SOBRE LO DIVINO Y LO HUMANO

 

Asunto: El Infierno

 

Si ustedes me permiten deseo comentar sobre el tema del Infierno que en el último mensaje del "Secreto de las Estrellas" de cuya página soy asiduo lector, se permitieron publicar.

¿Existe o no? Para responder es preciso profundarse en la Teología y en la Filosofía. La cuestión de la existencia es la misma acerca de la existencia de Dios. ¿Dios existe o no? Ni el Infierno  ni el Cielo son creatura o sea forman parte de la Creación, porque Dios no puede crearse a sí mismo y no puede crear algo que no es Él, porque de ser así habría el Principio de Contradicción: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Dios dice de Sí mismo que: ES. "Yo Soy Aquel que Es". Y afirma que éste es Su Nombre para siempre. Si Dios dice que Es y que el Ser es su nombre para siempre, está fuera de Él la posibilidad de crear algo que no sea Él o que no sea por si mismo. Por tanto el Infierno, no siendo creado y por eso no siendo creatura: No existe. No existe porque está fuera de la Creación. Crear algo que no es, es una contradicción. Y Dios NO ES una contradicción porque Él dice que: ES. Este mismo raciocinio Filosófico cabe para el Cielo. El Cielo ES, porque reúne todas las cualidades de Dios que ES y si Es, entonces, no puede ser Creatura y, portanto, creado. Si ni el Infierno y ni el Cielo existen porque no son creaturas, ¿cómo se explica lo de la Escritura que dice: "Id, malditos de mi Padre al fuego eterno, creado...".

Primero. Fuego. ¿Qué fuego? Tomás de Aquino dice: de un fuego moral, no físico, se puede admitir: un fuego del espírito. El fuego del espírito a través del cual éste se consume sin consumirse, porque el espírito no es algo físico, material, temporal y si energético o sea: LUZ, entonces, la expresión "que se consume sin consumirse" se refiere a quien le falta la visión y la vivencia de la LUZ y por eso se consume, pero esta falta no lo consume, no lo acaba, porque todavía no fue consumido en su ser, continúa siendo LUZ, mas, LUZ que le falta la visión y la intimidad de la LUZ que es Dios. Así entendemos que el Infierno es obra de la propia Creatura y no de Dios. La Creatura crea su Infierno cuando de forma ontológica y amorosa, conscientemente través del uso de su libre albedrío, se elige a sí mismo y no a Dios o sea: al SER. Por eso los místicos, en particular, afirman que el Infierno como el Cielo son estados del Alma. Creo yo que todos ya hemos pasado por "estados del Alma" infernales y celestiales. Hemos sentido el Infierno y el Cielo. ¿En qué estado cada uno de nosotros nos sentimos referente a Dios? Lo que cada uno siente le dice claramente en qué relación está con Dios: si de infierno o si de Cielo. Así podemos ver que el Infierno y el Cielo son estados del alma. Los estados emocionales de adhesión o de rechazo. La Emoción que sentimos referente al Ser en sí mismo es la que nos dice con absoluta claridad de nuestra real situación referente al Infierno o al Cielo.

El Infierno existe, sí; pero existe por un proceso de rechazo consciente y libre de la creatura inteligente. Su existencia parte de la creatura y no de Dios. Parte del alejamiento de Dios por parte de la Creatura, libremente elegido y querido. Ese alejamiento es el fuego que consume el espírito de la Creatura; la angustia; el terror; el abandono; la ira; y todas las emociones adjuntas de sentirse rechazada, no porque Dios la rechazó, sino porque ella misma eligió rechazar a Dios de sí misma. Este rechazo, esta elección por ella libremente practicada, es lo que provoca su infierno.

La palabra "Creado" se refiere a los ángeles y no a Dios o sea: se refiere a la Creatura que crea ese estado de rechazo porque quiere, ama ese estado, le gusta y por eso lo elige. Es una elección contra Dios y este tipo de elección es la que se encuadra muy bien con el sentido de la palabra: Adversario o sea: Satanás.

Llama la atención la expresión que dice: Id, malditos de mi Padre al fuego eterno"... No dice: "Id malditos de mi Padre eternamente al fuego eterno"... El fuego en sí es eterno o sea: ese fuego provocado por el rechazo de Dios de parte del alma, ese: es eterno y tiene que ser eterno, pero, la permanencia en ese fuego no es eterna. Sin duda, creo yo y conmigo muchos místicos, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, y en especial todos los que de alguna manera han tenido alguna experiencia de Dios y por eso son místicos, la permanencia en el infierno no es por toda la eternidad, pues, esto significaría que Dios guarda un cierto recelo de ese rechazo y por tanto no perdona, lo que desdice totalmente la Naturaleza de Dios, Dios ES y si Es, el amor o sea, la plenitud del SER le pertenece y por eso ama, esto es como los místicos explican el amor de Dios, la permanencia en el infierno no será eterna. Dios tendrá piedad, misericordia, amor porque ES y por amor traerá de vuelta esas almas.

Es lo que deseaba comentar. Agradézcoles la oportunidad que me ofrecieron para hablar de este tema. 

Atentamente. 

10-05-07

Juan Aguirre  

 

 

 

Plan de salvación

 

Para empezar, la gente considera que hay fechas importantes en su vida, como por ejemplo cuando uno cumple años, o cuando uno contrae matrimonio, cuando tiene un hijo, etc. Pero hay una fecha de suma importancia que casi nadie considera: la fecha en la que uno muere. La muerte llega sin aviso, un día podes estar haciendo normalmente tu trabajo, y al día siguiente estar en un cajón.

 

Pero la pregunta es ¿Por qué es importante el día de la muerte? La respuesta es simple: después de la muerte hay un JUICIO. Hebreos 9:27 esta establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio.

 

Objeciones que se pueden presentar:

 

·        Yo no creo nada, todo se termina en la muerte. Bueno usted elige creer o no, pero tenga en cuenta que está siendo prevenido de antemano de que va a haber un juicio, sería prudente que por lo menos usted se pregunte a sí mismo, ¿y si fuera cierto QUE?

 

·        Vos estás citando la Biblia, pero la Biblia tiene muchos errores. Si la Biblia tiene muchos errores, ¿me podrías decir uno?

 

Vale preguntar ¿Por qué va a ser ese juicio? Nunca que se hace un juicio puede ser por algo bueno, si se hace es porque se considera que ocurrió algo irregular, o algo malo. Naturalmente un juicio puede tener dos sentencias: inocente o culpable. La causa del juicio es el PECADO. Romanos 3:23 pues TODOS han pecado, y están privados de la gloria de Dios.

 

Objeciones que se pueden presentar:

 

·        Yo no pequé nunca. Pecar no es solo asesinar personas o cometer violaciones, también es el simple hecho de mentir. Ahora piense si usted nunca dijo una mentira. Si usted es sincero se va a dar cuenta que no solo usted, sino que todos mentimos alguna vez. También puede ser que diga -yo nunca engañe a mi esposa-, pero con el solo hecho de mirar y codiciar a otra mujer está adulterando con ella en su pensamiento, y eso es un pecado. El pecado no es solo el accionar, es también el pensar o el sentir.

 

·        El pecado no existe. Si usted realmente cree que el pecado no existe, respetamos su pensamiento. Pero hay una cosa que usted SI sabe que existe, y es su conciencia. Cualquier cosa que usted haga, sabe interiormente que está actuando en forma correcta o incorrecta. Y si esto no ocurre es porque usted quemó su conciencia, es decir, si su conciencia lo acusaba de algo pero usted no le hacía caso, llego el momento en que su conciencia no le dijo más nada. Pero en algún momento pasado su conciencia estuvo actuando.

 

·        Si yo pequé, pero voy a pagar mi pecado en el purgatorio. Si el purgatorio existe entonces ¿porque la palabra purgatorio NO aparece en la Biblia nunca?

 

Para empeorar más la situación, no sólo tenemos pecado, sino que también tenemos una naturaleza pecaminosa desde que nacemos, que hace que continuemos pecando. Usted no puede asegurar que no va a volver a pecar en el futuro. Por más que se dé cuenta ahora de que tiene pecado, no por eso va a poder dejar de pecar. ¿Cuándo vio un niño que le diga a otro -toma esto es TUYO!!- Seguramente era un objeto dañino. Lo primero que dice un niño es MÍO!!- Es ese egoísmo que caracteriza al ser humano desde que nace. Y el egoísmo es pecado. ¿Quiere saber algo más terrible? Todos somos naturalmente ENEMIGOS de Dios, nuestra naturaleza pecaminosa no se sujeta a Dios.

 

 

Dios es santo y no puede estar en contacto con el pecado, Dios no tolera el pecado. El pecado nos separa de él. Ahora piense, si usted tiene pecado y se presentara ante Dios en ese juicio que habíamos dicho al principio, ¿cual cree que sería la sentencia? Dios lo sabe todo, nadie puede engañarlo. No existe el soborno, los arreglos, no hay nada que usted pueda hacer para cambiar esa sentencia. Dios es un Dios de justicia. Romanos 2:5-6 pero por tu obstinación y tu corazón duro, sigues acumulando castigo contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su JUSTO JUICIO. Porque Dios pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras.

 

Objeciones que se pueden presentar:

 

·        Dios es bueno, Cuando estemos en ese juicio nos va a perdonar a todos. Si así es, Dios es bueno, es por eso que nos dejo establecido por medio de la ley lo que está bien, y lo que está mal. Si Dios fuese malo, no habría dejado esa guía. Si usted conoce la ley de Dios, y la desobedece está pecando voluntariamente. La realidad es que Dios va a pagar a cada uno según sus obras. Es una ilusión falsa pensar que cuando uno esté en ese juicio va a salir impune.

 

·        Yo me siento mal por las cosas malas que hice, es por eso que cuando esté en ese juicio Dios me va a perdonar. Sentirse mal o sentir remordimiento por algo no quita la mancha de pecado. Es como tirarse al barro y sentirse mal por eso, aunque uno se sienta mal el barro sigue manchando nuestra ropa. El problema del pecado continúa.

 

Nada de lo que podamos hacer va a quitar nuestro pecado, ni mucho menos nuestra naturaleza pecaminosa. Por más que nos esforcemos por hacer el bien, no por eso vamos a poder quitar el pecado que tenemos. Aunque cumplamos perfectamente la ley de Dios, no vamos a poder ser justificados delante de Dios, la justicia no se alcanza haciendo justicia o haciendo el bien. Si bien Dios quiere que hagamos el bien, esto no va a cambiar la sentencia del juicio. Efesios 3:11 por la ley, NADIE es justificado delante de Dios.

 

·        Ese si que no estoy de acuerdo, si yo trato de hacer el bien, estoy seguro que Dios me va a perdonar. Me parece perfecto que trate de hacer el bien, ¿pero sabe una cosa? Lo bueno que haga no le va a alcanzar. A los ojos de Dios, la justicia humana es un trapo de inmundicia (Isaías 64:6), y esto es porque tenemos pecado, y una naturaleza pecaminosa.

 

Hasta ahora hablamos solamente del problema del pecado, pero de ninguna solución a él. Dijimos que ni las buenas obras, ni acciones que hagamos pueden quitar el pecado. Resumiendo, ningún intento del ser humano en ir en busca de Dios es aceptable a Él. Es por eso que Dios vino a nosotros. Dios el Padre mandó a su único Hijo a morir en una cruz. Cristo pagó el precio de nuestro pecado en la cruz. Romanos 5:8 más Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. ¿Recuerda que dijimos que éramos ENEMIGOS de Dios? Pues así siendo enemigos de Dios, Dios nos amó tanto que envió a su único Hijo a morir en la cruz.

 

Ahora bien, si usted quiere que su pecado sea quitado totalmente, tiene que hacer dos cosas: creer y confiar. Creer que el Padre envió al Hijo a morir en la cruz para pagar el pecado que usted cometió, y confiar que ese sacrificio tiene poder para quitar su pecado, y que Dios puede perdonarlo. Juan 1:12 más a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser Hijos de Dios. Si usted recibe a Cristo como su salvador, usted es Hijo de Dios, y puede entrar al cielo, porque su pecado fue quitado.

 

 

 

 

Colaboración de Alba Clara de Jesús

 

 

El Espíritu es Fuego

 

¿Alguna vez arrimasteis una cerilla a un nido de cucarachas?  Es bien curioso ver como todas aterrorizadas salen en desbandada una vez se las ha “disturbado” con la luz.  Los bichejos no la soportan, prefieren apelotonarse todos juntos en la oscuridad, y rebullirse entre ellos alimentándose de sus propios cadáveres.

 

¡Esto no es una clase de Entomología!, me diréis.  Ciertamente no lo es, pero con estas comparaciones pretendo dar a comprender relevancias espirituales, y como lo único que, por desgracia, solemos recordar, por el momento, es lo que nos rodea, he de agarrarme a estas relaciones para poner símiles comprensivos a nuestra naturaleza humana.  En otras palabras, he de hablar en parábolas... traducidas.

 

La cerilla antes mencionada es la chispa Divina, la Luz, el Fuego.  El nido de los bichejos es nuestra alma, o nuestro corazón.  Las cucarachas... nuestras debilidades, nuestros errores o tendencias negativas, que se inclinan a amontonarse si las sombras de la ofuscación, de la envidia y del prejuicio les son propicias.

 

Y esto aclarado voy al meollo de esta epístola que no es otro más que apoyar qué: “hay que trabajar por y para la Luz por nuestro propio bien”.

 

Cuando uno se decide a hacer tal cosa, ¡es increíble la ayuda que nos prestan los Cielos para hacerlo!  Y lo hacen por varias razones, pero las principales son tres.  La primera, por supuesto, para que podamos hablar con propiedad de Cosas de tal trascendencia.  La segunda, para que uno, mientras enseña, pueda también crecer a la vez que lo hace.  Y la tercera y más importante, para que nunca se deje corto al Señor de toda Gloria con aquello que queramos exponer.

 

Como en ningún momento debemos fiarnos de nosotros mismos (según nos dicen los Santos más relevantes), por aquello de que el “maligno” puede vestirse de Ángel de Luz y llevarnos por camino errado, yo siempre voy a las fuentes de todo conocimiento, a saber, los libros que nos han traído hasta aquí el Conocimiento sobre la Divinidad.  No sólo la Biblia, y de todas las que yo poseo una es mi preferida, La Nueva Biblia de Jerusalén, por la simple razón de que contiene todas las traducciones de los documentos de Qumrán, pero además cuento con una media docena de obras que van conmigo allá a donde se me ocurra ir, y soy capaz de sacrificar espacio en mis maletas para cosas vitales, con tal de arrastrar estos mamotretos hasta el fin del mundo.

 

Para beneficio del ávido lector mencionaré unos cuantos: La Nube del No Saber (compilación de varios autores).  El Libro de la Oración y Meditación, de Fr. Luis de Granada.  Las Obras completas de Sta. Teresa de Jesús.  Las Obras completas de San Juan de la Cruz.  El Camino de un Peregrino Ruso (maravilla escrita por un autor anónimo), y los dos que ya he mencionado anteriormente, La Filocalia, y El Tercer Abecedario Espiritual.

 

Estos son mis manuales para atentar “asaltar” el Cielo, y como a eso vamos, sigo con mis cucarachas, pues es un tema importante, aunque nos parezca repugnante.  Y si nos parece repugnante, dejadme preguntar aquí: ¿Cuánto más repugnante será ver que todas esas criaturas pueden estar contenidas en nuestra propia esencia?

 

Así es, y sólo cuando acercamos la mencionada cerilla, la Chispa de la Sabiduría, sólo entonces somos capaces de descubrir el nido de infestación que somos capaces de contener en nosotros mismos.  Es por ello que la Iglesia antigua nos alentaba a hacer algo que ya cayó en desuso, lo que se llamaba: “Examen de Conciencia”.

 

¡Oh, paseé!, me vais a decir.  Pero os aseguro que no lo es, pues a menos que nos estudiemos profunda y desapasionadamente, como si estuviéramos juzgando a un extraño, no sacaremos nada en claro de lo que se encierra en lo más profundo de nuestro corazón.

 

Por años me tuvo viendo visiones el hecho de que, no importaba cuantas veces me confesaba del mismo pecado, ni cuantas veces se me indultaba del delito ya expuesto, yo seguía sintiéndome culpable.  Le preguntaba a mi Señor cuantas veces más tendría que ir a contarle a un extraño (pues cambiaba de cura para que no me dijeran que ya conocían el cuento) de tantos como yo les llamo, “pecadillos mezquinos”, para poder notar esa sensación que los místicos explican de “total bienestar espiritual”.  Esto, hasta que un día mi Dueño decidió aliviarme del agobio y revelarme el sistema.  Y es que hay un sistema,  uno que es tan elemental, que pocos de nosotros lo dilucidamos a no ser que, Quien puede, nos inspire a ello.

 

Se trata simplemente de recordar a alguien en nuestra vida (uno por uno todos los que conocimos), ver lo que fue preponderante en nuestra relación con esa persona y como si fuera una película pasar el film de todas las experiencias mutuas.  ¡Jíjole!, como dirían mis amigos mexicanos, la de bichejos que saltan a la luz de este escrutinio íntimo; pero ahí es donde entra el Espíritu de toda Bondad a ayudarte a librarnos tanta pestilencia. 

 

Vais a ver que en algunos casos no una, sino docenas de veces, hay que volver atrás y perdonarse, o perdonar... y que las lágrimas, verdaderamente, son aguas limpiadoras, equivalente a los “baños en la piscina de  Siloé”, o a la purificación que el rey Ezequias llevó a cabo por medio de la aguas del torrente Cedrón, a donde tiró las porquerías encontradas en el Templo de Dios, para lavarlas.  Son los baños de agua de Aarón y sus hijos (Ex 29:4), o como

el beber las aguas amargas (Num 5:19), sobre todo estas.  Y también es como dijo David en su Salmo 51:4: “Señor, lávame a fondo de mi culpa, purifícame de mi pecado pues está siempre frente a mí”.

 

Y así es, pues a menos que uno purifique a fondo la falta... siempre va a estar frente a nuestro ojo.  Por ello es que yo no podía verme  limpia de mis errores por más que los confesara, y por ello dudaba del poder del sacerdote para absolverme... pero era porque YO no me absolvía ni absolvía, ¡qué es lo qué cuenta! 

 

Entonces hay que poner una antorcha ante el nido de miserias, y dejar que éstas corran asustadas de su madriguera para que tengamos la posibilidad de limpiar los cobijos más  remotos y así mostrarnos más blancos que la leche.  Con ello conseguiremos llegar a contener toda la Luz que el Cielo nos quiera regalar, y aquí hemos de recordar siempre que sólo el fuego puede contener el fuego, y que para experimentar al Espíritu de toda Pureza... hay que dejarle qué nos vuelva a Sí, ¡de Fuego!

 

¡Bendiciones!

 

Alba

 

 

 

En 1782 fue publicada por primera vez en Venecia, gracias al mecenazgo de Juan Mavrogordato, príncipe rumano la recopilación de la Filocalia, en la cual han colaborado Nicodemo el Hagiorita, monje del Monte Athos (1749-1809) y el obispo Macario de Corinto (1731-1805). Se trataba de un voluminoso in-folio de XVI-1207 páginas, divididas en dos columnas. Su nombre retornaba aquel ya dado por Basilio Magno y Gregorio Nazianzeno a una colección de pasajes de Orígenes por ellos elegidos.  (Este es el mismo Orígenes a quien la ortodoxia iba a detractar más tarde)

La Filocalia es uno de los muchos textos o conjunto de obras patrísticas, de las cuales se ocupó Nicodemo, justamente en su ansia por poner al alcance de todos, los grandes textos de los Padres.

 

-Y vamos a las Enseñanzas.  Dice San Antonio el Grande:

“Sucede que a los hombres se los llama, impropiamente, razonables. Sin embargo, no son razonables aquellos que han estudiado los discursos y los libros de los sabios de un tiempo; pero aquellos que tienen un alma razonable, y que están en condiciones de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, aquellos que huyen de todo lo que es maldad y que daña el alma, mientras que se adhieren solícitamente a poner en práctica todo lo que es bueno y útil al alma, y hacen todo esto con mucha gratitud respecto de Dios, solamente estos últimos pueden ser llamados, en verdad, hombres razonables.

El hombre verdaderamente razonable tiene un solo deseo: creer en Dios y agradarle en todo. En función de esto -y solamente de esto- formará su alma, de modo que sea del agrado de Dios, dándole gracias por el modo admirable con que su providencia gobierna todas las cosas, incluso los eventos fortuitos de la vida.”

 

-Nuestro “Atleta”, como el Padre George Maloney (gran contemplativo) llama a estos Padres del Desierto y a los Padres Hesicastas (siguiendo a Hesequio), nos indica claramente que sólo cuando queremos trabajar para la mayor Gloria de Dios nuestros actos van a hacernos llegar a alcanzar cierto estado de razonamiento.

 

 “El hombre razonable, al meditar sobre cómo debe actuar, evalúa lo que le conviene y lo beneficia, y ve cómo algunas cosas son buenas para su alma y la mejoran, mientras que otras le son extrañas.”

-¿Qué es bueno para nuestra alma?  Indudablemente, si nos consideramos creyentes, lo mejor para nuestra alma es Dios mismo, y de cómo llegar a este Bien es de lo que tratamos.  Pero aquí quiero recordar una famosa frase que dice:  Si tan sólo somos buenos por temor al posible castigo, o por esperar los premios prometidos, realmente somos un desdichado lote”.  Estas palabras fueron pronunciadas por Albert Einstein quien, aún siendo Panteísta, pudo echarle un serio vistazo a lo Inmensurable.

-San Simeón el Nuevo teólogo recalca en su párrafo 170:

“Hay una muerte que precede a la muerte física y a la resurrección de las almas que antecede a la resurrección de los cuerpos”... y sigue:  Y uno despierta del sueño, y conoce al verdadero Dios que lo ha resucitado”.

-San Pablo en sus epístolas habla ampliamente de este “Sueño Espiritual”, al que también alude con mucha claridad Sta. Teresa de Jesús.  Dice San Pablo en 1 Corintios 15:43: 

“Lo que es izado es imperecedero; lo que se sembró es molesto, pero lo resucitado es glorioso, lo que es resucitado es poderoso, lo que es resucitado es un cuerpo espiritual!

Y en su carta a los Efesios, 4:14, explica:

“Y cualquier cosa iluminada es Luz ella misma, así se dice: 

Despierta, tú que duermes,

Levanta de entre los muertos

Y Cristo brillará en ti.

-Y añade en Hebreos 11:35

“Muchos, tras haber muerto, volvieron a sus esposas por resurrección”.

 

-¿Impresionante?  ¡Por su puesto!  Acabamos de ser introducidos a conocimientos que se han mantenido ocultos por muchos siglos.  Conocimientos que eran bien públicos entre aquellos que más se acercaron a Dios, y quisieron repartirlos entre todos los que no sabían cómo allegarse a la Fuente para calmar su genuina sed.

Y de los Padres Hesicastas saco una última frase, por hoy, para su ponderación:  Calixto e Ignacio, 95.

“Tras de la muerte se mantuvieron incorruptos y llevaron a cabo signos y milagros”.

 

¡Bendiciones!

  Alba

      Clara*

 

 

A Dios no se le demuestra.

 

¿Cómo podemos explicar lo inefable?  La misma palabra lo dice (según el diccionario), “no tiene explicación”, y Dios... es INEFABLE.

 

A un ciego de nacimiento no puedes darle a comprender cómo es la Luz.  Comprenderá perfectamente cómo es la oscuridad, porque la mira constantemente, pero a la Luz... jamás la vio y lo que uno no ve, uno no lo imagina. 

En cambio sueñan con la Luz, y dicen que es lo qué ellos creen que debe ser blanco.

Por esta “regla de tres” los científicos ya aceptan que lo qué vemos en sueños, aunque nunca lo contempláramos con los dos ojos de la cara, son memorias akásikas, de otros tiempos; de otra forma no se explican cómo podrían formarse esas imágenes en nuestras mentes.  Tenemos otra prueba en los sentimientos de “dejá vu”.  Entramos en un sito nuevo y nos decimos: “¡Yo ya estuve aquí, esto lo conozco!”  Increíble, ¿no? 

 

Y a Dios, o Sus manifestaciones, seguimos sin poder explicarlo, demostrar o catalogarlo, porque es INEFABLE.  Aunque le miráramos a la Cara, lo que no es posible para un simple mortal pues sucumbiríamos ante Su gran Potencia (como no podemos acercarnos al sol sin ser incinerados, evaporados), pero si pudiéramos, no seríamos capaces de poner en simples palabras tanta magnificencia. 

Moisés vio Su Espalda, y bajó del Monte Oreb teniendo que ponerse un velo ante la cara, pues el brillo que emanaba cegaba a sus gentes.

 

Pero lo que sí podemos hacer, con algo de esfuerzo por nuestra parte, es...

Experimentar a Dios.

 

Nos dicen todos los grandes místicos que esto es factible, y voy a comenzar con pequeños pasos en este terreno que, ¡es tan amplio qué marea!, así no nos perderemos.  También recurriremos a medios como la Alquimia (la auténtica), Escritos de los Santos y sobre todo, a la Biblia, fuente de todo saber.

 

Empezaré con palabras de Francisco de Osuna, sacerdote Cartujo del 1400 que escribió “El Tercer Abecedario Espiritual”  Esta obra de transcendencia fundamental fue la guía para Sta. Teresa de Jesús (mi admirada Teresa de Ávila) y como a ella, a mí este libro me abrió puertas insospechadas a la espiritualidad. Dice el santo hombre:

 

“La amistad y comunicación de Dios es posible en esta vida y destierro; no así pequeña, sino más estrecha y segura que jamás fue entre hermanos ni  entre madre e hijo.”  Y sigue:  hablo de la comunicación que buscan y hallan las personas que trabajan de llegar a la oración y devoción, la cual es tan cierta, que no hay cosa más cierta en el mundo, ni más gozosa, ni de mayor valor ni precio.”

Y termina: “Conozco, sin duda, que los justos tienen paraíso en esta vida y en la otra así como los pecadores, si miras en ello, tienen infierno en esta vida y en la otra.”  (los énfasis son míos)

 

¿Qué nos dicen estas palabras?  A mí me dicen “¡Alégrate! –como en el Evangelio- porque Dios ha hecho posible que le EXPERIMENTEMOS, que nos vistamos de Su Gloria Inefable y degustemos Bocado tan delicioso y caro.

“¡Ah!”, me diréis, “¿y cómo llevar a cabo tal proeza?” 

Proeza es pues los mismos alquimistas dicen que es trabajo de Titanes, pero yo tengo una llave... ¡no os riáis!, es llave que abre puertas, y viene en forma de palabras salidas de la misma boca de nuestro Señor:  Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá (Mateo7:7. Marcos 11:24. Lucas 18:1 Juan 14:13.)”

Y Santiago nos dice en su epístola: “¡No recibís porque no pedís! (Santiago 4:3)”

Pero ojito, estamos hablando aquí de alcanzar el Cielo en la tierra, ¡no de comprar el billete de lotería ganador con el primer premio!

 

Así que vamos a comenzar por ejercitarnos en el primer paso a dar en esta aventura que nos adentra en el Camino al Cielo.  Lo primero a hacer para poder llegar a experimentar a Dios hemos de meternos en la cabeza que si pedimos... se nos dará... 

 

En espiritualidad pedir es orar, en gramática orar es hablar... y en el corazón... hablarle a Dios es conseguir hacerse íntimo con Él y esto... nos lleva a amarle. Cuando le amamos, Él mismo se nos entrega, y si tal ocurre... ¡le EXPERIMENTAMOS!

 

¡Bendiciones!

 

Por si queréis descargar El Tercer Abecedario Espiritual, os paso la dirección webb, y creedme, es un regalo del cielo pues no se encuentra en Español:  http://www.microbookstudio.com/osuna.htm