerrarlos; vi toda clase de vasos para la
Pascua; más tarde, el Santísimo Sacramento reposó allí. En las salas laterales
del Cenáculo hay camas en donde se puede pasar la noche. Debajo de todo el
edificio hay bodegas hermosas. El Arca de la Alianza fue depositada en algún
tiempo bajo el sitio donde se ha construido el hogar. Yo he visto allí a Jesús
curar y enseñar; los discípulos también pasaban con frecuencia las noches en
las laterales.
Por la mañana, mientras los dos Apóstoles se ocupaban en
Jerusalén en hacer los preparativos de la Pascua, Jesús, que se había quedado
en Betania, hizo una despedida tierna a las santas mujeres, a Lázaro y a su
Madre, y les dio algunas instrucciones. Yo vi al Señor hablar solo con su
Madre; le dijo, entre otras cosas, que había enviado a Pedro, el Apóstol de la
fe, y a Juan, el Apóstol del amor, para preparar la Pascua en Jerusalén. Dijo
que María Magdalena, cuyo dolor era muy violento, que su amor era grande, pero
que todavía era un poco según la carne, y que por ese motivo el dolor la ponía
fuera de sí. Habló también del proyecto de Judas, y la Virgen Santísima rogó
por él. Judas había ido otra vez de Betania a Jerusalén con pretexto de hacer
un pago. Corrió todo el día a casa de los fariseos, y arregló la venta con
ellos. Le enseñaron los soldados encargados de prender al Salvador. Calculó sus
idas y venidas de modo que pudiera explicar su ausencia. Volvió al lado del
Señor poco antes de la cena. Yo he visto todas sus tramas y todos sus
pensamientos. Era activo y servicial; pero lleno de avaricia, de ambición y de
envidia, y no combatía estas pasiones. Había hecho milagros y curaba enfermos
en la ausencia de Jesús. Cuando el Señor anunció a la Virgen lo que iba a
suceder, Ella le pidió de la manera más tierna que la dejase morir con Él. Pero
Él le recomendó que tuviera más resignación que las otras mujeres; le dijo
también que resucitaría, y el sitio donde se le aparecería. Ella no lloró
mucho, pero estaba profundamente triste. El Señor le dio las gracias, como un
hijo piadoso, por todo el amor que le tenía. Se despidió otra vez de todos,
dando todavía diversas instrucciones. Jesús y los nueve Apóstoles salieron a
las doce de Betania para Jerusalén; anduvieron al pie del monte de los Olivos,
en el valle de Josafat y hasta el Calvario. En el camino no cesaba de
instruirlos. Dijo a los Apóstoles, entre otras cosas, que hasta entonces les
había dado su pan y su vino, pero que hoy quería darles su carne y su sangre, y
que les dejaría todo lo que tenía. Decía esto el Señor con una expresión tan
dulce en su ara, que su alma parecía salirse por todas partes, y que se
deshacía en amor, esperando el momento de darse a los hombres. Sus discípulos
no lo comprendieron: creyeron que hablaba del cordero pascual. No se puede
expresar todo el amor y toda la resignación que encierran los últimos discursos
que pronunció en Betania y aquí. Cuando Pedro y Juan vinieron al Cenáculo con
el cáliz, todos los vestidos de la ceremonia estaban ya en el vestíbulo. En
seguida se fueron al valle de Josafat y llamaron al Señor y a los nueve
Apóstoles. Los discípulos y los amigos que debían celebrar la Pascua en el
Cenáculo vinieron después.
5.
Jesús y los suyos comieron el cordero
pascual en el Cenáculo, divididos en tres grupos: el Salvador con los doce
Apóstoles en la sala del Cenáculo; Natanael con otros doce discípulos en una de
las salas laterales; otros doce tenían a su cabeza a Eliazim, hijo de Cleofás y
de María, hija de Helí: había sido discípulo de San Juan Bautista. Se mataron
para ellos tres corderos en el templo. Había allí un cuarto cordero, que fue
sacrificado en el Cenáculo: éste es el que comió Jesús con los Apóstoles. Judas
ignoraba esta circunstancia; continuamente ocupado en su trama, no había vuelto
cuando el sacrificio del cordero; vino pocos instantes antes de la comida. El
sacrificio del cordero destinado a Jesús y a los Apóstoles fue muy tierno; se
hizo en el vestíbulo del Cenáculo. Los Apóstoles y los discípulos estaban allí
cantando el salmo CXVIII. Jesús habló de una nueva época que comenzaba. Dijo
que los sacrificios de Moisés y la figura del Cordero pascual iban a cumplirse;
pero que, por esta razón, el cordero debía ser sacrificado como antiguamente en
Egipto, y que iban a salir verdaderamente de la casa de servidumbre. Los vasos
y los instrumentos necesarios fueron preparados. Trajeron un cordero pequeñito,
adornado con una corona, que fue enviada a la Virgen Santísima al sitio donde
estaba con las santas mujeres. El cordero estaba atado, con la espalda sobre
una tabla, por el medio del cuerpo: me recordó a Jesús atado a la columna y
azotado. El hijo de Simeón tenía la cabeza del cordero. El Señor lo picó con la
punta de un cuchillo en el cuello, y el hijo de Simeón acabó de matarlo. Jesús
parecía tener repugnancia de herirlo: lo hizo rápidamente, pero con gravedad;
la sangre fue recogida en un baño, y le trajeron un ramo de hisopo que mojó en
la sangre. En seguida fue a la puerta de la sala, tiñó de sangre los dos
pilares y la cerradura, y fijó sobre la puerta el ramo teñido de sangre.
Después hizo una instrucción, y dijo, entre otras cosas, que el ángel
exterminador pasaría más lejos; que debían adorar en ese sitio sin temor y sin
inquietud cuando Él fuera sacrificado, a Él mismo, el verdadero Cordero
pascual; que un nuevo tiempo y un nuevo sacrificio iban a comenzar, y que
durarían hasta el fin del mundo. Después se fueron a la extremidad de la sala,
cerca del hogar donde había estado en otro tiempo el Arca de la Alianza. Jesús
vertió la sangre sobre el hogar, y lo consagró como un altar; seguido de sus
Apóstoles, dio la vuelta al Cenáculo y lo consagró como un nuevo templo. Todas
las puertas estaban cerradas mientras tanto. El hijo de Simeón había ya
preparado el cordero. Lo puso en una tabla: las patas de adelante estaban
atadas a un palo puesto al revés; las de atrás estaban extendidas a lo largo de
la tabla. Se parecía a Jesús sobre la cruz, y fue metido en el horno para ser
asado con los otros tres corderos traídos del templo. Los convidados se
pusieron los vestidos de viaje que estaban en el vestíbulo, otros zapatos, un
vestido blanco parecido a una camisa, y una capa más corta de adelante que de
atrás; se arremangaron los vestidos hasta la cintura; tenían también unas
mangas anchas arremangadas. Cada grupo fue a la mesa que le estaba reservada:
los discípulos en las salas laterales, el Señor con los Apóstoles en la del
Cenáculo. Según puedo acordarme, a la derecha de Jesús estaban Juan, Santiago
el Mayor y Santiago el Menor; al extremo de la mesa, Bartolomé; y a la vuelta,
Tomás y Judas Iscariote. A la izquierda de Jesús estaban Pedro, Andrés y Tadeo;
al extremo de la izquierda, Simón, y a la vuelta, Mateo y Felipe. Después de la
oración, el mayordomo puso delante de Jesús, sobre la mesa, el cuchillo para
cortar el cordero, una copa de vino delante del Señor, y llenó seis copas, que
estaban cada una entre dos Apóstoles. Jesús bendijo el vino y lo bebió; los
Apóstoles bebían dos en la misma copa. El Señor partió el cordero; los Apóstoles
presentaron cada uno su pan, y recibieron su parte. La comieron muy de prisa,
con ajos y yerbas verdes que mojaban en la salsa. Todo esto lo hicieron de pie,
apoyándose sólo un poco sobre el respaldo de su silla. Jesús rompió uno de los
panes ácimos, guardó una parte, y distribuyó la otra. Trajeron otra copa de
vino; y Jesús decía: "Tomad este vino hasta que venga el reino de
Dios". Después de comer, cantaron; Jesús rezó o enseñó, y habiéndose
lavado otra vez las manos, se sentaron en las sillas. Al principio estuvo muy
afectuoso con sus Apóstoles; después se puso serio y melancólico, y les dijo:
"Uno de vosotros me venderá; uno de vosotros, cuya mano está conmigo en
esta mesa". Había sólo un plato de lechuga; Jesús la repartía a los que
estaban a su lado, y encargó a Judas, sentado en frente, que la distribuyera
por su lado. Cuando Jesús habló de un traidor, cosa que espantó a todos los
Apóstoles, dijo: "Un hombre cuya mano está en la misma mesa o en el mismo
plato que la mía", lo que significa: "Uno de los doce que comen y
beben conmigo; uno de los que participan de mi pan". No designó claramente
a Judas a los otros, pues meter la mano en el mismo plato era una expresión que
indicaba la mayor intimidad. Sin embargo, quería darle un aviso, pues, que
metía la mano en el mismo plato que el Señor para repartir lechuga. Jesús
añadió: "El hijo del hombre se va, según esta escrito de Él; pero
desgraciado el hombre que venderá al Hijo del hombre: más le valdría no haber
nacido". Los Apóstoles, agitados, le preguntaban cada uno: "Señor,
¿soy yo?", pues todos sabían que no comprendían del todo estas palabras.
Pedro se recostó sobre Juan por detrás de Jesús, y por señas le dijo que
preguntara al Señor quién era, pues habiendo recibido algunas reconvenciones de
Jesús, tenía miedo que le hubiera querido designar. Juan estaba a la derecha de
Jesús, y, como todos, apoyándose sobre el brazo izquierdo, comía con la mano
derecha: su cabeza estaba cerca del pecho de Jesús. Se recostó sobre su seno, y
le dijo: "Señor, ¿quién es?". Entonces tuvo aviso que quería designar
a Judas. Yo no vi que Jesús se lo dijera con los labios: "Este a quien le
doy el pan que he mojado". Yo no sé si se lo dijo bajo; pero Juan lo supo
cuando el Señor mojó el pedazo de pan con la lechuga, y lo presentó
afectuosamente a Judas, que preguntó también: "Señor, ¿soy yo?".
Jesús lo miró con amor y le dio una respuesta en términos generales. Era para
los judíos una prueba de amistad y de confianza. Jesús lo hizo con una afección
cordial, para avisar a Judas, sin denunciarlo a los otros; pero éste estaba
interiormente lleno de rabia. Yo vi, durante la comida, una figura horrenda,
sentada a sus pies, y que subía algunas veces hasta su corazón. Yo no vi que
Juan dijera a Pedro lo que le había dicho Jesús; pero lo tranquilizó con los
ojos.
Para quien quiera ver los textos
completos del libro de la mística alemana es recomendable ver la pagina web
católica: www.aciprensa.com, sección textos sobre la
pasión de nuestro Señor Jesucristo.
TEXTOS BIBLICOS SOBRE EL PRENDIMIENTO DE
JESÚS Y TAMBIEN LA PASIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Evangelio según San Juan, capítulo 18, versículos del
1 al 19,1-42.
JESUS ES TOMADO PRESO.
1. Después de hablar así, se fue Jesús acompañado de sus discípulos al
otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con
ellos.
2. Y Judas, el que lo entregaba, conocía bien este lugar, porque Jesús y sus
discípulos se habían reunido allí frecuentemente.
3. Judas, pues, tomando a la guardia y a los satélites de los sumos sacerdotes
y de los fariseos, llegó allí con linternas y antorchas, y con armas.
4. Entonces Jesús, sabiendo todo lo que le había de acontecer se adelantó y les
dijo: "¿A quién buscáis?"
5. Respondiéronle: "A Jesús el Nazareno". Les dijo: "Soy
Yo". Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos.
6. No bien les hubo dicho: "Yo soy", retrocedieron y cayeron en
tierra.
7. De nuevo les preguntó: "¿A quién buscáis?" Dijeron: "A Jesús
de Nazaret".
8. Respondió Jesús: "Os he dicho que soy Yo. Por tanto si me buscáis a Mí,
dejad ir a éstos";
9. para que se cumpliese la palabra, que Él había dicho: "De los que me
diste, no perdí ninguno".
10. Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió a un
siervo del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El nombre del siervo
era Malco.
11. Mas Jesús dijo a Pedro: "Vuelve la espada a la vaina; ¿no he de beber
el cáliz que me ha dado el Padre?".
JESUS ANTE ANAS Y CAIFAS. NEGACION DE PEDRO.
12. Entonces la guardia, el tribuno y los satélites de los judíos
prendieron a Jesús y lo ataron.
13. Y lo condujeron primero a Anás, porque éste era el suegro de Caifás, el
cual era Sumo Sacerdote en aquel año. (24.) Pero Anás lo envió atado a Caifás,
el Sumo Pontífice.
14. Caifás era aquel que había dado a los judíos el consejo: "Conviene que
un solo hombre muera por el pueblo".
15. Entretanto Simón Pedro seguía a Jesús como también otro discípulo.
Este discípulo, por ser conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el
palacio del Pontífice;
16. mas Pedro permanecía fuera, junto a la puerta. Salió, pues, aquel otro
discípulo, conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera, y trajo adentro a
Pedro.
17. Entonces, la criada portera dijo a Pedro: "¿No eres tú también de los
discípulos de ese hombre?" Él respondió: "No soy".
18. Estaban allí de pie, calentándose, los criados y los satélites, que habían
encendido un fuego, porque hacía frío. Pedro estaba también en pie con ellos y
se calentaba.
19. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su
enseñanza.
20. Jesús le respondió: "Yo he hablado al mundo públicamente; enseñé en
las sinagogas y en el Templo, adonde concurren todos los judíos, y nada he
hablado a escondidas.
21. ¿Por qué me interrogas a Mí? Pregunta a los que han oído, qué les he
enseñado; ellos saben lo que Yo he dicho".
22. A estas palabras, uno de los satélites, que se encontraba junto a Jesús, le
dió una bofetada, diciendo: "¿Así respondes Tú al Sumo Sacerdote?"
23. Jesús le respondió: "Si he hablado mal, prueba en qué está el mal;
pero si he hablado bien ¿por qué me golpeas?"
24. (Va después del
13..)
25. Entretanto Simón Pedro seguía allí calentándose, y le dijeron:
"No eres tú también de sus discípulos". Él lo negó y dijo: "No
lo soy".
26. Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro
había cortado la oreja, le dijo: "¿No te vi yo en el huerto con Él?"
27. Pedro lo negó otra vez, y en seguida cantó un gallo.
JESUS ANTE PILATO.
28. Entonces condujeron a Jesús, de casa de Caifás, al pretorio: era de
madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse, y poder
comer la Pascua.
29. Vino, pues, Pilato a ellos afuera, y les dijo: "¿Qué acusación traéis
contra este hombre?"
30. Respondiéronle y dijeron: "Si no fuera un malhechor, no te lo
habríamos entregado".
31. Díjoles Pilato: "Entonces tomadlo y juzgadlo según vuestra Ley".
Los judíos le respondieron: "A nosotros no nos está permitido dar muerte a
nadie";
32. para que se cumpliese la palabra por la cual Jesús significó de qué muerte
había de morir.
33. Pilato entró, pues, de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le
preguntó: "¿Eres Tú el Rey de los judíos?"
34. Jesús respondió: "¿Lo dices tú por ti mismo, o te lo han dicho otros
de Mí?"
35. Pilato repuso: "¿Acaso soy judío yo? Es tu nación y los pontífices
quienes te han entregado a Mí. ¿Qué has hecho?"
36. Replicó Jesús: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de
este mundo, mis servidores combatirían a fin de que Yo no fuese entregado a los
judíos. Mas ahora mi reino no es de aquí".
37. Díjole, pues, Pilato: "¿Conque Tú eres rey?" Contestó Jesús:
"Tú lo dices: Yo soy rey". Yo para esto nací y para esto vine al
mundo, a fin de dar testimonio a la verdad. Todo el que es de la verdad,
escucha mi voz".
38. Pilato le dijo: "¿Qué cosa es verdad?".
JESUS Y BARRABAS.
Apenas dicho esto, salió otra vez afuera y les dijo a los judíos: "Yo no
encuentro ningún cargo contra él.
39. Pero tenéis costumbre de que para Pascua os liberte a alguien. ¿Queréis,
pues, que os deje libre al rey de los judíos?"
40. Y ellos gritaron de nuevo: "No a él, sino a Barrabás". Barrabás
era un ladrón.
JESUS AZOTADO Y CORONADO DE ESPINAS.
1. Entonces, pues, Pilato tomó a Jesús y lo hizo azotar.
2. Luego los soldados trenzaron una corona de espinas, que le pusieron sobre la
cabeza, y lo vistieron con un manto de púrpura.
3. Y acercándose a Él, decían: "¡Salve, rey de los judíos!" y le
daban bofetadas.
ECCE HOMO.
4. Pilato salió otra vez afuera, y les dijo: "Os lo traigo fuera,
para que sepáis que yo no encuentro contra Él ningún cargo".
5. Entonces Jesús salió fuera, con la corona de espinas y el manto de púrpura,
y (Pilato) les dijo: "¡He aquí al hombre!".
6. Los sumos sacerdotes y los satélites, desde que lo vieron, se pusieron a
gritar: "¡Crucifícalo, crucifícalo!" Pilato les dijo: "Tomadlo
vosotros, y crucificadlo; porque yo no encuentro en Él ningún delito".
7. Los judíos le respondieron: "Nosotros tenemos una Ley, y según esta
Ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios".
8. Ante estas palabras, aumentó el temor de Pilato.
9. Volvió a entrar al pretorio, y preguntó a Jesús: "¿De dónde eres
Tú?" Jesús no le dió respuesta.
10. Díjole, pues, Pilato: "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo el
poder de librarte y el poder de crucificarte?"
11. Jesús le respondió: "No tendrías sobre Mí ningún poder, si no te
hubiera sido dado de lo alto; por esto quien me entregó a ti, tiene mayor
pecado".
LA CONDENACION.
12. Desde entonces Pilato buscaba cómo dejarlo libre; pero los judíos se
pusieron a gritar diciendo: "Si sueltas a éste, no eres amigo del César:
todo el que se pretende rey, se opone al César".
13. Pilato, al oír estas palabras, hizo salir a Jesús afuera; después se sentó
en el tribunal en el lugar llamado Lithóstrotos, en hebreo Gábbatha.
14. Era la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta. Y dijo a los
judíos: "He aquí a vuestro Rey".
15. Pero ellos se pusieron a gritar: "¡Muera! ¡Muera! ¡Crucifícalo!"
Pilato les dijo: "¿A vuestro rey he de crucificar?" Respondieron los
sumos sacerdotes: "¡Nosotros no tenemos otro rey que el César!"
16. Entonces se lo entregó para que fuese crucificado.
LA CRUCIFIXION.
Tomaron, pues, a Jesús;
17. y Él, llevándose su cruz, salió para el lugar llamado "El
cráneo", en hebreo Gólgota,
18. donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno de cada lado, quedando
Jesús en el medio.
19. Escribió también Pilato un título que puso sobre la cruz. Estaba escrito:
"Jesús Nazareno, el rey de los judíos".
20. Este título fue leído por muchos judíos, porque el lugar donde Jesús fue
crucificado se encontraba próximo a la ciudad; y estaba redactado en hebreo, en
latín y en griego.
21. Mas los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: "No escribas
"el rey de los judíos", sino escribe que Él ha dicho: "Soy el
rey de los judíos".
22. Respondió Pilato: "Lo que escribí, escribí".
23. Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus
vestidos, de los que hicieron cuatro partes, una para cada uno, y también la
túnica. Esta túnica era sin costura, tejida de una sola pieza desde arriba.
24. Se dijeron, pues, unos a otros: "No la rasguemos, sino echemos suertes
sobre ella para saber de quién será"; a fin de que se cumpliese la
Escritura: "Se repartieron mis vestidos, y sobre mi túnica echaron
suertes". Y los soldados hicieron esto.
MARIA AL PIE DE LA CRUZ.
25. Junto a la cruz de Jesús estaba de pie su madre, y también la hermana
de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
26. Jesús, viendo a su madre y, junto a ella, al discípulo que amaba, dijo a su
madre: "Mujer, he ahí a tu hijo".
27. Después dijo al discípulo: "He ahí a tu madre". Y desde este
momento el discípulo la recibió consigo.
MUERTE DE JESUS.
28. Después de esto, Jesús, sabiendo que todo estaba acabado, para que
tuviese cumplimiento la Escritura, dijo: "Tengo sed".
29. Había allí un vaso lleno de vinagre. Empaparon pues, en vinagre una
esponja, que ataron a un hisopo, y la aproximaron a su boca.
30. Cuando hubo tomado el vinagre, dijo: "Está cumplido", e
inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
LA LANZADA.
31. Como era la Preparación a la Pascua, para que los cuerpos no quedasen
en la cruz durante el sábado - porque era un día grande el de aquel sábado - los
judíos pidieron a Pilato que se les quebrase las piernas, y los retirasen.
32. Vinieron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero, y luego
del otro que había sido crucificado con Él.
33. Mas llegando a Jesús y viendo que ya estaba muerto, no le quebraron las
piernas;
34. pero uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante
salió sangre y agua.
35. Y el que vio, ha dado testimonio - y su testimonio es verdadero, y él
sabe que dice verdad - a fin de que vosotros también creáis.
36. Porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: "Ningún hueso
le quebrantaréis".
37. Y también otra Escritura dice: "Volverán los ojos hacia Aquel a quien
traspasaron".
SEPULTURA DE JESUS.
38. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero
ocultamente, por miedo a los judíos, pidió a Pilato llevarse el cuerpo de
Jesús, y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y se llevó el cuerpo.
39. Vino también Nicodemo, el que antes había ido a encontrarlo de noche; éste
trajo una mixtura de mirra y áloe, como cien libras.
40. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en fajas con las
especies aromáticas, según la manera de sepultar a los judíos.
41. En el lugar donde lo crucificaron había un jardín, y en el jardín un sepulcro
nuevo, donde todavía nadie había sido puesto.
42. Allí fue donde, por causa de la Preparación de los judíos, y por hallarse
próximo este sepulcro, pusieron a Jesús.
NOTA: El huerto donde Jesús oró por ultima vez se llamaba el Huerto de
Getsemaní. Ya en el siglo IV se veneraba allí la memoria de la agonía del
Señor, en una Iglesia cuyos cimientos se han descubierto recientemente. David,
como figura de Cristo, atravesó también este torrente huyendo de su propio
hijo. Véase II Reyes 13, 23.
Y Jesús dijo en la Cruz:
"PADRE PERDONALOS POR QUE NO SABEN LO QUE HACEN".
La Iglesia Católica
reconoce además de los cuatro Evangelios como textos validos que reflejan la
Crucifixión, Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, también reconoce como
textos validos, textos inspirados por místicos, santos y visionarios que son
reconocidos por la Iglesia. Mientras los cristianos protestantes solo reconocen
como fuentes validas de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo los cuatro
Evangelios.
Todos las ramas del
cristianismo creen que la crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo
se produjo tal y como lo dicen los Evangelios. También todas las Iglesias
cristianas creen que Jesucristo regresará al Final de los Tiempos para cerrar
la Historia, resucitar a los muertos y juzgar a la Humanidad. Desgraciadamente
hay muchos cristianos que no creen en la Segunda Venida Literal de Jesucristo
al Final de los Tiempos.
¡Por favor si tu quieres considerarte un
verdadero cristiano debes creer en la Segunda Venida literal de Jesucristo en
los Tiempos Finales!.